

Los orígenes de la alianza terapéutica: Christopher Bollas
Autor: Aura Sylvia Lorenzo Valdés
Introducción
Para Christopher Bollas, la persona que va a iniciar un psicoanálisis se encuentra ansiosa ante esta tarea, pero llama la atención, que ya estando ahí, lo toma de una forma natural, es decir habla de acuerdo a su asociación libre y acepta al analista como alguien que escucha con una atención suspendida o flotante.
Para Bollas la alianza terapéutica es reconocida como una división dentro del analizando en:
a) Un parte de niño intensa, soñante, ilógica, angustiada.
b) Una parte que no es absorbida completamente por las realidades privadas internas, un observador que coopera con el analista que sirve a estos estados intensos con capacidad de demora, con insight, y a menudo con conocimiento.
Entones el analizado parece entender que el análisis funciona si se somete al proceso el cual sostiene sus asociaciones libres, dejando el control de su narración, sintiendo que ésta llega a ser parte de una especie de sujeto dentro de un proceso guiado por una inteligencia de "otro" quizá inconscientemente familiar.
1. Antecedentes de la alianza terapéutica
El feto ha estado dentro de la madre, el niño dentro de un mundo grandemente manejado por la madre, y el niño dentro de la lógica de una estructura familiar, es decir que en algún punto los bebes sienten que alguna inteligencia organizativa externa (que para el feto podría ser el espíritu del trabajo biológico del útero) a la cual están aliados, y tienen una capacidad limitada de conocimiento. Pero ellos están sometidos a este proceso.
En otras palabras el bebé sabe que está dentro de un proceso humano, a lo que Winnicott llamó "un ambiente que lo acoge", que lo contiene y que los cambios que se promueven en los estados psicosomáticos por este "otro", contribuyen al sentido de una situación transformacional, una que recurrentemente altera la experiencia del self del sujeto. Después la presencia transformativa del padre, también le hace consciente de que está en una particular familia, lo que lleva al descubrimiento de que el destino de uno es estar dentro de algo complejo.
2. ¿Cómo percibe el analizando la alianza terapéutica
El analizado percibe de forma inconsciente, la alianza en el tratamiento como un derivado de alianzas tempranas que lo regresan a la formación de ser: de un sentido fetal dentro de la inteligencia uterina, al sentido incrementado en la infancia que está dentro de un contenedor que está vivo, psíquicamente (en el sentido de determinación inconsciente) y en el sentido de importancia consiguiente. Variando en grados, esta experiencia de estar adentro de un proceso, es transferido al espacio clínico y así el paciente reconstruye su experiencia de ser contenido por el cuerpo y la psique de otro.
3. ¿Con qué o quién se alía el paciente en el tratamiento?
La gente se alía con el proceso del análisis, no simplemente con la persona del analista. Las dos alianzas no son las mismas, si el paciente va regularmente, se acuesta en el diván, asocia libremente y se expresa así mismo en la transferencia, está aliado al procedimiento analítico. El cómo cada paciente usa de forma particular este proceso dependerá de sus alianzas psíquicas con los contenedores como el útero la madre, el padre, y la mente en sí misma. Naturalmente, el cómo el analizado usa o se relaciona con la persona del analista, es diferente (diferenciando el proceso en el cual ambos están participando).
Si el paciente usa el proceso analítico para eliminar las interpretaciones del analista, por ejemplo, o abandona la participación en el método analítico y se relaciona más con la persona del analista, él está trasmitiendo un gran problema acerca de sus alianzas previas.
Una parte de cualquier alianza terapéutica, es un reconocimiento y uso mutuo tanto del paciente como del analista del proceso analítico, que precede el contener y que sobrevivirá cualquier pareja analítica especifica, lo cual está implícito y presente como un tercer objeto.
El analizado y el analista son parte de algo lo cual en cierta forma los guía en la forma más paradójica. Para trabajar juntos ellos deben abandonarse también mutuamente:
a) El analizado debe abandonar su conducta social habitual y perderse a sí mismo en un método el cual llega a ser un nuevo significado de la expresión de su self.
b) El analista tiene la obligación de abandonar su deseo de ser útil, declinar los requerimientos del paciente para el remedio terapéutico inmediato, y sumergirse a sí mismo en una actitud receptiva, abriéndose a las comunicaciones inconscientes del paciente, y recibir el mundo interno de su analizado.
Para Bollas, el paciente aprecia y toma en cuenta que la alianza del analista al método debe ser previo a la relación experiencial con el analista con el paciente (transferencia y contratransferencia), el analizado sabe que cada uno debe entrar en el proceso para poder formar cualquier alianza que eventualmente probará ser terapéutica.
4. El uso de la relación analítica
Cuando Freud dividió a pareja analítica en dos:
a) La que asocia libremente y reporta sueños y
b) La parte que permanece como suspendida y entonces interpreta
Astutamente explotó la división común entre estados subjetivos y objetivos, oscilando entre más o menos interpretaciones profundamente subjetivas de la realidad y más o menos reflexiones objetivas sobre estados subjetivos previos.
A menudo perdidos en nuestros pensamientos, quizá en un sueño diurno, o sólo ambulando a través de sensaciones preconscientes de partes de ideas, partes de memorias, partes de representaciones instintuales, en nosotros emerge el pensar más claramente, de forma incisiva o sistemática, antes de que regresemos a estados más subjetivos del self. Esta oscilación recurrente entre dos posiciones mentales (subjetiva y objetiva) es esencial para procesar los episodios de la vida y un estado propio conceptual de lo asuntos. El reconocimiento de esta necesidad contribuye a la comprensión inconsciente del analizado y al uso de la relación analítica ubicada en la vida intrapsíquica dentro del espacio interpersonal; así el analista podría eventualmente afectar la naturaleza de la estructura psíquica del paciente.
Esta oscilación entre le self inmerso en su complejidad (asociaciones y proyecciones) y un self más reflexivo, subsecuentemente objetivando esos estados (disociaciones y reflexiones), es también la estructura interna del discurso: la escisión en la que estamos entre el que habla (el yo) y al que se dirige (el tú). Nosotros a menudo empleamos esta escisión retórica para mediar entre derivados inconscientes y las percepciones. Cuando el analizado habla libremente, no sólo lo hace a un objeto histórico, desde la transferencia, sino al otro retórico: el tú que nunca contesta (sólo el yo habla en un discurso interno). El silencio del analista se alía con el tú retórico del discurso intrapsíquico, y contribuye al reconocimiento inconsciente de la naturaleza de la pareja analítica.
Hay alianzas proféticas entre el self en el sueño y el que sueña, entre el yo y el tú del discurso interno, y entre el yo y el mundo de objetos reportados, que sirven como precedentes estructurales para la relación psicoanalítica. Para pensar la realidad psíquica, uno de los personajes en la escisión tiene que ser el self simple abandonando el enfocarse al otro compañero. La alianza de trabajo reconoce la necesidad de disminuir episodios conscientes con el interés de incrementar las representaciones inconscientes (en los sueños) ensoñación, ideas preambulatorias y procesos creativos) tanto como la necesidad para igualmente, recurrir a los momentos de la observación reflexiva, el escrutinio y el análisis.
El contrato esencial interno, un rasgo común de la vida mental, es la disminución de la labor construida por los roles separados del analista (reflexivo, observante, escrutinizante, analizante) y el paciente (soñante, ensoñante, asociando libremente, ideando. El sujeto es llamado a pensar acerca de su vida porque es confrontado en el misterio de ésta.
Ahora el misterio significa algo inexplicado, no sabido, o cualquier cosa o evento que permanece tan secreto u obscuro como una curiosidad excitante. Un niño vive dentro de un mundo substancialmente más allá de la comprensión de los más profundos misterios, y esto es porque su novedad, lo que no conoce de sí, lo invita a lo que Klein enfatiza como un instinto epistemofílico, una motivación a saber.
Este motivo es una parte esencial del encuentro de uno de los misterios de la vida, del misterio común recurrente espectáculo en los sueños, al secreto del mundo interno, a los enigmas del universo y el mundo físico que inspira la curiosidad científica y el trabajo. La explicación teológica de este mundo de nosotros, y nuestro lugar en él, es un esfuerzo esencial para pensar acerca de las complejidades de la vida, pero es una visión prematura apoyada ahora por una confianza débil, que testifica la tensión de tratar de saber más de lo que uno sabe.
Los pacientes y los analistas entran dentro de una alianza que apunta a examinar y cambiar los contenidos patológicos a través del trabajo interpretativo del analista y la función contenedora y en hacer alterar la estructura psíquica en sí misma.
5. El Impulso de romper la alianza terapéutica
Algunos que tienen un beneficio significativo de este proceso, instituyen un tipo de reacción negativa, la cual parece se crea para destruir la alianza. Un paciente por ejemplo repetía cada palabra que yo pronunciaba en una sesión. Muchos intentos para cambiar, demandando saber lo que el analista realmente pensaba, no lo que él decía que pensaba.
Hay algo común, esencial acerca de este desafío de la alianza. Dejando como un ejemplo comparativo, en nuestro sistema maternal de cuidado, el tú que recibe el discurso del yo. Hay una curiosidad natural a saber lo que dirige la totalidad. El niño y el soñador ¿de dónde vienen?
El self en la experiencia se pregunta: ¿Quién organiza y genera todas estas experiencias diferentes que yo estoy teniendo? ¿Cómo puedo cambiar la rueda que lleva mi vida? ¿Se necesita crear otra mano para mover esta mano que no se mueve por mí? ¿Quién debe estar ahí para contestar estas preguntas?
Entonces un día en la civilización occidental apareció el psicoanálisis, defensor y guardián de un proceso que evocaba algunos de estos misterios de la vida humana ¿Sabía él que la estructura del proceso analítico podía evocar la transferencia de tantas diferentes e interconectadas alianzas del feto dentro del útero, el infante dentro del mundo maternal, el niño dentro de la ley del padre, el niño dentro de la complejidad familiar, al self dentro del sueño, ubicarse dentro de las texturas de la apertura del yo? ¿Sabía que él sabía la extensión y el rango de lo que obtiene con la creación del espacio analítico?
Una respuesta a esto podría ser que, del sorprendente efecto evocativo de la estructura del psicoanálisis, muchos analizados, dentro de un juego misterioso, ven el secreto de su inteligencia, como el niño ve el conocimiento del inconsciente de su madre, el soñador, al otro quien lo sueña, el self la unidad fuente de la experiencia del self. Una forma de transferencia nóumenal. El sujeto insiste más allá de romper los derivados para encontrar lo real o la cosa en sí misma. Esto es lo que destruye el trabajo de la alianza intrapsíquica que opera a través de una ilusión en la que el mundo que imaginamos es el único real, aunque nosotros alimentamos las fuerzas de la realidad psíquica que continuamente lo transforman. En vez de que la transferencia como un contenido mental de la persona psíquica del analista, la transferencia nóumenal, carga una demanda epistemofílica a la inteligencia que se supone está informada del proceso analítico. Desde esta demanda las respuestas acerca de la naturaleza verdadera de la realidad son significadas para que emerja un reverso de la capacidad negativa: una insistencia intencionada de evidencia para creer.
El analizando que desafía la alianza de trabajo, quizá enfatice una transferencia nóumenal, tal como él desafía la ilusión en orden de ver lo real: al analista real, la inteligencia real asumida para estar ahí en un lugar, guiando los movimientos del análisis. El análisis de la escena destructiva, paranoica deriva de la necesidad de que en la alianza de trabajo se dé un reconocimiento de lo que el analizado observa en lo real.
Los analizados entran en shock para encontrar a sus analistas en la calle, una sorpresa derivada de el sentimiento de que el sólo tiene la visión de cómo es realmente el analista funcionando en el mundo real. Sin embargo está en el camino de lo traumático como el irrumpir en el campo de los objetos culturalmente dotados.
Para llegar al final del análisis, sólo como una aproximación al final de la vida, saber mucho más acerca de nosotros mismos, poseídas por nuevas y valiosas visiones, pero sintiendo todavía que la vida es profundamente misteriosa, puede ser duro.
¿Los analizados rompen la alianza para preguntar quién realmente pone en marcha el espectáculo? El hecho de que no hay nadie, de que esto sólo es, y que sólo somos, quizá lleve a muchos a rebatir la cura del proceso del análisis, para apuntar a ver a través de la persona del analista.
6. La transformación del analizando
Por otro lado los analizados han estado en presencia de "el otro como proceso" formados y transformados por los silencios del analista, las percepciones, imaginaciones, construcciones, interpretaciones y compromisos vocales, todo reflejando una respuesta formal inconsciente para el movimiento del carácter del paciente como esto es usado y formado por el analista.
El paciente sentirá entonces que ha tenido un encuentro con lo real con el analista, como una forma de inteligencia y que su propio inconsciente opera esta inteligencia. De inconsciente a inconsciente un encuentro noumenal-noumenal, un encuentro con dos lógicas inmateriales se operan una a la otra. En esta lógica interna que nos guía, hemos usado un significado más alto, al construir una teoría de Dios, de la cual encontramos el origen. Y la inteligencia dentro de nosotros internamente nos guía, parece una conexión de alma con alma. Esto es un encuentro paradójico. Tan profundo y todavía tan imposible de describir.
7. La soledad esencial generativa
Winnicott escribió acerca de un área de soledad esencial, una parte de la inevitable y necesaria soledad de cualquier self. Esta soledad, no es equivalente a aislamiento o desolación, es generativa, precisamente porque su existencia fue sobrescrita por la presencia del otro, un estado complejo para ser leído de muchas formas. Esta capacidad de estar con el propio ser sin entrometerse más allá por la necesidad de relacionarse, también designa la llegada de la capacidad del ser un self independiente de, y en diferencia con, la misma presencia del otro.
Cuando Freud les pidió a sus pacientes la asociación libre en la presencia del analista y no ser hostigado por una noción interna de qué era y qué no era material que valiera la pena, él estaba haciendo también un estado excepcionalmente complejo: estaba impulsando a la persona a hablar sin darle importancia a la presencia de una censura interna, pero simultáneamente sabiendo que la capacidad de hacer eso también dependía de la habilidad del paciente para olvidar los juicios anticipados del otro. Para hablar, el paciente tiene que olvidar la presencia del otro, pero irónicamente, esta capacidad negativa ocasionada acerca de la llegada del que habla en la acción de soledad.
Los psicoanalistas no han escrito debidamente acerca de la profundidad y de la soledad profundamente generativa, su paciente…y el psicoanálisis. Sé que no puedo describir el lugar donde trabajo, aún con los términos de una eventual atención suspendida o reverie o la actitud analítica, están afortunadamente ahí como significantes los cuales puedo usar pero ¿realmente designan la vida psíquica en este lugar?
El psicoanálisis se lleva a cabo entre dos personas y se siente como si viviera (yo el analista) la más profunda suspensión, un recoveco de mi vida privada.
Ésta, quizá sea otra forma de discutir el inconsciente, pero si es así, desearía localizarlo. Desde siempre, el encuentro con cada paciente me envía profundamente dentro de mi self, a un área de una soledad esencial, procesada por leyes sordas de una complejidad mental densa.
El analista y su paciente se encuentran en un estado de curiosidad autobiográfico, moviéndose entre dos historias, una que se privilegia (la del paciente) y la otra suspendida (el analista), en el interés de crear una ausencia generativa, así el paciente quizá se creé a sí mismo fuera de los dos materiales: su propio movimiento en el lenguaje, su viaje no sabido del material, de las ideas que van pasando del analista. El lugar donde vivimos, solos y todavía……en la presencia de el otro.
Guiados por una temporalidad que es tanto inmediata y todavía resiste el pasado, que es tanto infinitamente polisémica y ligada a los límites de la conciencia y la cultura, que no puede ser compartida con el otro, aun así necesita de la presencia del otro para prosperar.
Solos y todavía activas, este pesadas redes de interconexión se mantienen a pesar de todo, esto catectiza a los objetos, los significa, moviliza las intensidades psíquicas, demanda y obtiene sueños, y aguanta al sujeto a través de los objetos presentados día a día. En la sala de consulta, menos estimulante que la vida normal, y todavía más profundamente presentido a este mundo interno, el analizando se encuentra a sí mismo dejando una ilusión: que aquí, hasta el final, es capaz de hablar desde este lugar interno. De aquí hasta el final es capaz de dar voz a este impulso densamente complejo. El analista comparte esa ilusión.
Pero una ilusión, no un engaño. El cómo profundamente se mueve, una ironía es que ambos saben que el análisis no provee el lugar de representación, de este compartir profundo interno y todavía cada uno cree eso. Es un hermoso desafío de lo posible en psicoanálisis, un desafío que es más que ganar, pero este desafío permite a ambos participantes un sentido profundo de desarrollo que ellos están viniendo más cerca y cerca a las verdades que la vida informa.
Otro componente es la neutralidad en el psicoanálisis.
Blanchot reconoce que hay una imposibilidad de comunicar nuestra experiencia, el discurso intenta cruzar la división intrínseca entre el self y el otro y reafirma la diferencia fundamental entre dos personas.
Hay una cosa extraña entre la gente. Una interrupción que escapa a toda medida, una separación infinita, que es el resultado de esa diferencia entre dos personas. Yo no puedo conocer al otro, dice Blanchot. No puedo saber su experiencia interna del self, lo que constituye una presencia psíquica en todas nuestras vidas, a lo que Blanchot denomina "lo neutral". El otro, o el él, es "la tercera persona".
La relación neutral, una relación sin relación, le da al hombre en todo a su extrañeza de sí mismo, y constituye lo no sabido en su distancia infinita.
Cuando Freud creó la neutralidad ¿reconoció implícitamente en ella la presencia inmediata de lo incognoscible? ¿Era el discurso del paciente, una parte de la realización última que la comunicación reconoció la imposibilidad de sí misma, en la medida de un discurso tanto transmitir un contenido mental aún?
Podemos preguntarnos si la creación de la neutralidad lleva la verdad curiosa de la imposibilidad de transferir la experiencia analítica del self al self-otra relación. En el campo de lo interpersonal, nosotros habríamos de encontrar un lugar para la neutralidad como una representación de un rasgo esencial de todas las relaciones humanas: que el otro está más allá de escuchar y conocer- hablado, pero imposible de oír desde. La neutralidad es entonces una parte indispensable del psicoanálisis. También interpersonal, una relación, uno que socializó la neutralidad y la desplazó, se negaría esta verdad.
Mientras no se niegue el elemento interpersonal o los contextos que confortan el vivir dentro de una interpretación, el paciente siente que el analista también reconoce el hecho indisputable de que el otro es ultimadamente más allá del conocer. Esto que opera a lo largo y todavía fuera de la pareja, en la solitaria privacidad de estos individuos separados. El psicoanálisis no falla en representar este movimiento separado, uno que vive dentro de las líneas, y lo ha reconocido siempre como el carácter del inconsciente. Para ser encontrado en Freud, tanto como indicó Lacan, está un sujeto que habla a nadie, ni siquiera a sí mismo, a pesar de esto, donde se habla es para ser hablado a través, interrumpido por este inconsciente que nos engancha como si expresara inconscientemente la realidad psíquica.
El silencio del analista, una particular forma de escucha, privilegiando a la palabra como un medio de un movimiento del sujeto, que lo sitúa de este lado de un psicoanálisis al lado y fuera de la contratransferencia: es un movimiento que opera a pesar de lo que el analista piense o crea. Recogido en un teatro inmenso imaginario con su paciente, el clínico quizá está bien en su forma de organizar una historia importante, toda la rueda se movió por factores mediados por el imaginario.
La asociación libre, por ejemplo, es independiente de una relación con el analista aunque se refiera a ella, y aunque esta exista sólo significativamente dentro de la proximidad de otro atento. La liga entre los significantes y la constelación de los significados, por lo tanto, opera acorde sus propias interconexiones fuera del campo imaginario que es sin embargo evocado. La respuesta interna subjetiva del analista es siempre contrapunteada por este movimiento interno de lo objetivo: la marcha de significados que dispensa las verdades psíquicas de las relaciones humanas.
Características importantes de psicoanálisis, están más allá de lo interpersonal. Nosotros no podemos conocer al otro o el significado de lo inmediato, pero esto presiona los hechos de la vida en un lugar honorario en un psicoanálisis a través de una cierta presentación de su naturaleza: lo inmediato le es dado un impacto en y a través de interjuegos de la asociación libre, el reverie analítico y lo no conocible de cualquiera, es apoyado por la función de lo neutral.
Bibliografía
Bollas, C. (1999). Origins of the Therapeutic Alliance. En: The Mystery of Things, capítulo 1. Christopher Bollas, ed. Routledge: London, pp- 1-14.
Algunos aspectos psicoanalíticos en la construcción de la identidad masculina
Autor: Daniela Morábito R.
Es a partir de los años setenta que los hombres comienzan a interrogarse sobre su identidad. Dice Mabel Burín, han puesto su identidad en crisis (Burín, 2000). Aparece la crisis de un eje constitutivo de la subjetividad masculina: el ejercicio del rol de género como proveedor económico dentro del contexto de la familia nuclear y sus efectos concomitantes, la pérdida de un área significativa de poder y las nuevas configuraciones en las relaciones entre los géneros.
Pero desde el punto de vista psicoanalítico, pareciera que una explicación de formación de la identidad masculina así como del desarrollo de la sexualidad del varón ha sido ya dada. Sin embargo, esta crisis ha hecho evidente que estas explicaciones han resultado insuficientes e insatisfactorias, por lo que los teóricos se han visto obligados a cuestionarse de nuevo el tema de la masculinidad y su construcción.
En primer lugar es importante distinguir entre el núcleo de la identidad de género que propone Money en 1982, la cual es la sensación de pertenencia a un sexo biológico que se establece en el primer año y medio de vida. Constituye una primera identificación masculina/femenina, la cual es previa en el desarrollo infantil al descubrimiento de la diferencia entre los sexos. Y por otro lado la identidad de género, una sensación más compleja y ambigua que se construye a partir de las identificaciones con cada padre y se reelabora durante toda la vida en el individuo. (Bleichmar, 2006).
Desde el punto de vista de la construcción de la identidad de género, muchos estudios indican que el niño estaría más propenso a marcar diferencias durante la mayor parte de su vida, alejándose del lugar de origen, su madre. Su subjetividad se construirá oponiéndose a su madre, a su feminidad a su condición de bebé pasivo. Luis Bonino Méndez afirma que para que éste afiance su identidad masculina, ésta deberá apuntalarse en tres pilares: que no es una mujer, que no es un bebé y que no es un homosexual. (en Bleichmar, 2006)
Ralph Greenson (1964) afirma que intervienen cuatro factores en la formación de la identidad de género:
a) la conciencia de las estructuras anatómicas y fisiológicas en uno mismo, principalmente la cara y los genitales.
b) la asignación a un género específico, realizada por los padres y otras figuras sociales importantes de acuerdo con las estructuras sexuales evidentes.
c) una fuerza biológica presente desde el nacimiento.
Este autor prueba esto al observar en su experiencia clínica cómo algunos niños se comportaban de manera masculina a pesar de no tener pene, ya que fueron tratados como niños por sus padres.
Pero en el caso del varón existe otro factor. Michael Diamond (2004) explica que antes de que el niño desee tener a la madre, él desea ser ella o al menos estar con lo que ella provee (madre nutricia). De aquí que la relación preedípica del niño con su madre y el actual involucramiento del padre en el ambiente triádico temprano son ahora vistos como cruciales para el entendimiento de la identidad de género masculina. Diamond hace énfasis en cómo la masculinidad se forja desde los deseos más tempranos del niño de ser tanto su madre como su padre, y cómo estas identificaciones tempranas requieren de adaptaciones y acomodaciones a lo largo de toda la vida. Afirma que el ideal del yo con respecto a su género, el sentido de su masculinidad, así como las ambigüedades de su género están siendo continuamente reelaboradas a lo largo de la vida.
Ralph Greenson y Robert Stoller formularon la hipótesis de la desidentificación, la cual dice que para que el niño obtenga un sano sentido de su masculinidad, debe reemplazar el objeto primario de identificación, la madre, para identificarse con el padre. (Greenson, 1968) Explican que esto constituye un problema, ya que el niño debe renunciar al placer, la seguridad y la cercanía una identificación con el menos accesible padre. Greenson menciona que este proceso ocurre en la lucha del niño por liberarse de la fusión simbiótica temprana con la madre y juega un papel en el desarrollo de su capacidad para la separación-individuación.
La separación del niño del mundo de la madre es complejo, ya que involucra la interacción de factores biológicos y psicosociales. Esto se hace evidente cuando, por ejemplo, los niños de alrededor de 3 años viven una alteración psicofisiológica temporal originada por la maduración del cuerpo que trae nuevas e intensas sensaciones genitales. La llegada de la sexualidad es disruptiva, en parte porque también representa la pérdida de la inocencia en la relación del niño con su madre. La madre como "objeto de confort" se convierte en la madre como "objeto sexual" y esta pérdida es generadora de considerable conflicto intrapsíquico, de elaboración y de defensa. (Diamond, 2004)
Bajo condiciones "suficientemente buenas", la retirada del niño de su madre es transicional. Esto ayuda al niño a diferenciarse y separarse de su primer objeto externo. Pero esto no es lo mismo que desidentificarse de su objeto materno interno. De hecho, la experiencia de pérdida del niño facilita la internalización de aspectos clave de la relación con su madre. Un seguro sentido de identidad masculina de un niño se desarrolla a partir de la cualidad del apego que el niño tuvo con su madre. Los teóricos del apego se refieren a esto como apego-individuación más que separación-individuación.
Greenson (1968) sostiene que es necesario gratificar cada fase del desarrollo del niño para asegurar su futura maduración, por lo que le parece vital satisfacer la temprana necesidad del niño de identificarse con su madre ya que éste tendrá mayores recursos para más tarde dar mejor este paso de identificarse con el padre.
Diamond (2006) sugiere que en formas más sanas del desarrollo temprano de la identidad de género, tiene lugar una diferenciación progresiva más que el predominio de una oposición, permitiendo así que la masculinidad se funde sobre una identificación recíproca con un padre disponible, una madre capaz de reconocer y afirmar la masculinidad de su hijo y una pareja parental que, unida, logra reconocer y amar a su hijo.
Sin embargo, algunos teóricos como Fast (1990) y Abelin (1971) explican que una temprana triangulación patológica se pone en juego por:
1) madres severamente incapaces de reconocer las necesidades de individuación de sus hijos
2) padres débiles y poco disponibles o misóginos
3) una pareja parental tendiente a la escisión
4) la propia constitución biológica del niño y su temperamento. (Bleichmar, 2006)
Bajo estas circunstancias la identidad de género toma la cualidad de conflicto y lucha, poniéndose en acción defensas como la negación y renegación de las identificaciones maternas, haciendo que el niño expulse de la consciencia identificaciones tempranas fundadas en relaciones triangulares más patológicas. Regularmente aparece lo que recientemente se ha llamado femifobia, un odio inconsciente de la parte del self que se experimenta como femenina. En otras palabras, el repudio del hombre de su parte femenina indica una falla en el desarrollo óptimo y es evidente en una organización defensivamente fálica que niega la posibilidad de una "capacidad procreativa y nutricia del varón". (Fast, 1984)
Diamond (2006) menciona que en el alejamiento del niño con respecto a su madre y en su sensación de pérdida, un padre preedípico disponible atempera la tendencia defensiva de su hijo para separarse de la madre, mientras que al mismo tiempo provee un foco convencional de identificación masculina. Este vínculo con el padre facilita la integración de las identificaciones maternas-femeninas de su hijo.
Pero, alrededor de los 3 años, el niño enfrenta otra pérdida en relación con la madre. Greenspan (1982) explica que la escisión pre-edípica ocurre y el niño siente que tiene dos madres, una pregenital y otra genital. Entonces el conflicto consiste en saber cuál es la madre que se desea, la sexual o la nutricia, situación que promueve la búsqueda de un refugio temporal. Una manera de lograr esto es poniendo el conflicto fuera de la relación madre-hijo y colocando al padre como el "segundo otro", y por lo tanto, alguien a quien culpar. El padre es acusado de romper la bendición de la ignorancia para convertirla en el pecado del conocimiento sexual. El padre es entonces requerido para aceptar esta potencialmente adaptativa proyección y proveer un sano objeto "genital" preedípico para la identificación. El niño pequeño, en un esfuerzo histérico por resolver este conflicto, busca un retorno a la madre a través de desexualizar tanto su propio self como a la madre. Bollas (en Greenspan, 1982) lo explica como la idealización de sus características no sexuales; convierte a la madre en una madre virgen y a su self en un pequeño y perfecto niño sexualmente inocente. Sin la presencia contenedora del padre para mantener al niño vinculado mentalmente a su madre, puede formarse una oposición entre amor y sexualidad que promueve la visión del niño de la sexualidad como una forma de separación del amor maternal.
A través de la relación del niño con un padre que admira, el niño es capaz de internalizar una imago paterna en la que los aspectos penetrantes y activos así como las cualidades receptivas y cuidadoras de la función paterna se vuelven la base de una sana y fluida identidad de género masculina.
Esta internalización en el niño de una sana imago paterna genital depende a su vez de la naturaleza de la relación entre el padre y la madre. El padre, al traer de regreso a su esposa en el contexto de su comprometida paternidad, protege la sexualidad e intimidad de su matrimonio mientras facilita los esfuerzos del hijo para diferenciarse de su objeto primario. El padre utiliza su masculinidad para fortalecer el vínculo con su esposa y ofrecer a su hijo un objeto de identificación capaz de localizar su masculinidad dentro de la matriz de una relación íntima.
Britton explica que de este modo, el padre ayuda a su hijo a reconocer el vínculo que une a sus padres estableciendo así un "espacio triangular". (Diamond, 2006) Al ser tanto un padre protector para su hijo como un buen amante para su esposa, ofrece a cada uno una relación diádica con él que es paralela a la diada madre-hijo.
Cuando el padre es incapaz de unirse con su esposa para facilitar la internalización de la realidad triádica de su hijo, la identificación del niño con su madre se vuelve problemática y afecta negativamente su identidad de género masculina. Esto se manifiesta en las reacciones más histéricas y perversas de algunos niños ante la posibilidad de separarse de su madre, renegando su propia sexualidad y la de la madre. Inconscientemente permanecen en la posición de un niño pequeño con su madre presexual. Estos niños presentan configuraciones defensivas basadas en la vergüenza, reflejando un tenue sentido de masculinidad.
Por otro lado, para que este proceso de desidentificación ocurra de manera adecuada es necesario que la madre permita al niño identificarse con su padre o sustituto (por ejemplo disfrutando y admirando genuinamente los aspectos y habilidades masculinos de su hijo). Parte de la motivación para identificarse con el padre surge del amor y respeto que la madre le tiene al padre, haciéndose fundamentales también los motivos que el padre le ofrece a su hijo para que pueda identificarse con él.
El reconocimiento y afirmación, por parte de la madre de la masculinidad de su hijo ayuda a éste a diferenciarse progresivamente de ella en lugar de establecer su sentido de masculinidad en una violenta oposición a su feminidad. Resulta fundamental la capacidad de la madre de acompañar y apoyar el viaje de su hijo hacia el mundo del padre, el mundo masculino. Es por este motivo que las dinámicas edípicas de la madre son cruciales, ya que ella debe ser capaz de modular sus propios impulsos competitivos que emergen durante este temprano período de triangulación. Un niño que es apoyado por su madre cuando se está alejando de ella, tiende a internalizar una particular identificación con ella –una que se opone a sus incursiones fálicos hacia su padre y el mundo externo. Así que el hijo se identifica con el sentido de su madre de que se está relacionando con una persona masculina, por lo que las identificaciones consecuentes afectarán continuamente su sentida masculinidad.
Como hemos visto, la presencia del padre del niño es fundamental en este proceso de desidentificación, pero lo es también la presencia del propio padre de la madre en la mente de ésta. La elaboración de la masculinidad de un niño es deficiente sin un objeto paterno interno firmemente establecido en el inconsciente de la madre. Debido a su segura identificación con su propio padre edípico, la madre es capaz de traer al padre fálico/genital a la relación triádica con su hijo. El padre inconsciente, o varón, en la madre (o en la analista mujer. (Diamond, 1998)
La habilidad del niño para desidentificarse de la madre determinará el éxito o fracaso de su posterior identificación con el padre. Greenson (1968) cree que son las dificultades inherentes en este paso adicional del desarrollo del niño, del cual las niñas están exentas, las responsables de ciertos problemas en la identidad de género de los varones, su sentido de pertenecer al sexo masculino. En este sentido, la personalidad y la conducta de la madre y el padre, así como los conflictos e identificaciones inconscientes de cada uno de ellos juegan un importante papel en el resultado de estos desarrollos.
El sentido de masculinidad del niño se ve fuertemente afectado por los sentimientos de su madre con respecto a su físico, su sensualidad y temperamento, así como su aprobación de la autoridad paterna. Los niños que carecen de este reconocimiento inconsciente e intersubjetivo de su masculinidad establecen una internalización altamente conflictiva de sus madres. Para estos niños, particularmente cuando sus padres son emocional o físicamente ausentes, la falicidad defensiva o narcisismo fálico se hacen psíquicamente urgentes. Al valorizar narcisísticamente al pene, tienden a emplear el falo como una defensa y compensan apoyándose en una patología narcisista que frecuentemente se manifiesta en una sexualidad perversa. (en Diamond, 2004)
Cuando estas identificaciones tempranas y problemáticas ocurren, se recurre a un yo ideal fálico y formas más severas de escisión de género para manejar ansiedades poco contenidas al darse cuenta que es sexualmente distinto a su madre. Así, esta pérdida ocurre cuando hay la conciencia de que no puede ser la madre ni tampoco pertenecer a su género femenino. Entonces el niño no sólo pierde una gran parte de su vínculo diádico sino también se siente presionado a repudiar lo que ha perdido. Y aquí entra la parte social en donde la valoración de ser independiente de la madre para no ser un maricón, que tiene mamitis, etc. lo obliga a conformarse. Debido a esta separación socialmente reforzada de la órbita materna, al niño pequeño se le prohíbe culturalmente saber o valorar esta pérdida y se le fuerza a negar la necesidad que tiene de su madre. Puede sentirse emocionalmente abandonado sin darse cuenta, al tiempo que experimenta la identificación con su madre como vergonzosa.
La pérdida traumática del niño de aquél paraíso de la temprana y gratificante relación con la madre lo dispone a crear una imagen fálica de sí mismo en relación con el mundo con el fin de recuperar el control del objeto ahora experimentado como separado de su yo. El falo representa parcialmente la pérdida del pecho mientras que el pene reemplaza el pecho como el órgano superior. El niño construye omnipotentemente la adaptativa y defensiva ilusión de la "supremacía de su propio equipamiento masculino" (Manninen, 1992) y el falo, inicialmente empleado para aminorar las ansiedades de diferenciación del niño, se convierte ahora en el símbolo de invulnerabilidad, con el cual el niño se defiende maniacamente de los peligros depresivos de un objeto materno demasiado separado pero aún necesitado. Es decir, el monismo fálico (la creencia de que el pene es el órgano sexual) viene a proteger cualquier reconocimiento de la falta o la deficiencia.
El falicismo bajo la forma de una imagen fálica hipermasculina de la virilidad se vuelve psíquicamente urgente para lograr la perdida cohesión psíquica. La conducta fálica es altamente compensatoria y constituye un fin narcisista en sí mismo. Es característico del varón falocéntrico operar defensivamente, como si su falo fuera todo lo que lo hace masculino. La verdadera diferenciación es negada, mientras que la penetración ofrece la promesa de la transcendencia de la vulnerabilidad, limitación y dependencia. Este narcisismo fálico constituye un persistente obstáculo para el desarrollo y crecimiento del adulto joven y el maduro y es evidente en las ansiedades fragmentadas y la sensación de vergüenza evocadas cuando una identidad masculina estable no puede ser mantenida. (Diamond, 2006)
Es así como se hace evidente que la construcción de la identidad masculina, lejos de repudiar las identificaciones con lo femenino, las tempranas internalizaciones que el niño hace de su objeto materno en sus aspectos femeninos se vuelven indispensables para el adecuado desarrollo de su masculinidad. Esto dará pie y facilitará la posterior identificación con el padre para un seguro establecimiento de la identidad de género masculina del individuo. Me parece muy importante la insistencia de Michael Diamond, uno de los autores que ha estudiado más el tema de la construcción de la masculinidad, en que ésta se va elaborando a lo largo de distintas etapas en la vida de un hombre y que constituye un proceso dinámico que se encuentra en constante cambio. Elizabeth Badinter (en Burín, 200) opina también que, debido a que la masculinidad no es una cosa dada sino un proceso que se construye, ésta puede cambiar a través del tiempo. Al elaborar la relación entre los aspectos fálicos y genitales de la masculinidad a lo largo de las experiencias de la vida, así como también a través del tratamiento psicoanalítico, muchos hombres son capaces de lograr una nueva y más gratificante experiencia de su masculinidad.
Bibliografía
Correos electrónicos y mensajes de texto en el proceso analítico
Autor: Diego González
I. Introducción
Durante poco menos de dos décadas el desarrollo tecnológico de las telecomunicaciones ha revolucionado las modalidades de relación entre naciones, regiones, comunidades e individuos. La aparición de dispositivos y modalidades para transmitir y recibir información tanto personal como pública ha modificado los tiempos políticos, económicos y sociales en sus dimensiones micro y macro. La cantidad de dispositivos móviles y fijos para acceder a internet, o bien, para comunicarse vía telefónica se incrementa día a día, dándose este incremento en países industrializados y en sus contrapartes en vías de desarrollo. El camino está más que allanado para que el desarrollo de nuestra civilización continúe por las vías de la tecnificación de nuestras comunicaciones e intercambios comerciales y culturales. Hoy en día es difícil encontrar en las poblaciones urbanas no marginales individuos que no cuenten con al menos un dispositivo de telefonía celular básico con las funciones de salida/entrada de llamadas telefónicas y envío/recepción de mensajes de texto. Esta es nuestra establemente cambiante y tecnificada realidad cotidiana.
Sin lugar a dudas los psicoanalistas y candidatos activos a finales del siglo XX e inicio del siglo XXI hemos sido testigos de la proliferación del uso de nuevas tecnologías. Estas han llegado a nuestra cotidianidad y a nuestra práctica profesional. En relación a la segunda es inevitable llevar a cabo una reflexión en torno a las implicaciones que presenta la comunicación con nuestros pacientes a través de estos medios electrónicos. Sea esta comunicación iniciada por el psicoanalista para comunicar la disponibilidad de un horario alternativo al habitual o para llevar a cabo cancelaciones, o bien, establecida por el paciente para cancelar sesión o avisar sobre un retraso en la llegada a la misma debemos, en nuestra labor analítica, de incluir este material en el tratamiento, o al menos tenerlo bajo nuestra consideración. Finalmente pareciera ahora que el analizado prefiere el número del teléfono móvil del analista que el fijo del consultorio.
Este trabajo tiene como intención la reflexión en relación a las implicaciones psicodinámicas de estas comunicaciones aparentemente triviales, así como de otras posibles comunicaciones que pudiesen llegar a emerger bajo el auspicio de la aparente distancia, frialdad, anonimato y confidencialidad que comúnmente se le atribuyen a estas vías de comunicación. El envío a través de mensajes de texto o correos electrónicos de sueños, fantasías eróticas y/o sádicas, poemas, reflexiones y otros materiales que el paciente se resiste a convertir en palabra hablada durante la sesión analítica funge como una resistencia ante fantasías de fusión y/o dependencia, deseos de destrucción o invasión de la persona del analista con los propios contenidos y un sinnúmero de otras posibles fantasías inconscientes.
Por otra parte se analizarán estas comunicaciones bajo la luz de la historia de la comunicación escrita y sus apariciones en el marco del proceso analítico. Si bien los medios electrónicos son de reciente aparición las comunicaciones escritas han acompañado al movimiento psicoanalítico a lo largo de toda su historia. El manejo técnico de estos materiales durante el proceso ha sido analizado por diversos autores, mismos que han realizado recomendaciones técnicas sobre el abordaje apropiado de los mismos.
Si bien estos materiales no son ofrecidos al analista a través de la asociación libre durante la sesión analítica, ni son actos fallidos ni lapsus ocurridos en el consultorio son materiales igualmente valiosos, ofrecidos por el analizado al analista y que merecen el trato de material analítico que reciben las otras producciones del analizado. Es decir, estos medios electrónicos se constituyen como una fuente válida de obtención de material analítico cuando el analizado los proporciona. Y por ello son un campo fértil para la investigación psicoanalítica en los años venideros en las áreas de lo teórico, técnico y clínico.
II. Aspectos a considerar sobre los correos electrónicos y mensajes de texto
Lo reciente de la irrupción de los medios electrónicos a nuestras vidas dificulta encontrar material psicoanalítico relacionado con ellos. Es por ello que resulta importante encontrar las características que, en primer lugar, comparten estas dos vías de comunicación entre ellas mismas y, posteriormente, con otros tipos de comunicación que pudiesen haber estado presentes desde decenios previos y que ya hayan sido discutidos por otros autores.
Correos electrónicos y mensajes de texto comparten una característica sin la cual no podrían existir, estando ésta presente incluso en el nombre de los segundos, esto es que, son comunicación escrita, son comunicación por medio de textos. La escritura ha acompañado a la humanidad desde los inicios de nuestra especie como productora de cultura. Todos los que en un momento u otro tenemos la posibilidad de escribir nos convertimos en escritores, sean sólo listas para el supermercado, o recados escritos en un pañuelo desechable todos somos escritores.
Al considerar a los mensajes de texto y correos electrónicos como comunicación por medio de textos podemos insertarlos en un marco referencial más amplio y sobre el cual autores psicoanalíticos de otros tiempos se han pronunciado, tanto en lo teórico como en lo técnico. De igual manera se les puede así ubicar como el producto de la evolución de un tipo especial de comunicaciones entre analizado y analista. Esta consideración nos urge a la revisión de cuáles han sido los otros materiales escritos que los analizados han llevado al espacio analítico, y por lo tanto, insertado en el proceso analítico. Por otro lado podemos considerar fundamental la relación que el escritor establece con su lector. ¿Puede el escritor escribir en el vacío, sin deseo y sin objeto?
Por otro lado resulta ineludible atender la investigación sobre los correos electrónicos y mensajes de texto desde sus cualidades propias como medios electrónicos. Sin lugar a dudas guardan características para sí que no estaban presentes en las otras comunicaciones a través de texto que aparecieron con anterioridad en el espacio analítico. Cualidades tales como la inmediatez y portabilidad de estos medios de comunicación configuran nuevas formas de comunicación, relación con la comunidad y entre individuos, por lo tanto, como consecuencia de esto nuevos procesos, o al menos, nuevos elementos en el proceso de formación de la identidad se hacen disponibles.
III. Comunicación por medio de textos
Algunos ejemplos de este tipo de comunicación previos a la llegada de los medios electrónicos son los diarios, cartas, sueños escritos, notas, citas literarias y letras de canciones, sólo por mencionar algunos. Estos materiales escritos han sido revisados por diversos autores desde varias perspectivas.
Blos hacía importante referencia al papel de los diarios y cartas en el desarrollo psicológico de las jóvenes adolescentes. Para este autor la escritura de diarios es un territorio intermedio entre el mundo interno y la realidad. El diario opera como un objeto transicional. Permite que la actividad cognitiva esté más cercana y en contacto con la realidad. Rescatando así al adolescente de que toda su libido se torne en libido narcisista, y teniendo este objeto transicional, que le conecta con el mundo de los objetos externos a la vez que le mantiene cerca de sus objetos internos.
De igual manera existen analistas que sostienen que el mismo Freud utilizó en tratamiento las producciones escritas que le proporcionó Marie Bonaparte al llevar sus diarios y escritos de juventud al tratamiento. La incorporación de estos materiales escritos fue llevada a cabo incluso desde los inicios del desarrollo de la técnica psicoanalítica.
Al mencionar el término sueños escritos se hace referencia a las anotaciones que algunos analizados realizan de sus producciones oníricas al despertar. Hay quienes llevan a cabo esta práctica señalando que lo hacen debido a que si no fuera así olvidarían el material y no podrían comentarlo durante su sesión analítica. La indicación de anotar los sueños para consignarlos en análisis es, para algunos legos, una técnica psicoanalítica si bien durante la formación nunca le ha sido indicada a quien esto escribe. A pesar de ello no es poco frecuente que los analizados lleven estos escritos a su espacio analítico y, en ocasiones, traten de sustituir su asociación libre en cuanto al material onírico por estos textos.
En relación al manejo técnico de los sueños escritos Freud señalaba que redactar los sueños para salvarlos de la resistencia era irrelevante ya que la resistencia de la cual se salvaba al ser escrito era transferida a la asociación relacionada con el texto producido. Abraham y Sharpe señalaban que los sueños escritos son sueños trasferenciales, productos narcisistas altamente investidos y regalos simbólicos con aspectos anales importantes.
Lipschutz señala que el sueño escrito se encuentra más disfrazado e incluso, cuando es confrontado con el sueño narrado verbalmente, aparece como contradictorio a este. Este autor señala que los sueños escritos pueden tener los siguientes significados:
1. Un regalo de heces a la madre con la cual el analista ha sido identificado, esto es para ganar su aprobación y aplacarle.
2. Una expresión disfrazada de deseo de tener un bebe con el analista.
3. Es un sueño transferencial específicamente producido para el analista para confundirlo y agradarle.
4. Una resistencia.
Acerca del manejo técnico que el analista debe de tener con los materiales escritos Putti indica que estos mensajes deben ser llevados por el analista a discusión durante el análisis. Agrega que se escribe por miedo a la reacción del analista y a las propias emociones. La consecuencia, de acuerdo a ella, de la lectura en sesión de los textos es un incremento en la confianza al analista. Lipschultz señala que los materiales escritos deben ser utilizados en análisis y comparados con su contraparte hablada. Señala que la escritura permite mayor distorsión en tanto que es una función yoica posterior a la palabra hablada.
Figueiredo menciona que el lenguaje hablado es más inmediato que el escrito, alejando más el deseo del acto. Para Litowitz y Gundlach la privacidad de la escritura crea una distancia y la apariencia de soledad aunque siempre existe una audiencia imaginaria. Por lo tanto la escritura es dialógica y social. Añaden que la escritura también difiere del discurso en cuanto a que deja una huella visual que permanece en espacio y tiempo.
Retomando el tema planteado por Litowitz y Gundlach sobre la aparente privacidad del escritor podemos hablar acerca de la relación del escritor con el lector. Himes nos señala que el primero no se encuentra nunca sin un lector, sea este real o fantaseado. La escritura mantiene al escritor conectado con ese otro, el lector. De igual manera existen diversos niveles de lector: público, crítico y privado e interno. La escritura puede estar dirigida a objetos internos o externos, a objetos que censurarán o aprobarán lo escrito, pero al final siempre estará dirigida a alguien.
Freud en El poeta y los sueños diurnos señala que el escritor crear un mundo de fantasía que él mismo toma en serio mientras que al mismo tiempo lo separa de la realidad. La escritura es planteada por Freud como una función intrapsíquica que sustituye a la fantasía y corrige una realidad insatisfactoria.
Las ideas antes mencionadas sobre la relación del escritor con el lector y, por qué no, con la escritura misma, pueden recordarnos el concepto de objeto transicional. Este es un objeto que está en completo control del infante de tal forma que, cuando una separación ocurre, el infante puede recurrir a este para retener la ilusión de que el objeto aún está allí. Es una ilusión parcial, ya que si fuera completa, no permitiría al infante cubrir la función de un verdadero objeto transicional, es decir, gradualmente separarse de su objeto mientras que no reemplace totalmente su existencia concreta.
Los textos que conforman las comunicaciones por medio de materiales escritos que son llevados a análisis se constituyen en objetos transicionales que permiten al analizado mantenerse en contacto con el analista aun durante la separación de fines de semana y entre sesiones.
IV. Características propias de los medios electrónicos
Ermann señala como características del nuevo modelo de sociedad, sociedad caracterizada por la comunicación a través de los medios electrónicos, las siguientes:
· Liberalización: Disolución de los valores sociales.
· Multiplicación: Multiplicidad de estilos de vida privados y culturales.
· Movilidad: Inestabilidad de los ambientes laborales y vitales.
· Medialización: Despersonalización de la experiencia de comunicación.
A las anteriores podríamos agregar:
· Inmediatez de la comunicación.
· Portabilidad de los dispositivos de comunicación.
· Falsa idea de anonimato y privacidad.
Ermann menciona que teóricos como Erikson postulaban teorías sobre la formación de la identidad pertenecientes a una realidad en la cual la tradición, el ejemplo y las interacciones, y por lo tanto, la relación interpersonal son centrales. Señala que esta sociedad era más lenta y estable en sus cambios, a diferencia de la velocidad y maleabilidad de la actual. De acuerdo a este autor el tipo de socialización actual es dominado por lo virtual, llevando a que la formación de la identidad sea también influida por esas interacciones virtuales. Estos procesos de formación de identidad mediáticos son de corte narcisista. La relación con uno mismo predomina y queda solamente la fantasía de la relación con otro.
V. La resistencia a través de los mensajes de texto y correos electrónicos
Ya se ha mencionado que el envío de mensajes de texto y correos electrónicos alimenta la resistencia que encontramos en nuestra labor diaria en el consultorio y nos ofrece nuevas vías para obtener material analítico. Justificaciones del tipo "Te lo envié porque no quería dejarte plantado y pudieras hacer lo que quisieras en mi hora" o "Es que quería avisarte que si llegaba pero venía retrasado" encubren diversas fantasías sobre la distancia psíquica con la persona del analista. Algunas de las principales fantasías pueden ser las siguientes:
″ Estoy pero no estoy
″ Llego tarde pero mi mensaje ya está ahí
″ Palabra escrita antes que palabra hablada
″ Te comunico desde afuera
″ Estas disponible aún fuera de "nuestro tiempo"
La resistencia a través del uso de mensajes de texto y correos electrónicos se utiliza para luchar contra:
1. La presencia del analista
″ Gabbard indica que el uso de los e – mails puede tener como finalidad en los pacientes evitar el temor a la fusión que se presenta en estos durante la sesión analítica.
2. La descarga inapropiada de los impulsos
″ Lear señaló, en relación a la escritura de e –mails, que el uso de los dedos está cercanamente relacionado con la descarga de impulsos. Menciona que frecuentemente se ha encontrado con personas que lamentan haber hecho click en el ícono de "enviar" demasiado rápido. Estas personas desearían haber demorado más el impulso.
″ Lipschutz resalta que la aparición de la escritura es posterior a la palabra hablado, favoreciendo el dominio de la descarga a aquellas personas que pudieran llegar a equiparar la palabra hablada con la acción.
3. La separación
″ El e – mail y el mensaje de texto borran la separación de fin de semana y/o entre sesiones.
″ Dan un anticipo al analista de que el paciente viene en camino, llenando así con su presencia los minutos de ausencia durante la sesión analítica.
″ El analizado se vuelve "portable" para el analista al ser posible acceder a sus contenidos desde cualquier lugar donde existe red para conectarse.
″ Permiten "introducirse" a un espacio privado del analista, ajeno al consultorio.
Bibliografía
Narcissism and the Problem of Hypochondri
Author: Professor Charles Hanly, IPA President
I propose to examine two concepts of narcissism by mean of a consideration of cases of hypochondria. Freud conceived of narcissism as a first, primary, phase of libido and, as development takes place, as a special developmental organization of it, the ego ideal. Narcissism is the first of libido because the mind of the infant only slowly develops the capacity to differentiate between self and object (Freud, 1914; Ferenczi, 1913). Thus the first organization of libido is primary narcissism even though the beginning of the capacity to differentiate subject and object is simultaneously set to work by the infant's experience of hunger which brings about a differentiation between hallucinatory images that do not satisfy and the object that satisfies (Freud, 1895) – the first beginnings of our long and, often enough painful, education to reality and the pursuit of pleasure through object love. Here we can also discern the beginnings of a grade within the ego which gradually develops into the ideals of conscience, the demands of moral imperatives and critical self-awareness in which the differentiation between subjectivity and objectivity is grounded. Conscience is largely fueled by aim inhibited narcissistic libido and the adult residues of infantile omnipotence that become ego ideals and the imperatives of conscience (Hanly, 1984); the ego's striving for real need satisfaction and knowledge of reality is fueled by object love. Freud considered narcissism and object love to be two interacting organizations of libido as did Grunberger (1975). Freud (1914) differentiated these two organizations and (1924, 1926) sketched out the structure and dynamics of a continuous line of development in the organization of narcissistic libido. But, in Freud's theory, narcissism and object love are forms of sexual libido. Sublimation involves a conversion of object libido into narcissistic libido, an increase in one is at the expense of a decrease in the other (Freud, 1926).
Kohut (1971) followed Freud in also discerning a line of narcissistic development but took an additional step in declaring it to be independent of object libido. This hypothesis enabled Kohut to postulate the diagnostic category of narcissistic personality disorders differentiated from obsessional and hysterical neuroses each with an aetiology of its own. Narcissistic personality disorders are caused by parental deprivations during stages of narcissistic development; the classical neuroses are caused by object relational sexual trauma or conflicts arising from sexual development. Kohut (1977) took the decisive step in the construction of self psychology by adding the hypothesis that narcissistic libido is not only temporally primary as Freud (1914) had affirmed, it is psychologically primary in the sense that, for example, the Oedipus complex becomes a pathogenic organization and dynamic only because of a parental failure of mirroring and of providing an object suitable for idealization. This theory of the Oedipus complex attributes its potential for pathology to failures in the object relations provided by the parents. Here self psychology and the relational psychology that has largely replaced it are in agreement. Conceptually and logically neither self psychology nor relational psychology can be true, if the classical theory is true since they are contraries i.e. both cannot be true.
I propose to explore the question as to which theory is more probable by exploring clinical material drawn from the analysis at four times weekly of two patients who had significant hypochondriacal symptoms. I choose patients with hypochondriacal symptoms because of the importance such symptoms have in the self psychological nosology of the narcissistic personality disorder (Kohut, 1971). But before doing so let me first briefly consider three psychoanalytic terms that are central to the clinical description and understanding of the somatization involved in hypochondriacal symptoms in order to be as clear as possible about the "leap" from the psyche to the soma which remains as obscure, puzzling, yet obviously occurring, as the "leap" from the soma to the psyche. These terms are "affects", "somatization" and "symbolization".
Affects
I shall work with the idea that an affect is an instinctual impulse that has encountered an internal or external barrier to its gratification or has overcome such a real or imagined barrier. Feelings of anger, hate, frustration, inadequacy, shame or humiliation caused by disappointed libidinal or aggressive wants, among which are narcissistic wants, occur when internal or external barriers to gratification win out. In contrast, affection, gratitude, admiration, joy, triumph, pride, exultation, hubris, elation, contentment and equanimity appear to be released by overcoming an obstacle to the satisfaction of an instinctual want. Consider, for example, the joyful, triumphant caper of an Italian soccer player or a Canadian hockey player who has just scored a goal. Given the fundamental place philosophers from Plato (Philebus) to Mill (1863) and Freud (1900) have assigned to pleasure and pain in human motivation, we can, perhaps, treat the group of negative affects as varieties of pain and the group of positive affects as varieties of pleasure. However, we must make an exception of signal anxiety because of its special role in identifying danger and external impediments to satisfaction and in setting in motion internal impediments. Anxiety is involved in the causation of defensive somatizations, but the somatizations may fail giving rise to a more generalized anxiety state. For example, when a patient of mine suffered thoracic pain and numbness, he would also experience diffuse anxiety about having a heart attack. The anxiety had more than one source: he was anxious about being in the care of a non-medical analyst and was testing my confidence and composure; he experienced anxiety of infantile origin about the love of his mother which he only felt when he was ill; he had anxiety about his phallic, competitive strivings and about his own professional competence. The anxiety about his physical health, of which he was conscious, was painful but it was a tolerable substitute for the transference anxieties. Other patients may fall into severe, diffuse anxiety states along with somatizations. They do not develop secondary anxieties on the basis of their somatic complaints; rather, the anxiety overflows the somatizations giving rise to objectless dread which often enough causes dissociations that drain away all affect leaving behind an empty, uprooted, disturbing feeling of quietude – the opposite of a feeling of disorganized elation.
Affects like thoughts may be conscious or unconscious. This view is consistent with Freud's (1923) understanding of negative therapeutic reactions, "… as far as the patient is concerned this sense of guilt is dumb; it does not tell him he is guilty; he does not feel guilty, he feels ill" (pp. 49-50). We will need the hypothesis of unconscious affects when considering psychosomatic symptoms. When somatization substitutes a physical symptom for a psychic trauma it renders the affects unconscious leaving the physical symptoms to take their place. Affects are especially amenable to this conversion because of the psychological and physical duality of their expression. As McDougall (1989) put it, "Emotions are essentially psycho-somatic" (p. 95).
Somatization
Nothing more eloquently testifies to the efficacy of the psychic unconscious than psycho-somatic symptoms. We are at once reminded of the evocative title of a major work on the subject Theaters of the Body (McDougall, 1989). In ballet, the body evokes affects by means of motion and gesture. If the body can be a theater in which psychic conflicts are produced, it is because, as Freud (1923) said, "the ego is first and foremost a body ego…." (p. 26). Freud's first investigations into the nature of hysteria, made it clear to him that disparities can exist between the body ego and the body. One man may experience a steady stream of largely preconscious, but sometimes conscious, sensations that communicate the beneficent adherence of his genitals to his body sustaining an implicit sense of wholeness and competence, while another may experience sensations, which he experiences as emanating from his genital zone, that arouse in him an embarrassed, anxious impression of a hole, a phantom absence, where he knows his genitals to be. The castrated genital, of the negative Oedipus complex, belongs, like the phantom limb, to the body ego.
However, we must not forget that the living anatomical body is itself, the source of the psychic life in us that causes disturbances in our experience of our bodies. (One could equate Freud's idea of the body-ego with Merleau-Ponty's (1945) corporeal schema, a concept which also underwrites the potential for ambiguity in the living body as distinct from the anatomical body, if Merleau-Ponty had not subjected the anatomical body to a phenomenological reduction. This reduction involves an attitude of evasion toward two realities that we avoid at our peril: (1) the anatomical body is itself organic, alive and ontologically prior to the mind (2) the anatomical body is itself the source of that very psychic life that causes disturbances in our experience of our bodies.) The diagnostic understanding of psychosomatic symptoms requires a constant attention to organic causes, to psychological causes and to their entwined conjunctions. Freud's (1905) formulation of Dora's somatic symptoms is a paradigmatic integration of organic, drive, object relational and historical factors. It is because the ego is a body ego that the psycho-somatic ambiguity necessary to somatization is possible. This potential for ambiguity results from the ability of one part, or organ, of the body ego, once the requisite physical conditions are present, to mimic another part, or organ, of itself (as in Dora's nervous cough) or of another (as in the male with castration sensations) by means of a redistribution of functions. In this way, the infant's sucking on its thumb, fingers or blanket can come to substitute for and refer beyond itself to the pleasure of the breast.
Symbolizing
Symbolizing consists of making one thing stand for, refer to, signify or represent another by convention or on the basis of similarity. Thus memory images may be used to stand for individuals, species, and general properties of things or events (Berkeley, 1710) by exploiting an obvious similarity while recognizing an obvious difference. This symbolizing function sustains thought without language as found in primary process thinking. Plato already knew that while images are natural symbols, words in a language are conventional or artificial symbols. One can easily appreciate the economy and efficacy of the symbolizing function of language by imagining ourselves actually restricted in the fashion of the man lampooned by Johnson who, wanting to sell his house, carried a brick from its walls about the town to demonstrate the substantiality, charm and convenience of the house to potential buyers. A few accurate descriptive sentences of scarcely any weight at all would have served much more conveniently and more efficiently as well.
We can approach symbolism in psycho-somatic symptoms via Freud's (1894a, 1894b, 1895, 1926) use of mnemic symbols in his explanation of hysterical conversion symptoms and in his later explanation of anxiety symbols (Arrive, 1986). The idea of symbolism in hysterical conversion symptoms was further developed by Groddeck (1916), F. Deutsch (1939) and Engel (1968). Conversion symptoms may symbolize the unconscious painful thoughts and memories the repression of which they make possible by becoming the vehicles of their pain. McDougall (1989) introduced the important and helpful idea of archaic hysteria which opens the way to an understanding of pre-verbal or, even, largely pre-mental trauma that have no other pathways to representation than the rudimentary body ego by means of disturbances in its states and in its elementary infantile functions. In this symbolization we can detect the handiwork of the body ego. Defective, injured or amputated limbs can function as castration symbols. The fear and pity they arouse can mask castration wishes and anxieties.
As noted above, first rudimentary symbol making occurs in the oral stage of infancy as the thumb or its equivalent provides voluntary pleasurable sucking to the infant as a substitute for the greater and more satisfying pleasure of the breast or bottle. Here too similarities are at play allowing the thumb to symbolize the breast because of its physical suitability for sucking and the pleasure it affords. We cannot speak here of analogical thinking but we can speak of two analogical thought precursors: 1) the symbolic associative linkage between the impressions of two similar yet differentiated objects through the substitution of one for the other and 2) a primitive intentionality as the incomplete pleasure of the thumb refers beyond itself to the more complete pleasure of the breast. Symbols, their uses and their meanings may end in poetry but they have their beginning in the involuntary, instinctual life of the body.
Two Clinical Cases
Mr. B was a successful young bachelor accountant who lived in such constant, yet vague fear of some kind of wrongdoing that he was on the verge of abandoning a successful career for which he was well suited. He ruminated painfully about some ruinous error of his that would undermine the finances of a client. His sexual confidence had faltered at least as much as his vocational confidence. From time to time his widowed father came to visit him. On these occasions, while still in his office, he would experience an increase in his depressed feeling of depletion and exhaustion along with rheumatic like pains in his right "gimpy" hip. Medical consultations had offered him no relief. During his sessions, he would complain that his father always failed to do the one thing that could make him feel better - draw a tub of hot water and have it waiting for him upon his return to his apartment, the hot water would ease the pain in his leg and that would ease his depression. "Why", he would rhetorically ask, on these occasions, "could his father, who had nothing else to do, fail to offer such a small kindness?" His associations would drift to memories of his dead mother who had doted on him as the youngest and most promising of her children. To my interpretation, that he wished that she was still alive and able to minister to his needs, he responded with memories of , what struck me as, her possessive attachment to him sometimes accompanied by guilt laden regrets about his failure to attend her death-bed, as his siblings had, because he had been occupied with business commitments. I would make interpretations such as, "And now you want to bring her back by having your father take her place". These interventions released in Mr. B various complaints about his father's shortcomings, centred on a narcissistic complaint that he had often longed for but had never received his father's real approval. This lack of fatherly approval, he felt, was the source of his depression, his lack of self-confidence and his expectation of humiliating failure. Thus the psychosomatic symptom served two narcissistic needs: to find in his father a substitute for the attentions of his dead mother and to gain from him, in this way, the admiration his mother had so abundantly and freely bestowed on him.
But in the life of Mr. B this apparent narcissistic developmental deficit, caused by a paternal self-object who had failed to mirror him, disguised a conflict. The provocation of what he, at least, experienced as his mother's preference for him, even over his father, left him feeling over-stimulated, incompetent, grandiose and guilty by turns. He guarded against his negative oedipal feelings (including his fear of his mother and a latent rage against her) by putting his father, rather than himself, in the place of the mother. Included in the phantasy behind the gimpy hip was a narcissistic and aggressive turning of the tables on his negative oedipal father animated by a wish to castrate him. His throbbing, painful hip was a "displacement sideways" of his castration anxiety.
In this case, the somatic symptom symbolized both his castrated body-ego and its reversal, the castration of the father. He was not aware of castration anxiety and feelings of phallic ruination or of castration wishes; instead, he was distressingly conscious of pain in his "gimpy hip" with which his ego had formed a friendly, hypochondriacal relation. Relief came from a desomatizing retrieval of these repressed affects into the transference where they eventually made a vigorous appearance. One day he heard his secretary tell him that a Mrs. Hanly had called asking him to come to her home as soon as possible to help with a serious financial problem. As he attended to other matters during the afternoon, he was distracted by thoughts of what I might have done to cause a financial crisis for my family and how he should respond to my wife's request for his help. At the end of the day, he decided to make a visit to my home. When he picked up the secretaries note of the call with the name, phone number and address, he was astonished to find a name that did not even sound like "Hanly". Mr. B's unconscious, anally regressed, castration wishes found there way into a transference enactment.
Since I had no waiting room for my university office, patients came directly to my door and knocked on it. I became aware during this stage of the analysis that Mr. B was coming a minute or two early every day. I was somewhat concerned about being nit picking, would I not be ungenerously chiding working alliance zeal? But when it persisted, I decided to bring this slight deviation from the frame to his attention. When I rather tentatively brought it up, he trembled and turned pale; he felt accused of a crime; he had wanted some of my time for which he did not have to pay; he had been forcing me to give up my time by stealth; he had been stealing from me. I interpreted to him that this small amount of time represented to him a substantial chunk of me. It was a trivial enough alteration of the frame on the surface but the symbolism of the action and the previously unconscious affects blossomed into conscious elaboration. These transference enactments, their analysis and working through brought about the desomatization of his gimpy hip. There may have continued to be some residual organically caused discomfort in his hip but, if so, it was not sufficient, in itself, to any longer demand his attention. When the patient married he no longer needed his father or his wife to draw baths to soothe his leg; he was happily successful in his career.
Ms. C was an unmarried professional student in her mid-twenties from a religious family. The two things she most wanted from her analysis were to be cured of severe acne that left her face red and scared and to find relief from recurrent false pregnancies which plunged her into severe anxiety and panic. Is acne psycho-somatic? I do not know. Ms. C. experienced it to be "psycho-somatic"; for her, it was the shameful, visible stigmata of her sinful soul. Perhaps, like the angioedema of Engel's (1968) patient, the acne was caused originally simply by hormonal changes of puberty while sexual conflicts contributed to its severity and its failure to clear up spontaneously. At the time, I felt that her demand expected more from me than I could promise to deliver. I said nothing, and wondered what might happen if her analysis enabled her soul to be less sinful. Ms. C boasted of her liberated sexual attitudes despite her false pregnancies. Missed periods, changes of appetite, nausea, stomach swelling and diffuse sensations convinced her, and some physicians prior to test results, that she was, indeed, pregnant. She would become immobilized with panicky moral dread by the prospect of having an illegitimate child, although she would also masochistically "nurse" the panic by delaying a pregnancy test.
Ms. C's sexual preference for blacks was a rebellion against her father's red neck, prejudicial attitudes toward them. Her sexuality had a child-like playful, possessive, teasing and domineering quality, but her practice of presenting herself late at night at the doors of hotel rooms of black jazz musicians who were unknown to her courted danger and aroused concern about her safety. This aspect of her sexuality was gradually replaced by an affair with a married professor at the university. The playfulness and wit of her sexuality in this relationship of several months found expression in her turning her lover's penis into a puppet, named by a pun on his name which suggested "little pisser", for which she knitted a diminutive ward robe in which he was dressed during clever dramatizations of spelunking and other adventures of her diminutive hero. As she became aware of the transference meaning of her romance, she broke off the relation, became increasingly disinterested in sex and, eventually, succumbed to a period of frigid celibacy. She upbraided her analyst for this pathetic achievement of more than two years of analysis, "Analysis is supposed to cure frigidity not cause it". However, she was able to acknowledge that she had never known orgiastic genital pleasure and that her sexual liberty only overrode and had not altered her frigidity.
My interpretations were guided by the idea that her apparently liberated sexuality was a counter-phobic denial of her real anxieties. Although she initially repudiated the interpretations based on this idea, she did so with witty, ridiculing and derogating scenarios of the failings of her "little Freudian analyst". She gasped with astonished recognition when the repetition was pointed out to her, that she was playing with me as she had before played with the penis of her professorial lover. There followed a period of working through her transference which released in her dreams of the Oedipal father to whom so much of her libido had remained attached along with a gradual blossoming of genital sexuality and her eventual choice of an eminently suitable partner.
Her false pregnancies had conflicted causes. In her phantasy, she was pregnant with a black baby. This phantasy was an attempt to wreck a humiliating revenge upon her father for a grave narcissistic injury that had set her against him when she was an oedipal girl and a punishment of her "clandestine" sexuality that would bring down upon her head, once more, his indignant wrath and rejection. As she worked through the affects bound to this phantasy and its motives and acted out her oedipal transference wishes, in an affair with a professor, her false pregnancies came to an end. This development assigned to the analysis the task of adequately resolving her intertwined underlying narcissistic and oedipal conflicts, including, especially, her oedipal wish for father's baby. This work was sufficiently accomplished to permanently remove the symptoms and to enable her to marry and to have real pregnancies with a man she loved.
Sometime during the last phase of her analysis, Ms. C's acne completely cleared up. The acne may only have been an organic symptom of organic causes; Ms. A's view of it, as the visible sign of her hidden sinfulness, may have had only a meaning or interpretive and not a causal relation to it. If so, it would have been similar to a symptom of Mr. D., a patient who believed that a growth on his chest was the first stage of his transformation into a woman, a transformation that would end in his death by cancer. When the tumor was surgically removed it was found to be benign. Mr. D's latent homosexual wishes and castration anxiety may have had nothing to do with the causation of the tumor. What became apparent was that unconscious homosexual wishes and castration anxiety became associatively linked to the visual, tactile and kinesthetic sensations caused by the tumor giving rise to Mr. D's morbid beliefs about its nature. In these cases, the meaning is fastened onto independently occurring physical conditions on account of their suitability. If so, they are the same as the dream work when it preserves sleep by constructing a dream scene that provides a satisfying "explanation" of a loud noise, for example, when an oedipal girl dreams that a vase given to her mother by her father has crashed to the floor. What is heard in the dream is an interpretation of the sound heard; the visual image interprets it but does not cause it. And what it reveals is not anything about the nature of the real noise but something about the dreamer. Unconscious processes hunt about in the body for anything that can offer a means of discharge of affects without having to experience their quality. The only interpretation, I made of the acne, on the few occasions when it made its appearance in Ms. A's associations, focused upon her feelings of sexual shame.
There were more obvious links to the causal work of the psyche upon the soma where the false pregnancies are concerned. The physical changes and sensations Ms. A experienced were not caused by impregnation, although there must have been sufficient organic compliance. The analysis indicates that the symptoms were linked to an unconscious oedipal sexual wish gone sour and vengeful on account of a narcissistic injury which had made relations with black men overwhelmingly desirable and dangerous. These conflicted drive demands brought about some of the bodily changes of a real pregnancy even in the absence of the necessary organic causes. The connection between conflicted wishes and anxiety over the hostile affects which emerged in the transference became clarified, the affects were psychologically elaborated, the somatizations of the false pregnancies ended. By discovering and mourning the loss of the love of her father in childhood, Ms. A was able to give up the rage against him aroused by a narcissistic injury. In this way, she liberated her sexuality from the need to use it to punish her father and herself and restored her ability to love a man whether black or white for his sake and her own.
The analytic process that brought this improvement about did not consist of tracing associations back from the details of the psycho-somatic symptoms. It consisted rather in following up and interpreting the inter-related associative linkages to current unconscious phantasies and memories of her sexual and narcissistic struggles with their attendant affects. For example, when she reported her late night visits to the hotel room of black jazz musicians whom she had met casually at a jazz bar, I would offer her transference interpretations such as, "You want me to be jealous and concerned about you; you believe that I am not; and you don't want to care whether I am concerned or not". She could not bear these affects of jealousy and anxiety in herself. This process eventually brought forth the phantasy of having a black baby and the traumatic memory of her sudden loss of her father's doting love in her fifth year on account of difficulties she was having adapting to school. At that time, during her Oedipal romance with her father, after he had always indulged his only child and allowed her to wrap him around her little finger, she had been humiliated and devastated by his raging denunciation of her because of her misbehaviour at school and the shame it caused him. She was an only child and was having great difficulty adapting to life with siblings. She took flight into a regressive negative oedipal alliance with mother against father.
Her symptoms gave disguised expression to her wish to have a black baby with its conflicted Oedipal and narcissistic motivations. They did not symbolize the meaning of the wish in the way in which words in a language name that to which they refer. They symbolized by a kind of pantomime or anatomical pictography with censored elements. The symbolization was incomplete. A wish to have a baby is symbolized but the colour of the baby is left mute as are the motives for the colour and for the baby's illegitimacy by the psycho-somatic symptoms. For the colour of the baby, one has to rely on considerations of paternity, "with whom did Ms. C have unprotected sex", we may ask. But this question is also naïve and misleading if, as a result of a prejudicial realism, it assumes genital sex when an unconscious phantasy of oral impregnation may have been at work. The wish at work in the formation of the symptom receives its definition from the unconscious phantasy that organizes it. It is this phantasy along with the memories and affects from which it, itself, originates that eventually tell the story and in the affectively charged telling dissolves the symptom.
Reflections
I have emphasized hysterical somatizations in my presentation because it is with them that symbolization more clearly and unambiguously enters into the picture. It is not because I wish to disregard the non-interpretive factors in therapy, or to underestimate them. Nor do I wish to disregard pre-verbal trauma. Any trauma during the early oral phase will be non-verbal. However, these traumas may well involve rudimentary psychic elaboration. Philosophers have long acknowledged (Hobbes, 1651) thinking by means of images which can proceed without words and before language acquisition. Thinking by means of images according to the rules of displacement and condensation is characteristic of primary process thought (Freud, 1900). As soon as there is a capacity to remember, psychic representation, elaboration, signal anxiety and its consequences can also occur. Clinical evidence of very early representation of trauma by means of memory images is difficult to come by but some exist and the derivatives of such very early representations become more easily apparent in free associations (Grunberger, 1975). Theoretically, if the thumb of a sucking infant can acquire the intentionality of representation, memory images of rudimentary kinesthetic sensory experience can also have intentionality. The causal links between libido and reproductive processes in woman were also indicated by the analysis of Mrs. E. who began her analysis after an attempted suicide in her late thirties. She had always suffered severe pre-menstrual symptoms which accompanied periods at two rather than four week intervals. She had tried every available medical remedy without any benefit. But as the analysis progressively uncovered a series of childhood traumas, worked through her suicidal depression and sexual frigidity, the intervals between her periods gradually became normal as did her pre-menstrual discomfort. The influence on subsequent psychic development of traumatic events when the body ego is still much more soma than psyche should not be underestimated. In my view analysts should be open to the indications of these primitive psychic representations and their interpretations because projections, denials and later repressions may be causing the unavailability of the original representations and their derivatives.
Technically, I have found that in order to eventually bring about significant amelioration in cases where oral trauma is involved, it is important to facilitate a movement of the transference forward to the oedipal level.
Theoretically and clinically, I find Schur's (1955) developmental model of somatization helpful and, in particular, its notions of a gradual desomatization, attended by the risk of arrestment and deficit as the psyche develops, and of resomatization caused by later trauma or conflict giving rise to resomatizing regressions. It is coherent with and offers a way of integrating the homeostatic (Alexander, 1950) and symbolic (Deutsch, 1939) models as well as other contributions such as those of Greene (1990) and McDougall (1989). Schur's hypothesis reminds us that the body ego of each person has its own history and, perhaps, that hypochondria reminds us that the balance between what is soma and what is psyche in man is variable until the final somatization of death.
Conclusions
From the evidence, both patients suffered narcissistic injury, although the nature of the injuries was different in each. The narcissistic injury of Mr. B was, in a sense, self-inflicted as a defense against his guilt for having gained an oedipal triumph over his father while also deriving from the frustration of his negative oedipal love for his father and his longing for his approval even of the hidden ambivalence of his positive oedipal rivalry. The narcissistic injury of Ms. C was the result of a traumatic reversal of her father's attitude toward her when she disappointed his own narcissistic need to have a child about whom he could proudly boast. His bright, charming only child had failed him when, in her first coming out in her parochial kindergarten, she turned out to be a serious discipline problem for the school. He turned in rage against her for this betrayal of his high hopes for himself in her. She retreated into a cold enraged hatred of him; her oedipal romance was shattered; she retreated into an alliance with her more educated and refined mother to exile him from her world. However, in both Mr. D and Ms. C the narcissistic injuries that led to the hypochondriacal symptoms were intrinsically both narcissistic and sexual/object libidinal. Mr. D was terrified by his oedipal victory; Ms. C experienced her father's turning against her as both an assault on her self-esteem and on her oedipal romantic phantasies. This evidence suggests that narcissistic libido and object libido are intrinsically interactive trends of human sexuality. If so, self psychology has enriched our appreciation of the part played by narcissism in psychic development with its delineation of the phase appropriate needs for fusional, mirroring and idealizing narcissistic attachments to suitably empathic objects. The error of self psychology has been to sever narcissistic from object libidinal development and, thereby, disconnect their interaction. This disconnection was "repaired" within the theory of self psychology by reducing the aggressive and sexual drives to "disintegration products" of what appears to be a somewhat spiritualized primordial narcissism investing a nuclear self. The demands of aggression and sexuality have been denied their fateful contributions to what is best and what is worst in human nature. The derogating dismissal of the drives has been taken over into the successor of self psychology, relational psychology. Sometimes, even in our theorizing, it is necessary to return to what has gone before in order to go forward. Sometimes novelty can lead to error and tradition can preserve truth. In my view, therefore, it is classical drive theory that provides us with the best theoretical orientation available for understanding therapeutically the causes of the physical complaints that symbolize troubles of the soul.
References
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Plato, Philebus. In: Plato Selections, ed. Raphael Demos, New York: Charles Scribner's Sons, 1927.
La separación de los Amantes
Autor: Ximena Moreira
En el presente trabajo desarrollé el tema de la separación de los amantes y sus consecuencias psicológicas en el individuo. Por amantes se entenderá en este ensayo, a aquellas personas que aún viven, que aún se aman, y que son separados abruptamente por las normas sociales, la religión o alguna otra causa que haga su unión "imposible". Se planteará que la separación es como la muerte, uno esta sentenciado a morir, tanto en la conciencia del otro como en la propia, la separación es el equivalente simbólico a la muerte en vida.
A todo esto sobreviene una pregunta ¿Porque el hombre buscaría en primera instancia un amor imposible? Un amor que transgrede las reglas sociales dentro de su comunidad y que sabe está condenado a la separación o al fracaso. Se busca en la medida en que es sentido, como un amor "libre", el hombre deja de estar obligado desde fuera, a la unión. Esta unión es un intento de autocuración, el hombre se siente libre, se libera de las normas sociales, se permite gozar. Los encuentros son esporádicos, llenos de aventura y placer. Se conserva una imagen ideal del otro, en la medida en que no hay una cotidianidad.
Se busca en el amante aquello de lo cual se carece, ya sea juventud, inocencia o madurez y experiencia, en el caso inverso. Hay por lo tanto en dichas uniones un fracaso en el Ideal del Yo, en la medida de que aquello que se es, no es totalmente aceptado por el Yo, quien desearía ser más joven o maduro. Este tipo de elecciones objétales, son narcisistas, se introyecta al objeto, se devora al objeto y se lo apropia. Así el objeto interno se somete al Yo. El amor se hace agresivo.
El superyó de ambos amantes no aprueba dicha unión, y la culpa es alimentada, por lo que sobreviene la separación. Una vez perdido el objeto, el Yo se enfada con él y por ende también contra si mismo.
La separación amorosa y muerte son cómplices según Caruso. Pues al terminar una relación de este tipo, todo aquello relacionado con esta persona, dentro del otro muere, se desinviste (es decir, que la energía pulsional es retirada del objeto) . Así se experimenta la muerte dentro de la vida, pues el Yo pierde gran parte de su identidad, siendo esta dependiente de la identidad del amante. Se sabe que el otro también olvida, esto es lo mas doloroso, experimentar mi muerte en la conciencia del otro.
La separación entre dos personas que se aman, se vive como una catástrofe del yo, ya que la díada según Bowlby: como sería la díada madre e hijo, es destruida. Por lo tanto al estar ausente el objeto de identificación, el Yo se siente mutilado y sufre una pérdida de identidad importante.
Nos separamos de los otros y de nosotros mismos, creemos poseer pero se nos escapa de las manos. El ser humano se defiende frente a los estímulos destructores. Se tiende así, al deseo de posesión del objeto y el deseo de destrucción del mismo. El Yo se siente profundamente herido, ya que amaba y contribuyó a la separación, a su propio sufrimiento. El Yo se encuentra desgarrado, en falta, pierde temporalmente su identidad y experimenta sentimientos de muerte. Aunque en las separaciones existe un activo, que es el que decide separarse y un pasivo, el que es "dejado", este último rol es el más difícil, pues no fue su decisión, el quería seguir acompañado de su amante.
Al estar el Yo mutilado, se ponen en marcha varios mecanismos de defensa. Un ejemplo de estos sería la agresividad. El objeto se vive como abandonador y se le devalúa, para restaurar el narcisismo herido. El sujeto desinviste al objeto y busca olvidarlo usando la indiferencia. En estos casos no será extraño escuchar el "me importa un bledo". El sujeto empieza a buscar opciones para distraerse, para usar la energía psiquica, que ha sido liberada. Aparecen varias defensas obsesivas, para no caer en depresión, buscará la actividad (trabajo, hobbie), o/y usará defensas maniacas (fiestas, alcohol, personas del sexo opuesto), otra opción podría ser buscar una ideología religiosa o filosófica, para restablecer su identidad usando la racionalización.
Sin embargo, estos mecanismos no son suficientes para calmar la desesparación que causa el perder al objeto de amor, la sustitución no tiene éxito, ya que contradice al Yo, quien busca al objeto desesperadamente.
Por contradictorio que parezca, la disminución del valor propio a causa de una separación provoca hacia el otro agresividad, devaluación y la muerte del ausente, pero también su idealización.
Se crea una situación de ambivalencia, en donde el Yo profundamente herido, desea el bien del ser amado, pero a su vez desea su mala fortuna, "él o ella no puede vivir sin mí, se morirá", esto es una defensa, pues es doloroso, escuchar que el bienestar del otro es independiente de mí y que efectivamente uno mismo, se siente morir, sin el ausente.
El amante ausente es pronto convertido en una imagen insustituible, única y perdida para siempre; acto seguido será vivido como traidor, como alguien que ha fallado, como desagradecido y olvidadizo.
El ser humano siempre está entre la simpatía y el rechazo, entre querer vivir más y no querer vivir así. Cuando hay una separación se trata de vencer la ambivalencia pues el individuo se decide por algo: ya no querer vivir así. Esta decisión es muchas veces aplazada, los ausentes empiezan a mandarse cartas, o a frecuentarse esporádicamente, esto es un sustituto para estar con el ser amado, pero no satisfacen la necesidad. En ocasiones es más doloroso, pues también agudizan la ausencia. Solo traen una relajación breve y engañosa. Sobreviene una angustia tanto de la presencia del objeto, como de su ausencia. Solo a través de un proceso de duelo, la ambivalencia es vencida.
La regresión provocada por la catástrofe del Yo en la separación representa una desestructuración compleja, y llena de contradicciones de una investidura objetal, la cual esta tuvo que ser extraordinariamente ambivalente durante la relación de pareja y en este proceso de separación se potensializa. El odio se vuelve más importante que el amor. La protesta y el odio se dirigen no solo contra el objeto perdido, sino también hacia el propio Yo identificado con el amado y hacia la realidad, la realidad que los ha separado.
La separación ya no solo representa la falta de una necesidad cumplida, sino también el fracaso a la autocuración, el fracaso hacia la libertad. Sobreviene la represión, con el tiempo, se sabe que algo se ha perdido, pero una vez pasado, es difícil revivirlo afectivamente, se queda en el pasado "cuanto lo amé".
Siendo el hombre el único animal consciente de su muerte, al saberse finito, busca la felicidad, busca la autorrealización, busca al otro con el cual compartir su vida. Al saberse mortal, efímero, busca hacer historia, busca ser apasionado. La separación de los amantes es un adelanto a esta muerte esperada, saber que no durara para siempre, preguntarse si vale la pena vivir lo que queda de vida acompañado de aquel que es la pareja o si es mejor sufrir de una vez, para luego vivir mejor. La destrucción es placentera en este sentido, pues se espera algo positivo de esta.
Así se pueden entender varios obras literarias, como Romeo y Julieta, donde ante la separación ambos prefieren morir antes que olvidar al otro. Es el ejemplo también de Ana Karenina, ella es la amante que es dejada, la pasiva, ante la separación ella decide quitarse la vida. Pues el dejar de existir en la consciencia del otro es tan insoportable que es preferible quitarse la vida mediante el suicidio. Dejando así el amor vivo, el amor de Romeo y Julieta, ese amor idealizado e inmortal.
Hay otras personalidades que tienden hacia la muerte a partir de una separación, destruimos todo lo que hay en nosotros y alrededor nuestro porque no permanece eternamente. El hombre no se apasiona, no llega a amar a otro. Para no tener que vivir con la separación, preferimos a diario no vivir, reprimir la vida. Entonces el amor fracasa por angustia ante la pasión. Los mujeriegos son un ejemplo de este tipo de casos pues reprimen cualquier impulso de una verdadera entrega. Otro ejemplo de personas que caen dentro de este mismo tipo son aquellos que se aíslan formando una barrera impenetrable a cualquier relación amorosa.
Otra causa de separación, es la provocada por el componente oral canibalista. Que consiste en la ilusión de que el objeto está en mi y no se justifica fuera de mi, tiene que complacer todas mis necesidades. Todo intento del objeto de ser autónomo se traduce para el otro como una traición. Se trata de modificarlo, aunque esto significa perturbar y atrofiar en él lo viviente, amar a alguien para hacerle distinto significa asesinarle. Este sería el ejemplo de aquellos que sufren de celos patológicos, deseo de control del otro usando la violencia ya sea física o psicológica.
El amor maduro, sano, se basa en poder compartir mi mundo con el otro y adentrarme en el suyo, de esa forma uno vive en dos mundos compartidos, uno se enriquece y crece. Uno comparte las angustias, las compulsiones, las mentiras también. Lo monótono de mi mundo, se convierte entonces en un mundo compartido pero al mismo tiempo intimo y autónomo.
Encuadre
Autor: Lara Durand
El encuadre en psicoanálisis es un tema recurrente en congresos, conferencias y simposios en los que participamos los que hemos elegido este modus vivendi. Y al parecer no hemos logrado aún ponernos de acuerdo en una definición que satisfaga las distintas escuelas y corrientes psicoanalíticas. Y esto no es casual ya que el encuadre es parte medular de la práctica psicoanalítica y que cualquier reflexión en torno a este concepto implica una revisión del conjunto de la teoría psicoanalítica. Varias son las razones de tales desacuerdos.
En primer lugar es necesario señalar que el término encuadre nace en los años 40 y que nunca fue utilizado por Freud. Éste, al hablar del trabajo psicoanalítico, se limita a dar algunos consejos tendientes a garantizar la eficacia de las sesiones, y que a lo largo de sus investigaciones va descubriendo, precisando y recomendando varias "técnicas" y a señalar lo que no hay que hacer. De hecho, con cada nuevo paciente, con cada nueva experiencia, a veces de manera meramente casual, Freud va elaborando y reinventando un conjunto de técnicas coherentes que facilitan el trabajo psicoanalítico. Si bien la cuestión del método es un tema recurrente en la obra de Freud, nunca llega sin embargo a elaborar una teoría del método (o encuadre) psicoanalítico como parte integral del conjunto de sus teorizaciones. Empecemos viendo lo que este autor nos dice al respecto.
En Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912) Freud recomienda la "atención flotante", advierte sobre la toma de notas durante las sesiones, invita a dejar de lado todo afecto y comprensión humana, a someterse a un proceso psicoanalítico, a no ser transparente sino más bien como un "espejo" frente al paciente "mostrar sólo lo que le es mostrado". Aconseja asimismo dejar de lado toda ambición pedagógica, y "precaución y reserva" para con la colaboración intelectual del analizado.
En un artículo de 1913, "Sobre la iniciación del tratamiento", Freud aconseja asignarle una hora fija a cada paciente que será solo suya aunque no la utilice. Él prefería trabajar con cada paciente seis veces por semana aunque menciona que en casos "benignos" con tres veces a la semana es suficiente, esto es para que el paciente no pierda contacto y sea más constante y la vida no se interponga a la cura. En cuanto a la pregunta que usualmente hacen los pacientes acerca de la duración del tratamiento, Freud dice que no hay respuesta, lo que sí se le debe de informar al paciente antes de que tome la decisión de iniciar el proceso de cura es que es un tratamiento largo. Freud no cree que es conveniente pedirle al paciente un mínimo de tiempo; el paciente puede interrumpir su tratamiento cuando él quiera pero es necesario advertirle que esto no será para su beneficio. Lo que buscan todos los que se analizan es llegar a la cura lo más pronto posible y se puede lograr, sólo que de forma lenta debido a la atemporalidad de los procesos inconscientes, a la prohibición que debe imponerse el analista de guiar al paciente al tratar aspectos de su vida por separado porque "la neurosis de un ser humano posee los caracteres de un organismo; sus fenómenos parciales no son independientes unos de otros, pues se condicionan y suelen apoyarse recíprocamente; siempre se padece de una sola neurosis…" (Freud, 1913).
En cuanto a los honorarios del analista, Freud dice en este artículo que "el hombre de cultura trata los asuntos de dinero de idéntica manera que las cosas sexuales, con igual duplicidad, mojigatería e hipocresía" (Freud, 1913). Aconseja no dejar pasar largos periodos de tiempo para que el paciente pague ni dejar que el tratamiento sea demasiado barato ya que no sería significativo para el paciente. El analista puede cobrar caro pero puede decir que nunca ganará lo mismo que médicos con otras especialidades; y por lo mismo, puede negar la asistencia gratuita, ya que según su experiencia, un tratamiento gratuito resulta ser más importante para el analista que para el paciente y las resistencias se vuelven más grandes ya que no existen motivos para la cura. Para justificar lo que cobramos, Freud negocia diciendo que el hacer más productivo y saludable al paciente a la larga le va a ahorrar dinero. "No hay nada en la vida mas costoso que la enfermedad y… la estupidez" (Freud, 1913).
En cuanto al diván, cuyo origen se remonta a la hipnosis, Freud lo recomienda primero, porque no soportaba el hecho de que los pacientes lo vieran durante mucho tiempo, y segundo, porque mientras escuchaba, Freud, que se dejaba llevar por sus procesos inconscientes, no quería que sus pacientes lo vieran haciendo gestos o expresiones e interrumpieran así sus asociación libres. Por último nos señala que la reacción del paciente ante el uso del diván puede ser material de análisis.
En el escrito "¿En qué punto y con qué material se debe comenzar el tratamiento?" (Freud, 1913) Freud nos dice que es el paciente quien debe de elegir con qué quiere empezar. Freud les decía a sus pacientes, "Antes que yo pueda decirle algo, es preciso que haya averiguado mucho sobre usted; cuénteme, por favor, lo que sepa de usted mismo" (Freud, 1913). Freud nos aconseja no esperar ni propiciar un relato sistemático, y nos advierte que para evitar la contaminación del tratamiento, es importante que el análisis se quede entre él y el analista.
En lo que respecta a las interpretaciones, Freud propone que es necesario primero establecer una alianza terapéutica y nunca iniciar y formular la interpretación antes de que el paciente este próximo a ésta.
En los años 20 tuvo varias divergencias sobre asuntos técnicos con sus contemporáneos que pretendían realizar algunos cambios, y al final de su vida llega hasta a cuestionarse seriamente sobre las posibilidades y futuro del psicoanálisis.
De alguna u otra manera Freud inventa, crea y recrea a lo largo de su experiencia psicoanalítica un marco que implícitamente aceptan el analista y el paciente, una serie de normas a las que se someten para que pueda tener lugar el trabajo psicoanalítico. Cualquier infracción de estas normas por parte del paciente es motivo de análisis, cualquier infracción por parte del psicoanalista deberá ser objeto de autoanalisis.
En este sentido podemos decir que, de acuerdo a Freud existen dos dimensiones de lo que hoy llamamos encuadre:
1. El encuadre externo conformado por todos los dispositivos que impone el analista como por ejemplo el horario, la duración de las sesiones, la escenografía" (diván o frente a frente), los arreglos financieros, las excepciones (vacaciones, días feriados, etc.) , etc.
2. El encuadre de orden psíquico, que podemos resumir en dos normas fundamentales:
· La que somete al paciente a hablar asociando libremente y,
· La que somete al analista a no satisfacer al paciente en sus deseos transferenciales.
En los años 40 algunos autores, entre los que destaca Winnicott, empezaron a utilizar el término encuadre y a tratar de definirlo. Este autor define el encuadre como "la suma de todos los detalles de la técnica". Esta definición no sólo incluye los límites y el contrato, sino también la forma en que el analista actúa frente a los diferentes aspectos del tratamiento. Introduce el concepto de espacio transicional, un espacio intermedio entre lo subjetivo y lo objetivo, entre la realidad y la fantasía. Es en este espacio transicional donde el paciente puede por fin crear, ser epontáneo, jugar, un espacio en el que son dos los que vehiculizan un inconsciente. Un segundo aporte importante de Winnicott es el de la validez e importancia de la intervención.
Otro autor que se propone teorizar sobre el encuadre es Bleger quien considera que todo suceso psicoanalítico está compuesto por dos elementos:
1 Un elemento variable ligado a la dinámica individual del paciente, un proceso que se convierte en el objeto de análisis y de interpretación.
2 Un elemento constante, un "no proceso".
De acuerdo a este autor el encuadre lo constituye el conjunto de elementos constantes que deben posibilitar el advenimiento del elemento variable, el desarrollo del proceso hacía una cura. En este sentido el encuadre es siempre algo implícito, del que no se habla, y que se hace visible a partir del momento que no se respeta, momento en el que se convierte a su vez parte del proceso y tiene que ser por tanto analizado. Y aunque muchas veces el material que surge de este rompimiento puede ser muy interesante para los fines interpretativos, no recomienda provocar esta ruptura. (Bleger, 1967).
Etchegoyen, en su libro, "Los Fundamentos de la Técnica Psicoanalítica" (1986), nos proporciona una síntesis de lo que Freud y otros autores entienden por encuadre y contrato, a parte de darnos su propia opinión. Para este autor el contrato se hace para definir las bases del tratamiento, tener claros los objetivos, las expectativas y las dificultades del tratamiento ya que invariablemente van a presentarse ambigüedades que se pueden analizar en base a lo establecido al inicio del tratamiento. Así mismo, es importante ser claro y conciso en el momento de formular el contrato y tomar en cuenta al paciente. No se expresa el contrato de la misma forma para un obsesivo que para un psicótico, sobre todo en lo referente a la regla fundamental.
Existen otras normas que no se deben de decir desde el principio, como el caso de los regalos, ya que puede ser material de trabajo y da pie a interpretaciones. En una ocasión, un paciente de Freud, Smiley Blanton, le comenta que ha estado ahorrando para comprar sus obras completas, Freud le regala una copia de sus libros y debido a esto, los sueños de Smiley se volvieron más oscuros por lo que Freud le interpretó que hubo un cambio en la transferencia y así se podía dar cuenta de las dificultades que producen los regalos en el análisis.
En el contrato también se incluye la terminación del análisis, donde si las dos partes no están de acuerdo, se habla de una interrupción de análisis.
De acuerdo con Etchegoyen, el analista sabe que el paciente no va a cumplir con el contrato ya que el contrato no se hace para ser cumplido, si no para ver cómo el paciente se comporta frente a él.
Las variables cambian continuamente pero el encuadre cambia lentamente y no en relación directa con el proceso, si no en base a normas generales, por ejemplo, Etchegoyen dice que no se deben de subir o bajar honorarios sólo por el material del paciente, si no por datos de la realidad, ya que si se modifica el setting por el material, deja de ser analizable. Laplanche y Etchegoyen piensan que "toda acción sobre el encuadre constituye un acting out del analista" (Etchegoyen, 1986).
El encuadre debe de ser firme pero también elástico, se debe de escuchar al paciente y tomar en cuenta sus deseos. "El proceso inspira el encuadre pero no lo debe determinar" (Etchegoyen, 1986).
La psicología del yo afirma que el proceso analítico es de naturaleza regresiva a lo que ayuda el setting. También afirman que Freud creó el encuadre para lograr la regresión del paciente y que el analista pueda controlarla. Piensan que el encuadre implica privación sensorial, frustración afectiva, limitación del mundo objetal y ambiente infantil ya que muchos creen que el encuadre infantiliza al paciente principalmente por el silencio del analista. Lacan, por ejemplo, acepta esto diciendo que con "la oferta (de hablar) ha creado la demanda".
De acuerdo con Etchegoyen, la regresión en el proceso analítico no tiene que ver con el encuadre, si no con la enfermedad: "el paciente viene con su regresión, su enfermedad es la regresión" (Etchegoyen, 1986). El encuadre solo detecta y contiene la regresión. Por lo tanto, la regresión depende del grado de enfermedad y no del setting. Esto lo argumenta diciendo que a medida que avanza el análisis y se va resolviendo la neurosis de transferencia y disminuye la regresión pero el encuadre se mantiene constante. A parte de que así lo dijo Freud, el encuadre sirve para formar la alianza terapéutica. Según Etchegoyen, el encuadre no se creó para promover la regresión, si no al contrario, el encuadre es la respuesta a la neurosis de transferencia.
El encuadre es el marco donde se ubica el proceso y Freud lo hizo a partir del descubrimiento de la neurosis de transferencia para que el tratamiento se desarrolle de la mejor forma posible. Así mismo, el encuadre protege al paciente de lo que el paciente descubra del analista y de los errores de éste último, por eso el encuadre contiene al paciente.
Etchegoyen hace una distinción entre la técnica y el estilo, donde la técnica sale de los consejos que dio Freud, que ahora es una técnica universal y el estilo depende de cada analista. Smiley Blanton escribe sobre lo que le dijo Freud acerca de la técnica, "… en el asunto de los ensayos sobre la técnica siento que son completamente inadecuados. No creo que pueda proporcionar los métodos técnicos a través de artículos. Debe hacerse mediante una enseñanza personal. Por supuesto los principiantes probablemente necesitan algo para empezar. De otro modo, no tendríamos nada para seguir adelante. Pero siguen las orientaciones en forma consciente, pronto se encontrarán con problemas. Entonces, deben aprender a desarrollar su propia técnica" (Blanton, 1974).
Como podemos ver, cada autor, de acuerdo a sus teorías e interpretaciones de Freud, desarrolla su propia encuadre para que sea coherente con sus ideas, y esto complica mucho la posibilidad de una definición universal.
Bibliografía
Algunos Aspectos de la Sexualidad Femenina en los Cuentos de Hadas
Autor: Deborah Arakindji Levi
Los cuentos de hadas clásicos han sido hasta ahora (y quizás lo sigan siendo con ropajes nuevos y actualizados) parte esencial de la literatura infantil y juvenil. Son cuentos breves, que contienen acontecimientos imaginarios, sin localización témporo-espacial (había una vez…), de carácter lineal y escritos en tercera persona.
Existen distintas versiones, todas ellas basadas en fragmentos de mitos y leyendas de la antigüedad. Desafortunadamente, algunas de estas versiones fueron modificadas debido a las exigencias de la sociedad del momento. Tanto Perrault[1], como los Hermanos Grimm[2], tuvieron que omitir ciertos detalles que por lo general eran alusiones sexuales explícitas que incomodaban al público.
En cuanto al contenido, aluden bajo la forma ambigua de metáforas y alegorías, a verdades profundas de la existencia; son una especie de pantalla en la que se posibilita la proyección de algunas fantasías y angustias propias del ser humano. Relatos que hablan de los fuertes impulsos internos de un modo que es posible comprender los conflictos que acarrea consigo el crecimiento. Al mismo tiempo el final feliz, característico de todos los cuentos de hadas, ofrece el mensaje de que aunque el proceso sea terrorífico, será posible resolver los desafíos de las distintas etapas del desarrollo.
Para este trabajo seleccionaré dos cuentos, que a mi parecer, abordan algunos de los aspectos de la sexualidad femenina: Blancanieves y La Bella Durmiente
En ambos cuentos se pone énfasis a la belleza de la joven, belleza que aumenta a medida que la niña se desarrolla. Este proceso encuentra su contrapartida en la progresiva maldad de la madre sustituta (madrastra o hada mala). Es decir, cuanto mayor es la hermosura de la joven, mayores los ataques motivados por los celos y la envidia de la madrastra-bruja. Parece que la necesidad de la muchacha de crecer e independizarse conlleva el riesgo de ser asesinada, quedar reducida a una situación de denigración, o permanecer perdida o alienada por un período indefinido; hasta que, luego de cumplido un castigo, ocurre una modificación de la situación, en la cual la hija supera el estado de menoscabo en que se hallaba y alcanza la dignidad que le corresponde o que le habían quitado transformándose en princesa. (Zak, 2001)
Mi interés consiste en desarrollar algunos aspectos de cada cuento por separado, empezaré con Blancanieves (en la versión de los Hermanos Grimm):
La historia comienza cuando la reina se pincha el dedo mientras cose junto al ventanal. Caen tres gotas de sangre que la llevan a desear una niña tan blanca como la nieve y tan roja como la sangre. Poco tiempo después nace Blancanieves y muere la reina, por lo que el padre vuelve a casarse con otra mujer.
En este episodio están simbolizados varios aspectos de la sexualidad femenina: la nieve blanca representa la inocencia, mientras que la sangre roja simboliza el deseo, la menstruación y la ruptura del himen en la primera relación sexual. Se deja claro que la menstruación es la condición previa para la fecundación, ya que el sangrado precede al embarazo de la madre (idealizada de la infancia) quien muere inmediatamente después de tener a Blancanieves. (Bettelheim, 1976)
La madrastra es descrita como una mujer bella, pero muy cruel y arrogante; posee un espejo mágico en el cual se mira preguntando a diario si sigue siendo la mujer más bella del mundo, a lo que el espejo responde siempre que sí. Cuando Blancanieves cumple los siete años, el espejo le dice que es más bella su hijastra, lo que provoca en la reina tanta envidia que comienza a idear un plan para deshacerse de la joven.
Nos encontramos con la imagen de una madre narcisista que se siente amenazada por el crecimiento de su hija, pues esto significa que ella está envejeciendo. Aunque, por otro lado, la envidia de esta madrastra bien puede representar la envidia de la niña misma ante los privilegios y facultades que posee la reina como adulta. No olvidemos que, a determinada edad, la niña se enamora de su padre y quiere ocupar el lugar de su madre, siente celos y desea eliminarla. Blancanieves, para desembarazarse de estos sentimientos, los proyecta a su madrastra convirtiendo la oración "Tengo celos de mi madre" a "Mi madre tiene celos de mí". Y no solamente eso, sino que la niña teme la venganza de su madre por lo que la ve como una bruja malvada. (Zak, 2001)
El plan de la madrastra consiste en que un cazador lleve a la niña al bosque para matarla y traerle después su hígado y pulmones. El cazador, conmovido por la belleza y bondad de la niña, mata en lugar de ella a un cerdo, cuyas vísceras trae a la reina cruel, quien se las come creyendo ingerir así una parte del cuerpo de su bella hijastra.
En este episodio, la joven teme sufrir de la madre mala lo que ella misma quiso hacerle. En determinada época de la infancia se habla de los deseos del niño de incorporar el pecho de la madre, entendido como el deseo de llevar a la madre dentro de sí mismo. Pero la destruye con sus dientes, porque al mismo tiempo que la ama, la odia y la teme. Posteriormente, condena en la madre lo que se niega a reprocharse a sí mismo. El crimen de Blancanieves, a nivel inconsciente, sería el haber querido devorar a la madre. La joven princesa proyecta su hambre sobre su madrastra y lo experimenta como si ésta la comiera y destruyera desde adentro, como una agresión deliberada que ella le inflinge y como un castigo por su propia voracidad. (Langer, 1994)
Volviendo sobre la figura del cazador, este podría interpretarse como una representación inconsciente del padre. Es él quien traiciona a la reina para salvar a Blancanieves: reflejo de lo que a la niña adolescente o en el período edípico le gustaría creer de su padre; que si éste fuera libre de elegir, se pondría de parte de su hija, burlando así ella a su madre. El cazador es un símbolo de protección, un personaje importante que corresponde con la imagen que la niña pequeña se hace de su padre. Por otra parte, es el cazador quien puede ahuyentar y controlar los impulsos "animales" de la niña. (Bettelheim, 1976)
Después de que el cazador le perdona la vida a Blancanieves, ésta se encuentra vulnerable y desprotegida en el bosque, lugar en el que debe afrontar y vencer la oscuridad; donde puede resolver las dudas acerca de lo que es y de lo que será lejos de sus padres.
Pronto encuentra la casa de los enanitos, personajes que representan el fracaso en el proceso de desarrollo; son adultos niños fijados en un nivel preedípico. De alguna manera, los años que Blancanieves pasa junto a los enanitos podrían representar su periodo de crecimiento. (Zak, 2001)
Cuando la madrastra se percata de que Blancanieves sigue viva, va a buscarla a casa de los enanitos. La primera vez se disfraza de vendedora de cintas de corsé, la segunda se deja seducir por una anciana que se ofrece peinarle el cabello con un peine envenenado y la tercera es cuando cae como muerta por haber comido la manzana. Son tres momentos en los que Blancanieves se deja tentar por la madrastra. La primera vez que abre la puerta para comprar las cintas pone de manifiesto que Blancanieves es ya una adolescente desarrollada que usa corsé para ser más atractiva. La madrastra al sujetarla con tanta fuerza logra que la joven se desmaye. Es evidente que Blancanieves se está convirtiendo en una adolescente que comienza a experimentar los deseos sexuales que durante el período de latencia permanecieron dormidos y aletargados. Probablemente es la angustia ante aquellos deseos la que la lleva a perder la conciencia. (Bettelheim, 1976)
Es hasta la tercera ocasión en la que Blancanieves cede a sus impulsos mordiendo la manzana roja. La manzana en este caso simbolizaría el sexo, tanto en su aspecto positivo como peligroso (recordemos que la manzana bíblica fue el instrumento que tentó a Eva a renunciar a la inocencia a cambio de conocimiento y sexo). Además, la madrastra y Blancanieves comparten la misma manzana: la madrastra como la mitad blanca y Blancanieves la roja. La muchacha tiene esta doble naturaleza, es blanca como la nieve y roja como la sangre; ella consta de dos aspectos, el asexual y el erótico. El hecho de comer la parte roja (erótica) de la manzana significa el fin de la "inocencia" de Blancanieves, es inmediatamente después de morderla, cuando la niña que hay dentro de la joven muere y es enterrada en un ataúd de cristal transparente. (Bettelheim, 1976)
Al final del cuento, Blancanieves despierta del largo sopor cuando escupe el trozo de manzana envenenada. Ella vuelve a la vida hasta que puede expulsar el pedazo de madre que no le permitía crecer y encontrar a su príncipe.
El segundo texto, La Bella Durmiente, comienza (también en la versión de los Hermanos Grimm) al enterarse los reyes de que tendrán una niña. Al nacer su hija Aurora invitan a todos los miembros del reino a la celebración. Las hadas le regalan dones como la belleza y la sabiduría; sin embargo, una de ellas la maldice decretando que a la edad de quince años, la muchacha se pinchará un dedo con una rueca y dormirá cien años. El padre, para evitarlo, hace que retiren todas las ruecas del palacio. Pero queda una, la de la torre más alta, que Aurora encuentra a sus quince años en una habitación oscura donde una anciana teje. Aurora, maravillada por este artefacto, lo toca e inmediatamente después cae en un sueño profundo.
El sangrado que La Bella Durmiente está destinada a sufrir, claramente simboliza la menstruación; todos los esfuerzos del rey por prevenirlo fracasaron. Aunque se hayan eliminado todas las ruecas del reino (o todos los penes del mundo), nada logró evitar la llegada a la pubertad de la muchacha.
La menstruación puede ser para la mujer una experiencia abrumadora si no está emocionalmente preparada para ella. La Bella Durmiente, sorprendida, cae en un profundo sopor e inmediatamente es aislada de cualquier pretendiente por un muro de espinos el cual, simbólicamente, la protege de cualquier experiencia sexual prematura. La valla vegetal también simboliza el crecimiento puberal y otra de las barreras que pone el padre para no permitir que algún rival se le acerque a su hija. Al pasar el tiempo, el muro se convierte en un seto de flores grandes y hermosas, lo que podría interpretarse como la transformación de La Bella Durmiente a mujer; ya está lista para ejercer la sexualidad. (Bettelheim, 1976)
Finalmente, todo paso de un estadio de desarrollo al siguiente puede parecer peligroso, sin embargo no crecer significaría lo mismo a estar muerta. El beso del príncipe rompe el hechizo y aboca a una feminidad que, hasta entonces, había permanecido detenida en su desarrollo.
Los cuentos de hadas están cargados de símbolos y mensajes que provocan en los niños el deseo de leerlos una y otra vez, aunque a nosotros los adultos, mientras nos sentimos colmados leyendo página tras página, también nos invitan a una honda reflexión.
Bibliografía
[1] Nacido en París en 1628, considerado por muchos como el primer autor de literatura infantil. Se dedicaba a contar historias a los príncipes en salones literarios que eran moda en Francia. Aquellos sitios fueron, sobre todo los forjadores del llamado amor galante.
[2] Jacob (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859) recopilaron sus cuentos, en su mayor parte, de la tradición oral. En un primer momento, los cuentos no estaban pensados para un público infantil, sin embargo, tras consiguientes adaptaciones y eliminación de los contenidos más censurables según los adultos de la época, se fueron convirtiendo en clásicos infantiles.
Psicoanálisis y Budismo
Autor: Ana Elisa Nava
El psicoanálisis plantea un camino compartido por el autodescubrimiento, ésta búsqueda que lleva a la introspección es compartida con el budismo. El propósito de este trabajo es intentar trazar algunos puentes entre algunos conceptos del psicoanálisis y algunas perspectivas del budismo. Se enfoca en los conceptos psicoanalíticos de inconciente y el yo, los cuales se cuentan entre los más estudiados en su relación con el budismo.
Es importante empezar con una breve introducción al budismo y afirmar que, no se puede hablar de budismo sino de budismos. Al igual que en la religión católica existen dogmas distintos dentro de las diferentes corrientes como los Legionarios, el Opus Dei y los jesuitas, igual en el budismo existen varias ramas pero todas se derivan de las siguientes premisas.
La primera y más importante son las cuatro verdades nobles que son: Dukkha (dolor) se puede definir como dolor del dolor, en este caso se puede determinar la causa. Y pueden ser objetos materiales, personas o ideas. La segunda es la verdad del origen, la cual afirma que todos los problemas están en nuestra mente. La tercera es la verdad de la cesación, es decir, que esto (el dolor) puede terminar. Y la cuarta dice que hay un camino para lograrlo; Lamrin, dicho camino tiene cuatro postulados. El primero es lo preciado de la vida humana, el segundo las causas y sus consecuencias es decir, Karma, el tercero las limitaciones de la experiencia samsárica es decir, naces creces y te mueres. Y por último la muerte y la impermanencia.
El budismo habla también de que existen cuatro marcas en la existencia, es decir que todo en la vida humana esta impregnado por los siguientes cuatro postulados: el primero es la impermanencia, el segundo la interdependencia de las cosas, el tercero la inexistencia de la substancialidad y el cuarto que la iluminación es posible.
Para entender de dónde vienen estos planteamientos tan diferentes y al mismo tiempo que comparten el camino del autodescubrimiento es importante partir de las diferencias entre el pensamiento oriental y occidental. Los cuales plantean un marco de referencia para entender porqué en oriente se ha emprendido una búsqueda tan distinta a la de occidente. Según D.T Suzuki el pensamiento occidental es: analítico, selectivo, diferencial, inductivo, individualista, intelectual, objetivo, científica, generalizador, conceptual, impersonal, impositivo y auto- afirmativo. Mientas que el pensamiento de oriente es: sintético, totalizador, integrador, no selectivo, deductivo, no sistemático, dogmático, intuitivo, afectivo, no discursivo, subjetivo, espiritualmente individualista y socialmente dirigido al grupo
Joe Tom Sun plantea una serie de visiones que Buda y Freud comparten respecto al desarrollo y la vida del ser humano. El Buda nos mostró el daño provocado por la ilusión (maya) y la necesidad de reemplazarla con la sabiduría. Mintras que Freud elaboró la psicoterapia psicoanalítica para sustituir el pensamiento inconciente, es decir, para reemplazar la fantasía (la ilusión, maya) con el pensamiento conciente (la sabiduría).Ambos comparten su visión sobre el determinismo y la personalidad individual. El Dhammapada dice que somos el resultado de lo que hemos pensado mientras que Freud afirma que "somos lo que somos porque hemos sido lo que hemos sido. Y lo que necesitamos, por tanto, para solucionar los problemas que aquejan al ser humano, no son tanto valoraciones morales como conocimiento"[1].
El Buda esbozó un camino concreto, el cual describió como un estilo de vida gobernado por la visión, la aspiración, el habla, la acción, el sustento, el esfuerzo, el pensamiento y la atención rectas. Desde el psicoanálisis ésa es precisamente la conducta que se deriva de la mente conciente de una personalidad racional que no tiene mucho que ver con la mentalidad inconciente del niño, el salvaje o el neurótico
El Buda reconoció que el deseo es el principal obstáculo para el logro del nirvana. Pero no es posible trascender el deseo mediante la represión sino sólo a partir de su sublimación conciente y deliberada.
La curación de las emociones patológicas no depende tan solo de la simple comprensión de la etiología sino del análisis que acompaña el aprendizaje y la profundización de la meditación, es decir, de la asociación libre y de una retrospección cuidadosa que, partiendo de los efectos presentes, se remonta hasta las causas pasadas.
El objetivo del análisis que consiste en unificar la mente y tornar conciente lo inconciente, es decir, pacificar y acabar de ese modo con el conflicto y el sufrimiento
El inconsciente como el psicoanálisis lo entiende a abierto una enrome discusión entre ambas perspectivas y el Dalai Lama ha sido en una conversación con Joyce Mc Dougall quien esclarece la diferencia de el inconciente psiconalítico y la relación que puede encontrarse con el el pensamiento budista. El Dalai Lama plantea que, hay obstrucciones que afectan al conocimiento y no llegan a manifestarse en la conciencia y permanecen en forma de tendencias latentes. Hay dos posiciones, una afirma que estas obstrucciones nunca se manifiestan en la conciencia y otra que afirma lo contrario. Hay una diferencia entre el recuerdo y la activación de esas tendencias obstructivas. El recuerdo es una representación de un acto perceptivo, pero también existen activaciones de esas tendencias que no son recuerdos. Estas últimas implican a las tendencias que tienen lugar cuando uno participa en determinado tipo de acción, sana o insana, y va acumulando las tendencias en el continuo mental hasta que llega el momento de la acción, sólo después del cual puede hablarse realmente del recuerdo. Mientras que para el psicoanálisis lo inconciente sólo se manifiesta en la conciencia en casos específicos (hipnosis, sueños, etc.), para el budismo el fundamento de la conciencia (inconciente) es omnipresente y manifiesto porque constituye el núcleo de la identidad personal. El fundamento (inconciente) siempre está presente y lo que está almacenado en él puede volverse conciente.El fundamento (inconciente) es un continuo que procede de un pasado atemporal, un flujo de conciencia que se transmite de una vida a otra. Además, es el vehículo que sirve para transmitir las improntas mentales tanto en el recién nacido como en ambos padres separadamente. [2]
Otro punto de vista que compara y explica las diferencias y semejanzas entre budismo y psicoanálisis refiriendose al inconciente es el de D.T Suzuki quien plantea que el inconciente, en el budismo zen, es lo misterioso, lo desconocido, y lo acientífico o precientífico. Pero esto no implica que esté más allá del alcance de nuestra conciencia. En realidad, es lo que nos resulta más íntimo y precisamente por esa intimidad resulta difícil captarlo, del mismo modo en que el ojo no puede verse a sí mismo.
El inconciente, en tanto fundamentalmente relacionado con lo fisiológico (con los sentidos), es el resultado de un largo proceso de evolución en la historia cósmica, a medida que el desarrollo intelectual se produce, cuando crecemos, el dominio de los sentidos (proceso primario) es invadido por el entendimiento (proceso secundario) y se pierde la ingenuidad de la experiencia sensible.
Plantea también que os simples hechos biológicos quedan contaminados por el interés egocéntrico. Esto significa que hay ahora un intruso en el inconciente, que ya no puede moverse directa ni inmediatamente al campo de la conciencia y todos los actos que han sido relegados a funciones biológicamente instintivas asumen ahora el papel de actos conciente e intelectualmente dirigidos.
Otro concepto que es importante tanto para el psiconlálisis como para la psicologíaa en genral es el de el yo. El Dalai Lama explica cómo el budismo entiende este término. Independientemente de cómo se considere el fundamento de la conciencia (inconciente), el yo se revela como el intento que se ha hecho en el análisis por encontrar algo esencial, mientras que el budismo nos muestra que cuando alguien se libra de él, no queda nada que pueda asemejarse a un yo.Convendría , por tanto, renunciar por completo a ese intento y postular únicamente la existencia del yo como una mera designación convencional. Ésta afirmación que plantea a un yo discontinuo, se ejemplifica de la siguiente manera: "Supongamos que usted tiene un barco al que cada año cambia un tablón. Bien podríamos decir que, con el paso del tiempo, usted seguiría teniendo el mismo barco, aunque todos sus componentes materiales hubieran cambiado".[3] Lo mismo se puede decir de la continuidad de las vidas en el budismo. Es una entidad continua porque tiene una historia causal continua.
Mientras que D.T Suzuki define al yo dentro del pensamiento budista zen de la siguiente manera: En el conocimiento científico el yo no es un conocimiento real mientras objetive a si mismo. La dirección científica del estudio debe ser inadvertida y el yo debe ser captado desde dentro y no desde fuera. Esto significa que el yo debe conocerse sin salirse de sí mismo. El yo es el punto de subjetividad absoluta. Pero no es, propiamente, un punto, sino un "círculo", ya que puede moverse en cualquier momento en cualquier dirección. Por lo tanto, en sentido estricto, todo puede ser el punto de subjetividad radical. O, dicho, de otro modo, no hay punto de subjetividad. [4]Debido a esta inefabilidad del yo producto de su movilidad, no es nunca un objeto científico.
Por último, el budismo y el psicoanálisis comparten la aspiración por cambiar el actual estado de cosas del sujeto: el primero por vía de la iluminación y el segundo suponiendo, en alguna medida, la posibilidad de cura. Para Freud el psicoanálisis consiste en "la liberación del ser humano de sus síntomas neuróticos, inhibiciones y anormalidades del carácter" (Análisis terminable o interminable). Ve también el papel del analista bajo una luz que trasciende a la del médico que "cura" al paciente. El analista debe estar en una posición superior en cierto sentido, si ha de servir como modelo al paciente en ciertas situaciones analíticas y en otras debe actuar como su maestro. "Finalmente no debemos olvidar que la relación entre el analista y el paciente se basa en un amor a la verdad, es decir, en el reconocimiento de la realidad, que impide cualquier tipo de fingimiento y engaño"[5].Es importante el concepto de Freud acerca de que el conocimiento conduce a la transformación, de que la teoría y la práctica no deben separarse, de que en el acto mismo de conocerse a uno mismo, uno se transforma. El placer, para Freud, era alivio de la tensión, no la experiencia de gozo. El hombre estaba dividido entre su entendimiento y sus emociones, el hombre no era el hombre íntegro, sino el ser intelectual de los filósofos de la Ilustración. El amor fraternal era una demanda irracional, contraria a la realidad; la experiencia mística, una regresión al narcisismo infantil.A pesar de estas contradicciones obvias con el budismo Zen, hay sin embargo elementos en el sistema de Freud que trascendían los conceptos convencionales de enfermedad y curación y el concepto racionalista tradicional de la conciencia. Según D.T Suzuki, el proceso de la iluminación es abrupto. Esto implica que, en la experiencia budista, existe un salto lógico y psicológico. El primero supone una interrupción del proceso del razonamiento ordinario que lleva a percibir como perfectamente natural lo que anteriormente se consideraba irracional, mientras que el segundo consiste en ir más allá de las fronteras de la conciencia.La iluminación (ver súbitamente) no es resultado del razonamiento sino resultado de la suspensión tanto del razonamiento como de la voluntad.
En conclusión, el psicoanálisis y el budismo aunque tienen convergencias importantes provienen de universos culturales radicalmente distintos. Por lo tanto cualquier acercamiento que se pretenda estará siempre limitado por estas condiciones culturales. Sin embargo el diálogo entre ambas es fructífero: en la búsqueda de elementos en común se aclaran distintos conceptos e ideas hacia el interior de cada disciplina. En el conjunto de la bibliografía sobre este tema es común encontrar una sobre simplificación de distintos conceptos y sobre todo de distintas experiencias. Parece que la búsqueda por complementar nuestra disciplina con religiones o estilos de vida tan antiguos, independientemente de las dificultades que esto implica, resulta en un esfuerzo productivo.
Bibliografía
[1] Anthony Molino (editor) El Árbol y el Diván. Diálogos entre psicoanálisis y budismo. España. Editorial Kairos 2004
[2] Anthony Molino (editor) Ibid PP. 248
[3] Anthony Molino (editor) Ibid PP. 257
[4] D.T Suzuki. Fromm, Erich. Budismo Zen y Psiconlálisis. México. Editorial Fondo de Cultura Económica, 1960
[5] D.T Suzuki. Fromm, Erich Ibid
Homosexualidad ¿Prevención y Cura?
Autor: Alejandro Enriquez Lóyzaga
Durante las últimas décadas y muy posiblemente desde mucho antes la homosexualidad ha sido un tema ampliamente debatido en cuanto a su génesis; no se ha llegado y posiblemente no se llegará nunca a un acuerdo ya que no existe una homosexualidad sino las homosexualidades, y es entonces algo multideterminado en cuanto a su origen: Si el origen fuera claro y preciso (como lo es solo en muy pocas situaciones) la cuestión de una posible prevención o una eventual cura sería más clara. Pero hasta el uso de los términos podría ser impreciso ya que al hablar de prevención y/o de cura estaríamos asumiendo que la homosexualidad es un psicopatología: una perversión, una parafilia, un síntoma, o más bien un conjunto de los mismos, o sea un síndrome, tal como la han descrito autores como Socarides.
Respecto a este punto de vista en torno a la homosexualidad existen diversas posturas; una en la que la homosexualidad es concebida como parte de la naturaleza humana, se considera un tipo de sexualidad sana y constitucional, que es parte de la identidad de estos pacientes y no debe ser cambiada por pensar que la heterosexualidad es la única orientación sana, Richard Isay, Ralph Roughton, así como autores de la escuela de relaciones objetales, interpersonales, intersubjetivos, tales como Stephen Mitchell, Jessica Benjamin, Jack Drescher , entre otros comparten este punto de vista (Lingiardi y Capozzi , 2004).
Desde otra perspectiva la homosexualidad es vista como una perversión, defensa, fijación o inhibición del desarrollo psicosexual donde el narcisismo, la autoerotización y las identificaciones patológicas son los elementos centrales, pertenecen a ella los seguidores de la teoría psicosexual freudiana (Ferenczi, Rado, Bergler), también podemos incluir aquí a los postkleinianos que consideran que la homosexualidad esta caracterizada por agresividad, narcisismo y relaciones donde se busca someter al objeto por el temor y la envidia, así como lo relacionado con la ansiedad paranoide (Rosenfeld, Thorner, entre otros); y a autores como Charles Socarides quien considera a la homosexualidad una patología gestada en un periodo preedípico por una determinada dinámica familiar. Y finalmente los miembros de la NARTH, quienes ofrecen opciones de cura y tratamiento para la homosexualidad.
Finalmente podemos englobar a otro grupo de psicoanalistas, al que podemos llamar "neutral", que es un grupo menos homogéneo y que no está ligado a un teoría específica: autores de la escuela inglesa de las relaciones objetales, Bollas y en algunos aspectos Kohut (Lingiardi y Capozzi , 2004), quienes no se centran en el origen de la homosexualidad su atención se centra en la calidad y la dinámica de las relaciones objetales que establecen. Se pueden incluir también aquí a autores contemporáneos como McDougall y su particular visión en torno a la sexualidad humana contemporánea.
Podemos reducir entonces estos puntos de vista en un grupo "pro-gay" que buscaría reafirmar la homosexualidad en sus pacientes permitiéndoles vivir este tipo de relaciones sin culpa logrando que el paciente se identifique con una estructura homosexual; un grupo "pro-heterosexualidad" que busca potenciar la heterosexualidad latente en sus pacientes buscando así una cura de la homosexualidad al identificarse con una estructura heterosexaual; y por otro lado un grupo digamos "neutral" que podría estar entre estos dos polos. Cabe mencionar que los dos primeros grupos y en especial el segundo hablan de la imposibilidad así como de la crítica a ser un terapeuta "neutral": "la dimensión más fuerte de la alianza de trabajo puede entrar en juego solamente cuando el terapeuta y el paciente ven la AMS juntos de la misma forma. Cuando el terapeuta toma una posición "neutral" (veo al gay y al heterosexual igual de bien), esto diluye el poder de la transferencia y deja al paciente sintiéndose incomprendido y no apoyado" (Nicolosi, 2008).
La idea del analista en torno a la homosexualidad como patología o como una elección de objeto similar o equivalente a la heterosexualidad; es una creencia que forma parte integral de la subjetividad del mismo, la cual estaría en interjuego con la subjetividad del paciente.
Considero de radical importancia que el analista o terapeuta que se autodenomine "neutral" haga un ejercicio de reflexión profunda para determinar si es en verdad neutral; o si son simplemente "políticamente correctos" pero comparten las creencias de la homosexualidad como una patología que al igual que muchas otras psicopatologías podría ser curable o revertida con un amplísimo trabajo clínico. Por supuesto que abría otras cosas que el terapeuta puede considerar de mayor importancia clínica que la orientación sexual o la atracción a determinado sexo (como sería la posibilidad de establecer relaciones objetales sanas, el abandonar determinadas conductas autodestructivas u otros síntomas que impiden el funcionamiento adecuado a nivel familiar, social, laboral, educativo; o sobretodo que son fuente de sufrimiento para el paciente) pero la orientación sexual es un tema de identidad y por lo tanto estructural y determinante en el avance de un análisis profundo por lo que llegado el momento será un tema con el que se deba trabajar. Cabe destacar que amen de la postura que un terapeuta pueda tomar de forma activa, son aun mas importantes las creencias del analista, ya que aunque decida actuar de manera neutral, dichas creencias formaran parte de su subjetividad.
Hasta aquí de las modalidades de terapeutas. Vayamos ahora a hablar de los pacientes homosexuales.
Es bien sabido que la mayoría de estos pacientes no acuden a nuestra consulta con la duda homosexual en mente o al momento de estarse identificando con una u otra orientación sexual. Llegan por otros motivos generalmente depresión y/o ansiedad relacionados con sus precarias relaciones objetales, sobre todo de pareja o por conductas autodestructivas como: adicciones, celotipia, relaciones sexuales de alto riesgo asociadas a la promiscuidad, tendencias al acting out, problemas de adaptación, etc. Dejando de lado la atracción por el mismo sexo estos pacientes suelen ser diagnosticados con trastornos de identidad, caracteres narcisistas fronterizos, falso self, masoquismo, entre otros. Como ya habíamos mencionado muchos de estos pacientes llegan ya con un homosexualidad asumida y por lo tanto con una "identidad gay". Pero existe otro nicho de pacientes de diferentes edades que acuden a consulta en el punto de clivaje de adoptar o no una identidad gay. Estos pacientes, en tanto su motivo de consulta, pueden tener un deseo consciente divergente o no de otro inconsciente: a nivel consciente puede acudir porque quiere deshacerse de sus impulsos homosexuales, pero en realidad a nivel preconsciente o inconsciente desea actuar la homosexualidad sin culpa; o viceversa, acude para deshacerse de la culpa por sus deseos o actos homosexuales pero en realidad le gustaría deshacerse de estos y poder llevar una vida heterosexual de manera satisfactoria. Esta discrepancia puede estar presente también en el analista y dar como resultado una Reversión de la Perspectiva (Etchegoyen, 1986).
Desde este punto de vista tendríamos entonces diferentes tipos de pacientes con atracción hacia el mismo sexo: aquellos que quieren aceptar este deseo como auténtico y poder disfrutarlo, aquellos que quieren erradicarlo de sí mismos y sentir atracción por el otro sexo; y lo que ya han asumido como propio y sin culpa el deseo homosexual pero que en dado momento si es que su análisis después de varios años profundiza lo suficiente y ya se han resuelto otros desafíos más urgentes podrían llegar a formar parte del segundo grupo.
Quedan ahora claras las diferentes combinaciones que puede haber entre estos tipos de pacientes y los tipos de analistas antes mencionados. Se da por sentado que estas categorías son solo teóricas ya que no existe dos subjetividades idénticas y tanto analistas como pacientes pueden aceptar o rechazar la homosexualidad en diversos grados y bajo diversos puntos de vista conscientes e inconscientes, mismos que formarán parte del campo inconsciente al que los intersubjetivistas como Stolorow y Atwood (1984) han llamado "prerreflectivo".
En el campo que estamos abordando una de las primeras demandas del paciente y que debe ser satisfecha es la de aceptación y entendimiento del analista lo llevan a revivir elementos de la diada materna como el ambiente de holding y el self-objeto arcaico (Kohut).
Hasta cierto punto las reglas de la abstinencia, neutralidad y anonimato pueden modificarse por la estructura de la subjetividad del paciente así como la del analista
El análisis de la transferencia provee un punto focal alrededor del que los patrones del paciente pueden ser comprendidos y transformados. La contratransferencia se refiere a cómo la estructura subjetiva del analista moldea su experiencia de la relación analítica y de la transferencia del paciente. Entre estos dos fenómenos surgen dos situaciones: la conjunción intersubjetiva y la disyunción intersubjetiva. (Stolorow, 1984) La primera se refiere a la similaridad entre ambas subjetividades en cuanto a la percepción de algo, y la segunda a cuando la percepción del analista no tiene que ver con la del paciente. La ocurrencia repetitiva de ambas es parte del proceso analítico y refleja la interacción de dos subjetividades, es por esto que el analista debe poseer una capacidad reflectiva de auto-observación y una capacidad para no ver las cosas solo desde su punto de vista y captar empáticamente el significado de las experiencias y percepciones del paciente. La correspondencia o disparidad entre las percepciones intersubjetivas pueden ser usadas para promover el entendimiento empático y el insight. La ausencia de una auto-observación descentrado por parte del analista puede impedir seriamente el progreso del análisis; de ahí la importancia ya mencionada de perderse en la idea de la "neutralidad".
Puede suceder que al ser muy similar la experiencia de ambos el analista no reconozca el contenido psicológico de algún material y este se quede sin analizar; esto es lo que algunos critican en le caso de los analistas homosexuales. De nuevo comparten ciertas defensas o incluso parecidas fallas en el juicio de realidad. Estas conjunciones resultan en un mutuo endurecimiento de la resistencia y la contrarresistencia y por lo tanto en una prolongación del análisis.
Ante una disyunción intersubjetiva las interpretaciones del analista podrían ser incomprensibles o fuera de lugar para el paciente. Cuando la disparidad entre ambos es muy grande y además no se reconoce se puede caer en una espiral de vicios contra terapéuticos donde la empatía es reemplazada por malentendidos que exacerban el sufrimiento del paciente y su psicopatología, esta es la fuente de las reacciones terapéuticas negativas (Stolorow, 1984). Lo que lleva al paciente a empeorar en vez de mejorar, pues no se siente aceptado.
El grado de analizabilidad, a decir de estos autores, estría coodeterminado por la habilidad del analista de descentralizarse de las estructuras de su propia subjetividad y de comprender empáticamente la subjetividad de su paciente y por lo tanto de la naturaleza de la transferencia. Es por esto de suma importancia que para evitar una RTN en un analista que rechaza la homosexualidad y un paciente que se identifique como tal, este debe sentirse aceptado en otros aspectos de su personalidad, satisfaciendo las necesidades del self-object fortaleciendo la alianza terapéutica sin caer en sobrecompensaciones reactivas. Si el paciente carece de aspectos que puedan ser valorados o reconocidos por el analista o este sea incapaz de hacerlo el tratamiento podría estar destinado al fracaso. El cambio estructural del paciente ocurrirá solo en el campo de la intersubjetividad al modificar sus identificaciones e introyectos, fortaleciendo su yo y mejorando así la relación con la realidad. El proceso de la transformación estructural no requiere que el analista interprete un rol artificial parental correctivo sino que consiste en su instancia observacional, la dedicación al uso de la introspección y la empatía para obtener y proveer el entendimiento respecto al significado de las experiencias del paciente. Esta tarea se dificultará ante una disyunción intersubjetiva. Un contexto intersubjetivo en el cual la diferenciación y definición del sí mismo pudiera cristalizarse; bajo un contexto facilitador de aceptación genera una identidad propia y auténtica. La aceptación que el analista hace del paciente va mas allá de su orientación sexual, debe poder ver más allá de eso, ir hasta los núcleos del self para que el paciente pueda hacer surgir su self verdadero.
Una defensa común en los pacientes homosexuales ante la aparición de algún deseo o fantasía heterosexual es el descartarlo ya que siente amenazado su frágil self. A través de un holding y una capacidad continente por parte del analista el paciente podrá sintetizar la ambivalencia y afectos contradictorios para poder tener una continuidad en su self, esto a través de una actitud de holding por parte del analista que reconozca, tolere y afirme estos sentimientos aunque sean contradictorios. Esto nos estaría hablando de poder aceptar una parte del paciente sin negar la otra, ante esto tendría que surgir el self verdadero, pero entonces cuál sería: ¿el homosexual o el heterosexual? La respuesta que cada terapeuta se da a sí mismo tiene que ver con sus creencias: si se afirma que la homosexualidad es constitucional por lo tanto en este self verdadero se confirmaría la homosexualidad, si se cree que la homosexualidad fue una construcción para defenderse de ciertos retos o dificultades en el desarrollo surgirá entonces la heterosexualidad. Existe mayor evidencia clínica para apoyar este último punto por sobre el primero.
De tal forma que los pacientes buscarán establecer en la transferencia analítica el contexto intersubjetivo de facilitación indispensable que había permanecido ausente o que fue insuficiente durante el desarrollo formativo, lo que de encontrarlo le posibilitaría que el proceso de un desarrollo heterosexual que se había quedado congelado o había sido sustituido por otro diferente (perverso) continúe su desarrollo ordinario llegando a una meta heterosexual
CONCLUSIONES
En una conferencia dictada en 1942 Edmund Bergler hablaba de la poca confianza que comenzaba a generalizare entre los psicoanalistas para curar la homosexualidad, citó a Freud cuando este hablaba de lo difícil que era tratar estos pacientes. Lo central de la ponencia de Bergler fueron ocho prerrequisitos para que el tratamiento de la misma fuera exitoso:
1. Sentimiento de culpa por los actos homosexuales
2. Aceptación voluntaria del tratamiento
3. Una cantidad no demasiado extensa de tendencias autodestructivas
4. Le preocupa más la realidad homosexual a la fantasía homosexual
5. No esta convencido de una dependencia psíquica completa de la madre
6. Ausencia de deseos de seguir usando la homosexualidad como una arma agresiva contra la familia
7. Cree en la cura
8. El analista adecuado
No profundizó mucho en los últimos dos puntos. Hoy, bajo la perspectiva de la intersubjetividad podemos entenderlos con mayor claridad.
El paciente cree que su problema es de atracciones no deseadas pero, al sondear en las profundidades del subconsciente, descubre que su problema no consiste tanto en un problema sexual sino que se trata de algo más, particularmente de un problema de identidad más profundo.
Se suele decir, que bajo ciertas excepciones no hay psicoanalistas malos sino inadecuados para determinados pacientes, es por esto que deben tener a su disposición tanto la terapia de afirmación gay como la terapia "reparativa" según el modelo ofrecido por los terapeutas de la NARTH. Sin embargo hay que tomar en cuenta que todo análisis profundo de un paciente homosexual (o gay) llegará al punto donde se analice y elabore lo referente a su atracción por el mismo sexo, lo cual en un contexto ideal, y si tanto el terapeuta como el paciente crean un espacio intersubjetivo propicio, como el que hemos descrito, esto llevará al paciente a un retorno o un encuentro con la heterosexualidad
Bibliografía
Artículos extraidos del sitio web de la NARTH (www.narth.com)
Las minorías y el psicoanálisis
Autor: Ximena Moreira Parra
" El racismo es horrible, tú no;
el racismo es malvado, tú no"
White, K (2002).
En la historia del hombre siempre se han observado formaciones de grupos según su raza, su nación, sus intereses políticos, como una forma de encontrar una identidad. El problema planteado en este trabajo es como se manejan las minorías, dentro de la sociedad y del consultorio en particular. ¿Es posible encontrar los mismos problemas que presenta una sociedad dentro del consultorio? ¿Cómo se forman grupos dentro de una sociedad? ¿Y que sentimientos despierta el pertenecer o no a uno de estos?¿que pasa con las minorías?
La dinámica de la sociedad inevitablemente se mostrara en la dinámica intrapsiquica, en las interacciones interpersonales, dentro y fuera del consultorio clínico.
Se tiene que tomar en cuenta el mundo social para predisponer al análisis a tomar en cuenta algunos patrones racistas y clasistas en la sociedad y en el consultorio.
En nuestra sociedad el hombre tiende a construir grupos, grupos religiosos o de nación, esto para manejar las diferencias y las similitudes. Parece que hay una necesidad humana para construir grupos en similitudes y diferencias. Grupos raciales, basados en características físicas, basados en quienes "son como yo " y quienes son "diferentes a mi", esto da seguridad, seguridad de estar dentro de lo familiar y lo conocido. Foucault (1980) argumentaba que dentro de la sociedad toda dicotomías establece una jerarquía. Desde este punto de vista, establecemos dicotomías de raza y genero, poniendo categorías unas arriba de otras con el propósito de dominar y controlar.
Erikson (1950) propone que una parte importante de la formación de la identidad es la identificación con su propio grupo y la exclusión de los demás grupos. El color de la piel es un símbolo concreto de la diferencia racial. Ser parte de una minoría representaría entonces identificarse con un sentimiento de tristeza y de no sentirse perteneciente a ningún lugar. Una persona que crece en un ambiente de segregación y discriminación podrá presentar en un futuro, baja autoestima, apatía, desconfianza, problemas en el manejo de la agresión y orientación al placer inmediato (Leary, 1995).
Es esperable que el racismo o discriminación se de dentro del trabajo clínico, es por esto que es importante conocer este fenómeno el la esfera de la transferencia y la contratransferencia. En un análisis donde el analista y el analizando pertenecen a razas distintas, los ataques de los blancos a lo largo de la historia de la humanidad hacia otros toman significado. Hemos disociado, negado y olvidado, que históricamente el blanco ha oprimido a las otras razas.
Santayana dice que aquellos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla; Freud notó algo similar en la vida de un individuo. Así un problema social se convierte en un problema de díada, entre analista y analizando perteneciendo a diferentes grupos, ya sea raciales, culturales, o de ideologías, donde ha habido un opresor y un oprimido, en la historia de un país.
Los humanos hemos crecido entre el amor y el odio, introyectando dichos afectos, luchamos por mantener las relaciones amorosas tratando de deshacernos de todo lo destructivo dentro de nosotros proyectándolo en los demás.
El mestizo proyecta en el negro o el indígena todo lo "malo" , la explotación, la criminalidad, el dolor y los impulsos tanto sexuales como agresivos. A su vez los negros e indígenas pueden identificarse con lo proyectado, esto es lo que llamamos racismo. "nombrar una diferencia no es solo nombrar una identidad, si no también crearla." Dalal
El hombre tiende a perseguir cuando es poderoso y a proyectar cuando es vulnerable. Y el racismo es ser el objeto de proyecciones y atribuciones toxicas, por lo que de alguna forma el racismo se dará más entre minorías, ya que se sienten más vulnerables.
Hay al menos tres formas de pensar el racismo: White, K (2002)
Es importante hacer consciente al paciente sobre estas proyecciones que la gente pondrá sobre ellos, como una forma de poderlas sobre llevar, las minorías de alguna forma serán agresivas con otras minorías, pues es una forma de defenderse ante el rechazo social y el rechazo propio como minoría.
Es importante explorar el uso de estereotipos, como a cada raza se le atribuyen características de personalidad que pueden ser reales o fantaseadas, un ejemplo podría ser ver al negro como atlético, musical y agresivo. A un oriental, talentoso en matemáticas, pasivo, cercano a la familia. A una persona con rasgos indígenas, talentoso artísticamente etc.…., así de alguna forma las minorías son etiquetadas.
Un terapeuta blanco con un paciente negro o indígena, sabe que su paciente y los que lo rodean han sufrido actos racistas por parte de los blancos. Viéndose a si mismo a través de los ojos del paciente, el terapeuta puede tener la fantasía de haber perperado dichos crímenes. Inconscientemente, esta situación puede evocar el sadismo del analista y el miedo a la retaliación. Así el terapeuta puede reaccionar tratando de reparar al paciente.
Al sentir en contratansferencia, desconfianza o duda hacia alguno de los pacientes también se sentirá culpa ( por ser envidiado).
En estos casos los honorarios pueden convertirse en un problema, ya que cuando la persona no este pagando, uno como analista puede llegar a sentirse culpable al cobrarlos, por ser el paciente el que esta en una situación "minoritaria". Y el paciente puede llegar a sentirse abusado, al pagar las sesiones a las que no asiste, pues supone al terapeuta en una posición "privilegiada" sobre la suya.
La imagen denigrada que el paciente puede tener sobre el mismo, muchas veces harán que el terapeuta sienta la necesidad de actuar o experimente esta sensación de ser devaluado a su vez por el paciente o de sentirse como el "explotador" cuando se le recuerda que no ha pagado.
Es importante estar pendientes de la contratransferencia que pueden despertar en nosotros pacientes que consideramos en condiciones "desventajosas" para poderlo poner en palabras, pues es probable que él este sintiendo lo mismo.
El paciente puede estar buscando la desaprobación y el enojo del terapeuta al igual que busca su aceptación y su comprensión. Y el terapeuta puede estar sintiendo vergüenza frente al paciente ya que el representa el "grupo social" al cual el paciente no puede entrar "los blancos, privilegiados", por lo tanto es el que lo rechaza y lo discrimina.
De alguna forma el psicoanálisis se olvida de la pobreza, la opresión y la discriminación, esta reservado para unos cuantos, es un privilegio. Creo que hay un punto ciego en este sentido, pues de alguna forma nuestra práctica es elitista, ya que hay un mínimo a pagar por consulta, y esta tarifa es muchas veces inalcanzable para los habitantes de esta gran ciudad. Con la existencia de una clínica, en la cual los honorarios a pagar son bajos, esta oportunidad se abre, pero queda el riesgo de que el paciente no se sienta lo suficientemente valioso ya que no puede pagar lo que el análisis realmente vale, lo cual hace surgir una vez mas el sentimiento de ser la clase no privilegiada, la clase oprimida. Ligando así el valor personal, con los privilegios y con el dinero.
Si no podemos comprender el daño que se ha hecho en la historia del hombre no podemos trabajar constructivamente con una persona perteneciente a otro grupo racial distinto al nuestro, ya que nos abstendremos de interpretar por miedo a dañar, o incluso negar la diferencia de color cierra la puerta para hablar del racismo existente y su impacto en la vida del paciente, no se trata de sentirse culpable o pedir disculpas, o incluso querer reparar, se trata de poderlo analizar e interpretar. Griffith (1977) y Franklin (1990) recomiendan que el terapeuta explore como se siente el paciente en cuanto a trabajar con un terapeuta blanco.
Karoo y Vandenbos (1981) sostienen que hará una resistencia por parte del paciente con "la cara blanca" del terapeuta, lo cual despierta enojo ya que el ha sido herido por personas blancas, siendo victima del racismo. El terapeuta debe esperar esto y hacerlo explicito, aclarar que espera que el paciente este enojado con el por tener una cara blanca, y que eso es entendible, dado el dolor innecesario al cual el paciente ha sido expuesto por ser negro o indígena.
Piderhuges (1973) señaló ciertas resistencias más típicamente encontradas en psicoterapia con pacientes negros que con pacientes blancos. Estos incluyan la negación de problemas, sentimientos paranoides, silencio, reclamos de ser victimas pasivas, tardanza en los horarios y los honorarios, cancelaciones y terminación prematura del tratamiento. Aunque esto se puede atribuir al hecho de no ser de la misma raza que el analista, el paciente siempre se sentirá más cómodo si se siente identificado de alguna forma con su analista.
De cierta forma lo más importante dentro de un tratamiento donde difieren las razas son los atributos y actitudes del terapeuta como la empatía, el ser genuino, la aceptación incondicional pero sobre todo la interpretación.
Bibliografía
Psicoanálisis y Música
Autor: Alfonso Chávez
En el tiempo: No hay respiro para la percepción sonora,
activa como de día como de noche;
solo se apaga con la muerte
o con la sordera total.
E. Lecourt
LA MÚSICA COMO AFECTO PREVIO A LA PALABRA: CONSIDERACIONES SOBRE LA MÚSICA EN EL CONTEXTO PSICOANALÍTICO.
A continuación presento a ustedes el siguiente trabajo que lleva por titulo Psicoanálisis y Música. Pretendo de tal forma analizar sobre la importancia que la música tiene en nuestro psiquismo y algunas de las razones por las que, en casi todas ocasiones se vuelve un aspecto que acompaña tanto a la salud como la enfermedad.
Así pues, me gustaría comenzar cuestionando lo siguiente. ¿Cuál es el momento en que la música se imprime de nuestros afectos y se liga por ende a ellos? En 1976 Didier Anzieu propone una envoltura musical. El vivenciar sonoro es hallado por el infante a través de experiencias tacto-visuales. El contacto visual y táctil que se tiene con la madre, permite al bebe, ir desarrollando su yo. La musicalidad se supedita en gran parte a las funciones de maternaje adecuado y el desarrollo del yo-piel del bebe. Una buena comunicación entre ambos permite que la música sea también símbolo del vínculo. En la obra musical por ejemplo, se representa a través del inconsciente la figura de la madre. (Gaitán citado por Radchick) Supongamos ahora que de alguna manera para conocer la musicalidad de algo, previamente debimos de haber hecho consciente que existía un instrumento que lo produce. Un instrumento con el que nos comunicamos con nuestra madre. Así el bebe comienza a explorar su entorno entendiendo que "es el" quien puede instrumentar un sonido, desde un balbuceo, hasta un futuro concierto. Resulta interesante pensar en el hecho de que la evolución que puede tener la música, podría ser una equiparación entre lo primitivo y lo moderno y su homónimo de infancia y adultez, es decir, que todo algún día fue más táctil, y que después se convirtió en heterogéneo y elaborado.
En este mundo musical menciona Gilbert J. Rose lo siguiente: "El hecho de convertirse simultáneamente en cantante y oyente, sujeto y objeto juntos pero separados y cantando, conduce a una deducción analítica: tal separación del yo, en cuanto a los aspectos de experiencia y observación, es una adaptación creativa que recurre al ambiente temprano de sostén del niño, en un marco de contención segura, en el cual los arrullos sensibles y la vocalización expresiva preceden notoriamente a la verbalización" . Hasta este punto llegamos a focalizar un primer momento de la vida musical del infante, que es todo aquello relacionado a las funciones desempeñadas por la madre en su vinculo, así como de las formas en que el infante se comunica, y que es a partir de esta relación que se harán conversiones futuras perceptibles en las figuras musicales observables en el adulto.
Al principio de este escrito cuestionaba sobre la relación existente entre la música y el afecto, definí entonces que el afecto tiene su vinculación a la música, en primera instancia debido a que es la diada madre-hijo, tan abundante en afectos que posibilita que el yo del niño se vuelva en formas sofisticadas como lo es la música. Para este caso Rose define que la música o el arte por si mismo funcionara en momentos posteriores como un yo auxiliar del sujeto.
Ahora bien, con la música sucede lo siguiente. En esta capacidad integradora y auxiliar al yo, existe algo que la hace diferente. Menciona Rose que "… los cuidados maternos en la etapa temprana: posibilita las transformaciones de los afectos a niveles abstractos mas elevados con la misma capacidad de respuesta emocional resonante existente en el comienzo". Es así que en el yo esta integrada la capacidad musical, al menos en el neurótico estándar.
Una vez que la música es internalizada, es que se da el comienzo a la posibilidad de que sea esta co-ayudante en la regulación del afecto. Esto le da la posibilidad a la música de convertirse en algo mas, la música se convierte en un excelente vehículo del afecto.
Resulta interesante pensar que el ser humano posea un medio tan rico en posibilidad de ligazón de afectos previos a la palabra. Y pareciera ser que entonces lo musical de un niño es basto en contenidos afectivos. También resulta importante destacar, que la posibilidad de comunicación a través de lo musical, sea algo, que persista a lo largo de los años, y que en general, sea un gusto para la gran mayoría de las personas. Existe tanta música, como afectos posibles. Y la a-musicalidad es también una posibilidad como un medio para expresar el afecto. Los silencios de la vida, también tienen su musicalidad. En la música también hay silencios.
El haber decidido sobre este tema surge de una pregunta que me hago en relación a la música. En tal ocasión me cuestionaba sobre la posibilidad de que la música se encontrara en el espacio de la persona, y por tanto en el espacio analítico. Me preguntaba sobre las razones por las cuales por ejemplo, una canción es tarareada en el camino al análisis o un radio sirve de medio de distracción para algunos pacientes o porque se responde tan especialmente a los ruidos súbitos en la sesión o porque tenemos nuestras canciones predilectas. A mi parecer, todas estas posibles banalidades, podrían ser una parte más importante del análisis de las personas, de lo que en ocasiones podríamos pensar. También me cuestionaba sobre las posibilidades de que la presencia de la música en nuestras vidas (y por supuesto entre ellas el espacio analítico) puedan brindarnos posibilidades a la introspección y al acceso a lugares donde habitualmente es complicado accesar. Todos sabemos de entrada que es muy difícil e incierto accesar en los lugares donde no existe la palabra. Pero, ¿que tendría a su favor el analista en su técnica, si pudiera desarrollar esta capacidad de abordar al afecto a través de una virtud musical? ¿Cómo abordaría el analista el afecto donde ni siquiera existe la palabra? ¿Para que le serviría incluir en la técnica los ruidos de su consultorio?
Cuantas veces no hemos oído. "Lo que pasa es que me siento mal, por el tono que me lo dijiste" o "Hable el otro día con Pepito, y se le oye muy triste, eh" o "Es que de verdad, no sabes escuchar". ¡Y es hasta en el vocabulario psicoanalítico que hablamos del "tono afectivo"!. Es decir, ¿todo aquel dedicado al psicoanálisis, podría desarrollar su sensibilidad en observar la música en sus pacientes? Perece ser que en realidad, no seria tan extraño pensar en que el hombre lleva la música por dentro.
Ahora bien, en cuantas ocasiones detenemos el análisis ya sea en pensamiento o en acto, analizando o analizándonos, para tratar de entender la obra musical que se esta gestando durante el análisis. ¿Cuándo? analizamos los tonos, ¿Cuándo? analizamos como oímos a los demás, ¿Cuándo? analizamos nuestra propia voz. ¿Porque para el paranoide, la voz se convierte en algo tan importante? (No es sarcasmo). En efecto, con el paranoide, tenemos que cuidar nuestro instrumento musical que es la voz.
De tal suerte que es nuestra voz uno de los músculos a entrenar. Y no por querer dar gusto al paranoico que usaba como ejemplo, sino para poder entenderlo mejor. Es decir la voz, una música en el espacio analítico, puede permitirnos facilitar el curso del análisis y trabajar contra las resistencias. Menciona Santiago Ramírez que: "Toda sesión y toda la vida tiene una melodía. El papel del terapeuta es encontrar el ritmo de la comunicación para hacerla comprensiva y significativa en su secuencia, en su pasado, en su prospección y predictibilidad". Tanto psicoanalista como analizado pueden perfectamente desarrollar la posibilidad de hacer música dentro del consultorio.
Recientemente me llego el siguiente caso a consulta. Es una niña de 8 años, su nombre es Renata. Renata acude conmigo ya que su madre se asusta mucho después de que un día, por iniciativa propia, decide regresar a su casa antes de que su madre llegue a recogerla al colegio. La historia de Renata, es que recientemente sus padres deciden separarse. Cuando Renata llego al consultorio me pareció una niña muy risueña. Es flaquita, flaquita, y me dio la impresión de que manejaba un look muy moderno, tal vez como la de Atrévete a soñar. Sin embargo en el momento en que comenzamos nuestra primera entrevista, la note muy tensa. Me impresionaba pensar que yo me convirtiera en una figura a la que se le temiera. Me sentía con la cara de enojón, literalmente. Continué haciéndole preguntas, las cuales eran respondidas a lo sumo, con monosílabos. Su voz se quebraba cada vez que hablaba, y ante mi insistencia, siempre me respondía, ¿no? Entonces cambiaba a un opuesto a mi misma pregunta, y volvía a obtener un ¿no? Buscaba entonces una pregunta neutral, y obtenía un ¿no? No había nada que conocer en cuanto sus afectos. Le pregunte que era lo que le pasaba y finalmente me comunico que tenía mucho miedo.
Posteriormente, comenzamos a intentar divertirnos con los juguetes de la caja. Percibí una dificultad en Renata para jugar. Los juguetes y juegos de mesa no le interesaban. De tal forma que me preguntaba sobre los posibles causantes del desinterés. Le propuse a Renata que hiciéramos unos títeres. Le dije que íbamos a hacer una familia. Ella propuso hacer cuatro integrantes. Mama, papa, hija y hermano. Pasaron varias sesiones mientras conformamos los títeres. Yo termine por coser los cuerpos por cesión suya. Ella elaboro las cabezas. Las agrego conectándolas a los cuerpos. En el momento de hacer el que representaba a su padre, al cortar los orificios para los dedos de la mano, (que serian los brazos) tuvo alguna equivocación a consideración exclusivamente suya, Renata inmediatamente retiro el títere, lo hizo bolita, y trato de esconderlo. Parecía que había infringido inconscientemente un daño al padre. En aquella ocasión platicamos sobre su padre, y con un poco de trabajo, comenzó a hablar sobre el, y sobre el miedo que tenia de ir para el fin de semana próximo, a su casa. Los primos no le caían bien, y decía aburrirse con ellos. Como si la nueva casa del padre fuera un lugar peligroso y aburrido, así como mi consultorio. En dicha ocasión hablo sobre su hermanito (del nuevo matrimonio del padre), y sobre el enojo que tenia hacia el. Después de esto Renata, no quiso hablar mas de su padre, creo que me hizo entender en aquella ocasión sobre como funcionaba su "no, tampoco". En el próximo encuentro que tuvimos, no quiso hablar ni jugar a nada. De repente al final, se me ocurrió comenzar a tocar mi guitarra que por casualidad estaba en el consultorio. Terminamos riendo bastante ese día. Me decía que yo cantaba muy feo. Y accedí pues a su petición, deje de cantar feo. (Es importante comentarles en este momento, que la principal agresión del padre hacia la madre es verbal). Después de pocas semanas donde comenzó a tener un poquito de confianza, de súbito termino el trabajo con los títeres. Le sugería trabajar con ello, pero parecían aburrirle, ya no quería trabajar más con ellos. Unas semanas después, de dicha sesión iría a casa de la madre donde iba a haber una boda y su madre seria madrina. Renata estaba feliz por el vestido que iba a usar, y por lo divertido que seria dicho encuentro. Toda la sesión hablo sobre su felicidad y me limite en abordar simplemente ese tema. Sin embargo, a la siguiente sesión, de la euforia y el gusto por tener dicho evento, llego con cara de tristeza y no quiso hablar sobre la tan anhelada fiesta. Parecía no haber cumplido en nada con sus expectativas. Se noto muy triste respecto a esto. Si bien había tenido a esta imago materna, no podía sentirse satisfecha. Parecía no ser tan suficiente como ella creía. Ese día fue que comenzó a hablar sobre los problemas que tienen sus padres y del abandonó que sentía por parte de ellos. Paso otra semana y tenia algunos nuevos juguetes para incluir en su caja. Eran unos títeres donde había distintos animales. Inmediatamente quiso jugar con ellos. El primer títere que eligió, fue un borreguito. El títere al principio no hablaba. Poco a poco fue adquiriendo, el habla. En el momento que comenzó a hablar el borrego, Renata comenzó a deeee-ccciiiiiiir tttoooo dddoooo cooonnnn voooozzz dddddddeeee boooorrreeeeegoooooo. Ese borreguito estaba tan nervioso como en la primera sesión de Renata, donde su voz se oía quebrada. Renata así podía ir integrando poco a pocoelementos donde los títeres funcionan como depositarios de sus catexis libidinales y agresivas. Las sesiones continuaron y poco a poco, Renata comienzo a vocalizar y dar palabra a las cosas. Sin embargo sucedió algo que me llamo demasiado la atención durante el periodo de sesiones que aquí les comento. Esto fue una conducta que persistía en Renata. Siempre que entraba al consultorio se sentaba en una silla frente a mí con una mochila que traía consigo. Durante muchas sesiones, hacia como que tenia cosas dentro de su mochila, las cuales parecía querer mostrar, pero a la vez no. Ante mis preguntas no accedía a mostrarme que era lo que había. Primero era un "nada, no es nada". Después era un "adivina" pero yo no adivinaba. A partir el día que comenzó a hablar el borrego en el tratamiento, volvió con la mochila, la puso frente a ella, y se aseguro de que yo supiera que ahí había cosas las cuales podía explicar, en caso de que así se lo requiriera. De alguna manera era como si me estuviera diciendo, ya te puedo enseñar lo que esta aquí adentro, y no hay tanto lio, eh. Yo infiero que aquella mochila representaba sus afectos. Los cuales no mostraría así porque si. La mochila era su cajita musical por así decirlo. Si bien no había música real dentro del consultorio (a excepción de una guitarra, una vez) la música estaba presente en la alianza terapéutica que se comenzaba a generar. Su vocecita poco a poco pudo irse convirtiendo en palabra, hasta llegar a la voz de un borrego, bastante platicador. Incluso la voz de Renata, en la actualidad ha tomado el cuerpo de un títere de tiburón que se come a los demás títeres. (Que por cierto hasta el momento todavía no habla, solo hace graaaaaauuuuggrrrr). Hasta dicho momento es que Renata pudo expresarse mejor, con una especie de alebrije de voz y palabra. Con voz y palabra al mismo tiempo, pudo expresarse como pudo.
Los niños son musicales, son creativos y terminaran por convertir en palabra la mayoría de las cosas, cuando se vuelvan adultos. Un poco después, "palabra", se les olvidara la música como principal medio para expresar los afectos. El medio para expresar el afecto se reprimirá. Cederá su lugar a la palabra. Y el lugar donde accederá la música para un adulto, será en principalmente en el área reprimida, donde se encuentran los afectos arcaicos de alguna manera. Por ejemplo, la música en el adulto podrá ser tan deseada en tanto exista el interés del adulto por conocer donde los afectos reprimidos se encuentran así un amor a la música es en analogía, muy similar al deseo de autoconocimiento. Y que por lo tanto lo que más nos interesa de la música son sus significados inconscientes, aunque en la mayoría de sus exhibiciones, no exista la palabra.
Ahora bien ¿que es lo que sucede con la música desde el punto de vista estructural, por ejemplo? La música mencionamos anteriormente que funciona como auxiliar del yo. También dijimos se va formando a la par del yo-piel. El yo posee sus funciones, y la música participa en la organización de ellas principalmente en la simbolización. Digamos que toda aquella mala sintonía que viniera por el conflicto entre las instancias puede ser organizada de vuelta por el yo, así la música auxilia al yo. Menciona por otra parte Radchick que" la experiencia estética esta conectada con la satisfacción que se obtiene al complacer las demandas formales del Superyó, cuyas capas profundas se relacionan con una esfera acústica pre verbal. Así la música puede calmar, aliviar o casi hipnotizar, como la canción de cuna que puede poner temporalmente una voz de amor donde había una reclamación interna." La música se convierte así en parte y órgano del yo del sujeto. De la organización estructural dependerán por ejemplo nuestras elecciones musicales. Nuestros "cuerpos" musicales compartirán coincidencias con los "cuerpos" de personalidad que tenemos, así como en alguna ocasión ocurrió entre el cuerpo del hijo y el cuerpo de la madre.
Ahora bien, desde el punto de vista tópico. Mencionamos que la música es un prolegómeno del afecto. Y si fue afecto, puede existir, tanto en lo consciente como en lo inconsciente. Posiblemente la única diferencia sean las formas de organización musical, es decir el lugar consciente-inconsciente donde se ubican afectos. Por tal motivo tan bien podríamos inferir que a la música se le reprime y se le censura con mecanismos de defensa. Incluso existe una analogía muy citada en el psicoanálisis, en relación al bolero de Ravel, el cual por si mismo representa la compulsión a la repetición del neurótico. Le preguntaría entonces a los aquí presentes, ¿Cuál es la canción que mas nos gusta y nos pasamos repitiendo?
Es también desde el punto de vista adaptativo, que podemos darnos cuenta que la música tiene un enorme sustento en la interacción social. La música es un tema socorrido de conversación. Los adolescentes la utilizan mucho también en el periodo de crisis y formación de su identidad. La música enamora, pero también esta presente en funerales. La música arrulla pero también nos despierta. La música esta en el ritual. La música nos recuerda y nos hace olvidar. En los restaurantes hay música, en nuestros coches, cuando hacemos ejercicio, en los bares a los que salimos, incluso en ocasiones nos levantamos tarareando una canción. Hay música en todos lados, y por tanto lo adaptativo es algo que se comparte con los demás y que por tanto es algo común, la música es común en la vida de las personas.
Desde el punto de vista biológico podemos también saber, que la música esta relacionada a la producción de endorfinas. Dicha producción permite al individuo enfrentar de mejor manera el estrés. También se sabe, que la música al actuar en el sistema límbico, funciona como un importante regulador de la agresividad. De ahí su capacidad de convertir la agresión al servicio de tanatos, en agresión al servicio de eros.
Ahora bien, desde el punto de vista económico, ¿como es que una persona puede ser beneficiada en su fortaleza yoica, y poder así beneficiarse de la música? Para este motivo Radchick menciona 5 factores necesarios para el desarrollo de la capacidad de crear, interpretar y escuchar la música.
El primero es la creación y el dominio de los sonidos, donde el niño al emitir sonidos hace una diferenciación cuantitativa y cualitativa de los efectos que los sonidos poseen. El segundo es el control cenestésico y el ritmo, donde la música provoca en el cuerpo ciertos efectos fisiológicos, como la aceleración del ritmo cardiaco, aunado a la emisión de sonidos y su sincronización con los movimientos corporales. El tercero el tiempo y la ordenación de los sonidos, donde la relación entre la madre y el hijo, a través de la compulsión crea representaciones simbólicas inconscientes de los tiempos definidos. La cuarta es la separación del objeto original y la relación con el objeto, es decir la música esta íntimamente ligada al tipo de relación objetal. La quinta, el uso de la fantasía, identificación y simbolismo, es decir que, para que la música exista, es necesario que dirigir a ella sus catexis y por ende convertirse en depositaria de energía mental. Así como menciona Radchick, existen diversos medios en nuestra exposición a la música, donde es que aprendemos a crearla, interpretarla y escucharla. Para el músico, al igual que en la vida, es necesario tener dichas posesiones de vida y de música, si no se emiten sonidos, si no se hace una sincronización con el cuerpo, si no se ordenan los sonidos, si no se relaciona uno con los objetos, si no se fantasea sobre la música, difícilmente el músico podrá tocar su instrumento.
El abordaje psicoterapéutico en la actualidad ha pretendido utilizar a la música como herramienta de trabajo en el consultorio. En realidad me parecería imposible creer que en los consultorios de los analistas, no hubiera existido un acercamiento a la misma. El abordaje clínico con niños, permite frecuentemente la utilización de la música en el juego como equivalente a la asociación libre. Mi cuestionamiento sin embrago radica sobre la idea de si la música pudiera ser parte del tratamiento del adulto. Como he mencionado en el presente artículo, la música forma parte importante de la vida del adulto también, y es claro que en el consultorio se encuentra mucho material donde la asociación libre trae a flote la música. Las personas especializadas en psicoterapia asistida por música, reportan interesantes hallazgos. Explicare un poco la técnica. Al igual que el psicoanálisis, la persona es recostada sobre un diván. Cercano al diván se selecciona algún tipo de música, en general música ambiental o música clásica. Las canciones son seleccionadas previamente conforme a las preferencias del paciente. Una vez recostado el paciente se da comienzo a la música, y se le pide que asocie libremente. Las intervenciones del psicoterapeuta son muy próximas a lo que llamaríamos una interpretación en psicoanálisis. Durante el curso de la sesión el psicoterapeuta escribe en una hoja todo lo que fue reportado por el paciente. Al final de la sesión se hace entrega de lo escrito, y finalmente se comenta sobre lo que sucedió. Si bien no es un psicoanálisis y el abordaje no es psicoanalítico, las personas reportan estados emocionales muy importantes. Digamos que de alguna manera las regresiones son muy profundas. Incluso hay mucha gente que reporta recuerdos muy interesantes, muy arcaicos. La influencia de la cosmovisión de oriente, por ejemplo ha demostrado que es a través ciertos tipos de meditación y la participación del sonido, que existen medios para acceder a estados de conciencia que trascienden de lo cotidiano. La experiencia de oriente, en coexistencia con la música por ejemplo, nos demuestra que en ocasiones, las formas de entender la vida, no son tan diferentes entre si, y que el autoconocimiento, es decir la conciencia de lo reprimido, que busca el psicoanálisis, comparte y se correlaciona, a muchas cosas que como el psicoanálisis son humanas; música, religión o psicoanálisis.
Sin embargo una cosa es muy cierta, y esta es saber, que la música forma un aspecto muy importante de nuestra humanidad. Que la música nos muestra y le muestra a los demás sobre nuestro psiquismo, sobre lo que fuimos, somos y seremos. La música parece haber comenzado mucho tiempo atrás, con todos aquellos homínidos que finalmente dieron un producto "el homo sapiens". En los rastros que dejaron encontramos instrumentos y pinturas donde podemos darnos cuenta de lo ancestral de la música, y de lo importante que esto resulta para el ser humano. Quiero pensar que al igual que temas como la religión, valdría la pena invertir nuestro interés en desarrollar más el tema de la música a partir de un abordaje psicoanalítico. Creo que como dicen algunos autores en psicoanálisis, el tema de la música por si mismo es difícil de tratar. Sin embargo esto tampoco puede hacernos pensar que es imposible entender. Decía Beethoven que "La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía" Y agregaría yo, que posiblemente, porque muchos afectos los comprendimos sin palabra, y la música nos percato de ello.
Bibliografía
La transferencia y sus destinos.
Disolución de la transferencia ¿Realidad o mito?
Autora: Fanny Blanck-Cereijido
Psicoanalista invitada de APM y APdeBA
Acaso tenga usted la impresión de que nuestras teorías constituyen una suerte de mitología, y en tal caso ni siquiera una mitología alegre. Pero, ¿no desemboca toda ciencia natural en una mitología de esta índole? ¿Les va a ustedes de otro modo en la física hoy?
Al principio de la vida del niño confluyen dos circunstancias, por un lado su extremo desvalimiento, debido a la prematuración con la que nace, y por el otro su pertenencia a un sistema social y cultural que le puede brindar los elementos para su sobrevida. Esto explica el sentimiento de profundo apego y dependencia por los primeros dispensadores de cuidados. La necesidad del otro para la sobrevivencia es el fundamento de todo sistema moral, dice Freud (1895). Así, el amor, los cuidados y el entorno familiar y social convierten al infans en bebé, en integrante del mundo simbólico. La creencia en la palabra de los padres y maestros le permiten ser receptor de conocimientos y cultura. Para poder apropiarse de esta experiencia que nos antecede, es preciso creer, tener confianza en la palabra del otro, de modo que creer permite sobrevivir.
Estos serían los antecedentes de los sentimientos religiosos, de la creencia en líderes carismáticos y también de la transferencia. La transferencia está ligada con la fe, con la adhesión al sujeto que proporciona imaginariamente la completud y el saber. Otras creaciones humanas basadas en creencias ficticias son las religiones, los mitos, las supersticiones. La ilusión omnipotente del bebé de ser uno con la madre, si bien necesaria para el desarrollo, también debe resignarse.
De modo que reconocemos un sitio esencial a la creencia, a la fantasía, a la ilusión y a la utopía en la fundación constituyente del sujeto y si bien Freud no concedió un status muy honorable a la ilusión, Winniccot la reivindica, y lo propio hace Pontalis. El mismo Freud le reconoce un lugar en la vida psíquica, como la expresión de los deseos. “Creencia”, dice Corominas (1980) proviene del latín credere, dar fe, aceptar algo como verdadero o real, imaginar, confiar. Por su parte, Ferrater Mora (1958) afirma que, por un lado, se ha identificado a la creencia con la fe y se la ha opuesto al saber y por otro lado, se sustenta que todo saber y toda afirmación tienen su base en una creencia. Cita a Ortega y Gasset, quien afirma que no es lo mismo pensar una cosa que contar con ella. Contar con ella es lo particular de la creencia, y las creencias son de este modo el estrato más profundo de la vida humana, el terreno sobre el cual se mueve la vida. Este ‘contar con’, se liga con la confianza, que puede ser definida como un esperar algo con firmeza y seguridad o dar por sabido que se cuenta con algo necesario; es abrirse a posibilidades que se esperan y se creen.
De las creencias, entonces, podemos decir que vivimos en ellas, que son el continente de nuestra vida porque se confunden con la realidad misma: son nuestro mundo y nuestro ser. Este carácter inamovible que tienen las creencias hace que no puedan ser discutidas o modificadas, salvo que se transformen en ideas, las que sí pueden ser cotejadas, cuestionadas o validadas. Las creencias últimas en el origen proporcionan una explicación necesaria, aunque en realidad obturan un vacío que existe siempre.
En la clínica, estos hechos se evidencian por la enorme perturbación que suele causar que alguien no pueda establecer mitos creíbles que funcionen como puntos de partida certeros acerca de su propio origen, como puntualiza Berenstein (2004). De este modo, creencias y mitos, constituyen un sostén a pesar de que deberán ser examinados y algunos caerán con el paso del tiempo. En realidad, los relatos que traen los analizantes tienen siempre un contenido mítico que forma parte de la propia historia, de la saga familiar, que como la historia oficial de las naciones, son mitos que han sido trasmitidos por el lenguaje, a veces a través del nombre y que pueden fijar un destino. Pueblan el consultorio versiones personales del mito de Narciso, de Edipo, que a lo largo del trabajo analítico podrán dar paso a tramas menos omnipotentes, menos trágicas, más libres, mas esperanzadas y vitales. Este cambio de la visión de la propia existencia permite desasirse de una atadura a un destino dado y crear una prospectiva, un proyecto para el futuro, que también veremos aparecer en el curso del análisis.
Como diremos más adelante, al referirnos a la transferencia, el problema que se nos plantea es poder cuestionar creencias y certezas y movernos adentro de los límites de la verdad, falible y parcial.
El despliegue de la transferencia
El sujeto recurre al analista por sufrimiento psíquico, por intolerancia a la división inherente al ser humano, o por vivencias de falta de amor, por desazón, vacío, desconocimiento del propio ser, por situaciones dolorosas o eventos traumáticos que vienen del exterior, que en general deben ser cotejados con la serie complementaria de cada persona.
Desde que tiene lugar el primer llamado, o aún antes, desde que el futuro analizante elige a quien consultar, se establece una relación imaginaria en la que el analista es investido de cualidades, expectativas, atribuciones que prefiguran la transferencia, esta “nueva historia de amor” como la llama Julia Kristeva (1986).
La transferencia es una reedición de un modo infantil e insistente de relacionarse con los otros, consigo mismo y con la vida, pero también es una creación, un vínculo nuevo, ya que el analista no reacciona ni responde del mismo modo que los personajes de la biografía y del entorno porque su función lo ubica fuera del juego intersubjetivo. La transferencia también está determinada por la actitud del analista, su existencia, su escucha. Para el analizante, su momento vital es nuevo y lo coloca en una circunstancia diferente, pues no hay repetición sin cambio. Lo que se repite es la imposibilidad de encontrar lo buscado, ya que el objeto está perdido de entrada.
Como lo que nos interesa es hablar de algunas características del proceso transferencial y de su terminación, vamos a reflexionar sólo sobre algunos aspectos del mismo.
La creación del sujeto supuesto saber descansa en la demanda del analizante que busca ser amado, confirmado en su ser por quien posea ese saber y le proporcione una verdad última sobre él mismo. Esa presunción de verdad que se le atribuye al analista es el motor de la transferencia, que proporciona la ilusión de encontrar quien garantice la certeza de los enunciados identificatorios y que oculte el vacío irremediable de la falta en ser.
La transferencia confiere al analista una fe que es producto del amor y que lo hace ocupar el lugar de objeto amado, ya que el analizante supone que el analista posee aquello de lo que él carece. En el trabajo analítico, esta fe debe desembocar en un cuestionamiento. Un analista que asumiera el lugar de poseedor de la verdad, pierde su función y habla desde el lugar de amo, lo que no permite al analizante encontrarse con sus propias verdades ni deponer su necesidad de negar la falta del otro, de considerarlo omnipotente y sin fisuras. De este modo, la atribución de la omnipotencia a la palabra del analista, es efecto de la colusión de ambos protagonistas en negar la castración y la muerte.
Otra vertiente para colocar al analista en ese lugar omnipotente es la proyección en él del Ideal del Yo. En este sentido, Freud escribe en “Psicoanálisis de las masas y análisis del yo” (1921):
“En ciertas formas de elección amorosa es evidente que el objeto sirve para reemplazar a un ideal que el yo quisiera encarnar en su propia persona sin lograr realizarlo. Se ama al objeto por las perfecciones que uno anhela para su propio yo y se busca por este rodeo satisfacer el propio narcisismo [...] hallamos una tendencia a la humillación, a la limitación del narcisismo, al eclipse del sujeto ante la persona amada [...] simultáneamente con ese abandono sublime a una idea abstracta, cesan las funciones reservadas a eso que el yo considera como el ideal con el cual querría fundir su personalidad. La crítica se acalla: todo lo que el objeto hace y exige es bueno y no es reprochable. No bien aparece algo que pueda ser desfavorable al objeto, la voz de la conciencia cesa de intervenir. Toda la situación puede resumirse en esta fórmula: el objeto ha ocupado el lugar de lo que era el Ideal del Yo”, y la identificación del analizante con él le confiere la posesión del Yo Ideal. Agregamos, no mas falta ni sufrimiento, pero si un tope narcisista al desarrollo vital.
El compromiso narcisista del analista se manifiesta por aceptar esta idealización, y por su conducta grandiosa, omnipotente y exhibicionista que puede llevarlo a un manejo omnímodo de los procesos analíticos. Este narcisismo satisfecho en una conducción autocrática de los análisis es egosintónico y establece transferencias mutuamente gratificantes. El trabajo analítico debe ir en contra de la identificación y para ello es central el paso del analista por su propio análisis, y el modo como encara el proceso de la cura.
El analista debe renunciar al lugar de SSS y aceptar su paso a la historia, al pasado del analizante. En cambio, es común en los análisis, sobre todo en los didácticos, la perduración de la influencia del analista, o de la identificación con él, en el ámbito personal y teórico. Por supuesto que la genealogía analítica, las filias, marcan al analizante, pero es de desear que en cierto momento pueda realizar un pensamiento que integre las producciones personales, lo propio.
Tanto condiciones externas como internas pueden conducir a que el analizante se aliene en el saber del analista y esté dispuesto a confiar de antemano en cualquier palabra de éste. Es este de antemano lo que constituye la fe o la transferencia mantenida: pase lo que pase, hay alguien que es infalible, que lo sabe todo. Si este aspecto de la transferencia es trabajado, el analizante no vuelve a confiar de antemano en nadie, salvo como una hipótesis a comprobar. En términos de Roustang (1980) la fe de antemano es el delirio siempre supuesto para lograr una nueva racionalidad, pero es una fe que se debe perder. Tan es así, que Piera Aulagnier (1991) afirma que la posibilidad de dudar de la palabra del analista es tan importante para el pensamiento como el descubrimiento de la diferencia de los sexos lo es en la infancia.
Como dijimos, las posibilidades de que el analizante hable su verdad dependen no sólo de él, sino también de que el analista lo pueda escuchar. Al renunciar a ser aquél que rescate al analizante de su soledad e incertidumbre, el analista aparecerá diferenciando entre lo real y la función simbólica que asume, aceptando entonces la noción de la muerte y de la castración de ambos.
Cuando un analizante comienza a hablar, lo hace desde un lugar otro que no se identifica con el analista, ya que es en todo caso, otro del analizante, padre o madre de su propia historia, el extraño que hay en él. Al formular la regla fundamental de asociar libremente, el analista confiere el saber al hablante, da lugar a que se manifiesten los deseos, las imágenes, los fantasmas que han habitado al sujeto a lo largo de su historia. Esta posibilidad de desplegar la propia historia contando con una escucha es una de las condiciones para que se produzca el amor.
Si el sustrato de la transferencia es el amor, ¿de qué amor se trata? El modelo freudiano del amor es primordialmente narcisista; esto es obvio en la elección narcisista y está presente también en la elección anaclítica, ya que ésta inviste a los objetos dadores de cuidado que en último término se refieren a las demandas del propio sujeto.
Lacan diferencia amor y deseo. El deseo apunta a la satisfacción, y el amor nunca es satisfecho, apunta al ser, a lo óntico, que es –según Heidegger -una actitud hacia el ente tal como es para dejarlo ser en sí mismo, en lo que es y como es. Lacan sostiene que existen dos amores: amor pasión, Verliebtheit y amor como don activo, Liebe. Este último apunta hacia el otro no como objeto, sino en su ser, el otro como sujeto deseante. Este amor por el otro, que es concebido como tal, remite también a la posición depresiva de Klein (1940), al otro concebido como separado y amar de esta manera puede ser un logro analítico.
Si nos planteamos los avatares del fin del análisis y el destino del ligamen transferencial, debemos recordar que Freud los formula en “Análisis terminable e interminable” (1937), planteando que junto a la etiología mixta de la enfermedad, tomaremos en cuenta la índole de las dificultades de resolución de la neurosis: Intensidad de la pulsión –entendemos que sobre todo de la pulsión de muerte-, magnitudes de las situaciones traumáticas sufridas y deformaciones yoicas adquiridas por los procesos defensivos. También se subraya la permanencia de la situación de castración, la roca viva con la que tropieza el ideal de completud.
Hay quien piensa que hay un verdadero, definitivo fin de análisis, una vez conocido el fantasma que da forma a la neurosis del sujeto, y que el analista, al caer del lugar del SSS, cae como desecho. Nuestra impresión es que está en las causas de enfermedad la posibilidad de tener que recurrir nuevamente al análisis, del modo como lo postuló Freud. Green afirma que pueden ser convenientes varios trechos de trabajo analítico para llevar un análisis a buen recorrido, ya que hay dificultades resistenciales difíciles de remontar en un momento, que hacen deseable esperar una ocasión en que la necesidad se haga nuevamente presente y la resistencia se debilite, permitiendo la consecución del trabajo.
A lo largo del análisis, caen los síntomas y el sujeto llega a poseer una historia que reinterpreta su novela, su mito familiar y personal, que adquiere otro sentido. Una historia que tendrá algunos puntos de anclaje en lo real, que le permiten situarse como sujeto de sus deseos y de su vida. Surge un sujeto que ha cambiado el seguro que obtenía de su fantasma, por un saber que ya no está basado en el saber del analista. Lo que queda, es un sujeto librado a su propia suerte, como señala Colette Soler (1988).
Cuando el sujeto se separa de los significantes que lo han esclavizado y sometido a lo largo de la vida y depone su creencia en el sujeto supuesto al saber, cae un aspecto importante de la transferencia. El duelo abre la renuncia al objeto perdido, y se restituye el narcisismo del sujeto. Desde ese momento hasta el fin del análisis, comienza un período oscilante de duelo y también de convicción de logro y posibilidad de libertad, junto a la propia división y falibilidad. La instauración del sujeto como tal consiste, paradójicamente en su destitución narcisista. El saber absoluto del analista ha caído, pero hay restos transferenciales que se elaborarán con el correr del tiempo y según las vicisitudes biográficas. En este sentido, el proceso de separación y de duelo corren paralelos. Pensamos que como en todo duelo, estarán presentes el dolor, el enojo, pero también el agradecimiento y el amor.
El desprendimiento está signado, como en todo duelo, por la especificidad de los participantes, su impronta narcisística, la historia de cada uno, caso por caso. Este proceso siempre habrá sido único y como en todo trabajo de duelo restarán recuerdos, y el dolor por lo no realizado, esperanzas y planes.
El fin del análisis, entonces, está marcado por el recorrido a través de la historia y por la necesidad del analizante de apropiarse de lo construido en el trabajo entre él y su analista.
México,DF diciembre 2008
Bibliografía:
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- Aulagnier, P. (1991) De lo originario al proyecto identificatorio. En: Cuerpo, Historia, Interpretación (Hornstein, L. y otros) Editorial Paidós, Buenos Aires.
- Berenstein, I. (2004). “El sujeto como otro entre (inter) otros. En: El Otro en la Trama Intersubjetiva. Lugar Editorial, Buenos Aires, Argentina.
- Corominas, J., Pascual, J.A. (1980) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Gredos, España.
- Ferrater Mora, J. (1958) Diccionario de Filosofía. Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
- Freud, S. (1895) Proyecto de Psicología para Neurólogos. En: Obras Completas, Vol. I, A.E., Buenos Aires.
- Freud, S. (1921) Psicoanálisis de las masas y análisis del yo. En: Obras Completas, Vol. XVIII, A.E. Buenos Aires.
·Freud, S. (1937) Análisis terminable e interminable. En: Obras Completas Vol. XXIII, A.E. Buenos Aires.
- Klein, M. (1940) Mourning and its relation to manic-depressive states. En: Love, Guilt and Reparation and Others Works. The Hogarth Press, Londres.
- Kristeva, J. (1986) Al Comienzo era el Amor. Gedisa Editorial, Buenos Aires.
- Lacan, J. (1975) Le Séminaire de Jacques Lacan. Livre I. Editions du Seuil, París.
- Roustang, F. (1980) Un Funesto Destino. Premia Editora, México. ·Soler, C. (1988) Finales de Análisis. Manantial. Buenos Aires.
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A los psicoanalistas no nos extraña que el diván y la labor
psicoanalítica se enfríen poco a poco con la probable y eventual
ausencia de nuestros pacientes al final de cada año, independientemente
del derecho vacacional que cada paciente y analista se reservan.
En la medida que avanza la época navideña anunciando la inminente
terminación del año, las cancelaciones por motivos vacacionales, por
eventos laborales, las resistencias inconscientes que se aprovechan del
infame tránsito navideño (al menos en la Ciudad de México) para poder
argumentar la razón que les impidió llegar a su sesión son muy comunes.
Los niños y aún más los adolescentes, por lo general aprovechan
inconscientemente este período resistiéndose a presentarse a su
tratamiento, aún y cuando están en casa y no salen de vacaciones, como
si la pausa escolar significara también la interrupción de su terapia.
Pareciera que todos quieren celebrar el fin de año y/o la Navidad y no
quieren hablar de los temas que realmente los están afectando. Es como
si quisiéramos “estar pero no estar”. Incluso los mismos analistas
podemos caer inconscientemente ante la tentación de “adelantar las
vacaciones” y no profundizar en los conflictos psíquicos de nuestros
pacientes por “temor a dejarlos abiertos”. A veces pareciera que tanto
pacientes como analistas prefiriéramos entrar en una especie de hibernación psíquica.

Tenemos que reconocer que muy a pesar de la tentación de postergar
nuestros conflictos para enero, el fin de año lleva de manera implícita
una serie de demandas y obligaciones (superyoicas) que nos resistimos a
reconocer y a enfrentar. En esta época se generan por lo general más
conflictos económicos, sociales, familiares y de pareja que en
cualquier otra debido a que muchas personas se sienten obligadas a
tener que relacionarse y compartir con otras que en otros momentos
tratarían de evitar. Por esto, no nos sorprende escuchar en la consulta
frases como: “odio
la navidad”, “por mí, me brincaría este mes”, “todas las cenas pasa lo
mismo”, “odio tener que elegir entre la casa de mi mamá o la de mi
papá”, “siempre acaban borrachos”, “es un día como cualquier otro”, "no
sé qué demonios regalarle", "es celebración de falsos", etc; frases a las que solemos etiquetar de manera divertida como propias del Síndrome del Grinch.



Entre lo somático y lo simbólico ¿la madre es la llave para acceder al pensamiento?
Autora: María Guadalupe Ramírez Fuentes
"Una madre puede convertir a un embrión en niño y sólo un padre puede convertir a un niño en hombre". Robert Bly
Diálogos del Cuerpo como tema central del Congreso de la Sociedad Psicoanalítica de México nos remite a una diversidad de modalidades de expresión psíquica y es un excelente motivo para compartir los avatares a los que nos enfrentamos en la experiencia clínica.
Los procesos somáticos adquieren especial relevanca dentro de este contexto ya que la población infantil es el blanco perfecto para manifestarse, pero resulta ser más, el síntoma familiar que el del niño en sí. Se convierte en un grito ahogado al no poder expresar lo percibido o sentido, no es una consecuencia de su ausencia, sino de un filtrado de las expresiones sin explicar, con la finalidad de proteger la unidad y la aparente armonía del sistema familiar. El lenguaje del síntoma entonces, expresado somáticamente por el pequeño, no sólo es el lenguaje de su cuerpo, ya que se compromete a tal grado, que su organismo reacciona con stress involuntario, debido a que la demanda no es de él (ella), sino de la totalidad del cuerpo familiar.
Ustedes se preguntarán ¿porque? ¿Si el enfermo es el pequeño(a)? Además, todos nos enfermamos y en última instancia todos estamos propensos a ello, ya sea por predisposición genética o por factores ambientales.
Sí, efectivamente, esos aspectos son determinantes y muy importantes, pero ¿ha considerado usted porqué un pequeño presenta mayor proclividad a enfermar? ¿Por qué presenta una larga historia de internamientos hospitalarios o por qué acude con tanta frecuencia al médico? ¿Cómo se desempeña en el ámbito escolar? ¿Cómo se refleja en la dinámica familiar? ¿Incide la enfermedad somática en el desarrollo cognitivo o en la función reflexiva? ¿Se refleja con ello el pensar lógico-deductivo?
Existen diversos elementos que es necesario considerar para poder dar respuesta a este tipo de interrogantes, pero lo que si estamos ciertos es que la diada madre- hijo(a) como factor fundamental en el psiquismo de ese nuevo ser no consolidaría un sano desarrollo sin el padre o quien se encargue de realizar la función.
El ser humano en toda su complejidad, siendo bebé y al igual que una antena parabólica capta toda la atmósfera que le rodea, ese contexto lo aborda desde lo sensorio-perceptual, matizado por una gama de emociones que consolidan su presencia mediante el afecto y el deseo de ambos padres puestos en ese nuevo ser.
La angustia, que deviene de angostamiento (canal vaginal o de parto), destaca la falta de aliento en el primer momento del alumbramiento. Es la sensación intensa de resolver y regular lo desconocido, y lo primero es respirar e iniciar todo un mecanismo distinto al vivido en el seno materno. Pone en juego en el nuevo ser, la capacidad para resolverlo, ya que se presentan sumas enormes de información que mediante los actos reflejos como dotación biológica puede solventar primitivamente en un inicio, no así durante toda su vida. La magnitud de los estímulos alcanza un nivel importante sin que el neonato pueda dominarlas mediante su aún incipiente psiquismo. Esa sensación llamada angustia, requiere de ser atendida y entendida para alcanzar niveles de estabilidad psíquica considerables y con ello lograr comprender toda aquella novedad que se está viviendo.
El cuerpo contesta en su realidad biológica, a través de mecanismos de alteración interna como tener hambre, sueño, desconocer qué es frío o calor, pero experimentarlo es una cosa y saber de qué se trata, es otra, por lo que la presencia de otro ser humano se torna imprescindible.
Este asistente puede ser la madre o un sustituto en el maternaje. Posterior al parto la madre se prepara biológica y psicológicamente para establecer un circuito de comunicación en el que su fundamental labor es conectarse con las necesidades de su pequeño, dentro de los marcos naturales esperados.
En un inicio el intercambio se dará a nivel de recepción cenestésica que implica la comunicación y sensibilidad materna profunda. Ella hará las veces de detector de señales que le ubique qué le pide o necesita su bebé y tenga la actitud y disposición para responder ávida y amorosamente, reconfortando y conteniendo el impulso o la ansiedad difusa. Requiere simultáneamente una explicación verbal de la naturaleza y magnitud de lo que ella cree que le está ocurriendo a su bebé, en este intercambio podrán existir errores de apreciación, pero el bebé lo hará notar de alguna manera. Esto no sólo implica acunarlo, es verlo a los ojos, es tocar su cuerpo, hablarle y decirle por ejemplo: ya tienes hambre, pero ahorita te daré tú leche y estaremos mejor, has de sentir el hambre en tú pancita, pero ahorita la llenamos. Ese simple hecho, contiene al bebé, el cual apenas está dándose a la tarea de conocer y con la ayuda de mamá, discriminará que no es lo mismo sentir hambre que sentir la defecación o el orinar o bien, cuando siente calor o deseos de dormir, todos ellos son estímulos distintos.
El padre también inmerso en este proceso, desde el simple acto de cargar a su bebé, le proporciona otro tono muscular dado que sus brazos sostienen con más fuerza e intensidad; el timbre de voz es más grave y fuerte, lo cual permite al pequeño(a) establecer diferencias de cuando es papá o mamá. Con ello la aparición de ese Otro que se hace presente en esa diada madre-hijo que parece indisoluble, el padre mediante su presencia hace sentir que existe alguien más al cual hay que tomar en cuenta. El padre cercano a su familia, distrae, juega y convive con su bebé propiciando el conocimiento y reconocimiento de su entorno con notables variantes respecto de su madre, así Papá y Mamá se convierten en una guía.
El bebé es como un turista en un país de visita que desconoce y requiere de orientación, señalamientos, restricciones y accesos que le propicien la exploración y su crecimiento.
La lactancia no sólo cumple con la función de alimentar o de proveer los anticuerpos e inmunidad para el bebé, crea un circuito afectivo el cual permite calibrar los avatares cotidianos y estructura el aparato psíquico. Y papá admitido dentro de ese circuito, entrará para apoyarlos y proveer el confort físico y psicológico necesario para ambos, realizando funciones de organización, contención y de relevo.
El bebé en un inicio, no intenta comunicar nada, la madre es la que le atribuye un significado a las señales y mensajes que el bebé emite, las respuestas son constantes y provocan un registro psíquico y corporal, que tiene una relación directa con el inconsciente materno y que le son ajenas a la madre en su control consciente. El padre una vez establecidos esos rangos los consolida, y a la vez propicia que esas demandas sean matizadas por el sí, el tal vez, o el ¡no! Criterios que establecerán los principios básicos mediante la demora, el desarrollo de la tolerancia a la frustración y el ajuste a una realidad que no responde sólo a su voluntad. Además le estimulan y desarrollan la capacidad de observación, de exploración, además de ubicar tiempos de actividades e inicio de horarios y la formación de hábitos. En diferentes momentos le anticipan qué va a ocurrir, lo preparan en lo posible a vivir y si no es así y ocurren situaciones inesperadas, lo acompañan y contendrán en un mundo nuevo a descubrir traduciendo de qué se trató la sorpresa o la eventualidad; simultáneamente imprimirán emociones y afectos de acuerdo a su propio sistema de referencias, dándole a su hijo(a) herramientas que le permitirán dar un significado a lo vivido, incluyendo en ello sistemas de expresión verbales y no verbales con carácter de representación. El bebé desarrollará su self y la capacidad de estar sólo e inicia el proceso de separación, de explorar, descubrir y el de pensar lo ocurrido, procesando todo cuanto se le presente, así como coloquialmente oímos decir, como una esponjita.
Ahora bien, en situaciones como la somatización, la madre presenta generalmente alteración de su mundo interno que le obstaculizarán realizar su labor metabolizadora. El bebé será receptor de descargas en su self que no han sido tramitadas o resueltas por su progenitora; hará las veces del continuador o actuador de las mismas cubriendo entonces las necesidades de su madre y no las propias. Las tensiones percibidas en la relación interpersonal cotidiana madre-hijo lo bombardearan, y como la madre no le ha dado carácter de consciente, la conexión de inconsciente materno a inconsciente bebé es actuada vía la expresión corporal, somatizando. Dicha manifestación permite al hijo un manejo relativo de aquello que percibe y descarga pero no comprende, por tanto puede convertirse en una defensa ante lo desconocido o bien una descarga impulsiva de la ansiedad o de la agresión y no encuentra cabida en su ser y la redirige, en este caso hacia sí mismo, con ello se permite estabilizar (entre comillas) su mundo interno.
Algunas de las variantes en las que se observa la expresión de las tensiones internas del bebé no procesadas y ajenas, es en el cuerpo a través de trastornos funcionales, ejemplo de ello son: los cólicos del primer trimestre, los vómitos, el insomnio, el espasmo de sollozos, el asma, el rash o salpullido, o bien en niños mayores observamos gastritis, colitis, problemas cardiacos o bien, dermatitis, entre otras.
La enfermedad es una forma de expresión, y se ha dado en llamarle "lenguaje corporal", lo cual no quiere decir que estamos hablando en términos artísticos o expresiones dancísticas. Estamos hablando de un lenguaje no descifrado, encriptado, sellado en el cuerpo, el cual sólo se aprecia mediante síntomas. Es una forma de intentar establecer una comunicación que más bien tiene visos de monólogo ya que pone en evidencia la incapacidad de integrar en un nivel psicológico los estados de tensión a los que está sometido.
Y ¿qué hay del padre?
La Función Paterna se encuentra enmarcada por tres referentes femeninos:
a) La interpretación que la madre se ha hecho acerca de la función de su propio padre,
b) la función que el niño asigna a su padre de acuerdo con la que la madre atribuye a este, y
c) lo que la madre desea transmitir acerca de esa función y lo que pretende prohibir acerca de ella.
Si consideramos que la relación de esa hija (madre ahora) con su padre fue buena y observó su participación en la vida familiar y sobre todo se le respetó el lugar por su madre, el padre vivido e introyectado, dará a su vez acceso y funciones al padre de sus hijos y sus hijos a su vez desplegarán el amor y el respeto a la figura paterna.
La presencia y función paterna a la que hago referencia no sólo implica el abastecimiento de provisiones alimenticias, manutención económica, actitudes de cuidados como relevo, que son elementos muy importantes para el desarrollo y quizás cualquiera de los dos puede realizarlo, pero aquí de lo que estamos hablando es que la figura paterna adquiere mayor relevancia en lo subjetivo, en la vida emocional de los hijos:
a) contribuye específicamente en la estructuración de la vida psíquica, ya que organiza la cadena significante inconsciente,
b) da acceso al orden simbólico y por consecuencia da paso a la cultura y lo social,
c) produce una inscripción del símbolo paterno que marca al hijo como varón y a la hija como mujer y auxilia en la configuración de la identidad genérica y a los procesos que llevan a la autonomía,
d) hace surgir la dimensión temporal y marca los tiempos en la familia,
e) asigna lugares y roles en la familia, discrimina la relación de alianza de las relaciones con la familia materna, por lo tanto protege el encuadre familiar y
f) promueve la salida de los hijos de la familia permitiéndoles emanciparse y generar un proyecto propio de vida, es decir asegura la apertura de la familia al grupo social. Este proceso no ocurre solamente en la infancia sino que es continuo a lo largo de la vida del hijo. El padre tiene un rol crítico en los procesos de iniciación y en los rituales en los que estos se apoyan para materializarse. A mayor déficit de función paterna, mayor perturbación de los procesos de emancipación y simbolización.
En ese sentido es importante recalcar que en la actualidad el número de madres solteras o divorciadas aumenta día a día, por lo que no sólo debemos enfocarnos al padre físico sino al ejercicio pleno de una función, una función que sea ejercida por un "segundo adulto" en vínculo con el pequeño(a) que esté disponible para mediar y discriminar lo que se supone un vínculo exclusivo y excluyente madre-hijo(a) que es similar al vínculo materno pero denominado vínculo paterno-filial, que se asemeja a un espacio transicional que le otorga al hijo(a) un lugar diferenciado, propio y seguro para consolidar su mismidad.
Cuando la presencia del padre es excluida y alimentada de rencores, venganzas o agresiones, la figura masculina en la madre, devendrá en un estorbo u obstáculo para ella y deseará ser sólo ella la que ejerza el poder con características de omnipotencia. Un padre concebido así, será devaluado y desplazado en el encuentro con su hijo. No le será permitido el ingreso a ese mundo que componen sólo la madre y el hijo y nadie más. La función reguladora, de separación, de ley, es en algunos casos, devaluada y en otros más extremos, suprimida. Y si a eso le sumamos que el padre no busca y garantiza su presencia y su lugar, se colude con el rechazo materno a la presencia masculina en la vida de los hijos(as).
Algunos niños, que ante tales fallas de explicación del mundo e integración de lo experimentado, se manifiestan o expresan a través de su cuerpo como se ha explicado, se deben asimismo a que las tensiones se han incrementado de tal manera que se han convertido en motivo de stress y no de representación y menos de simbolización.
La somatización, constituye una acusación contra aquella parte del propio self corporal que es vivida como perteneciente a la madre o simplemente se sintonizan con ella a tal grado, que actúan lo que la madre no pudo o no puede actuar. En pocas palabras, la enfermedad se convierte en un vínculo inconsciente con la madre, cuyo cuerpo también es atacado ante la no diferenciación y la falta de presencia del padre, a quien le es negado su lugar.
Los procesos somáticos, se brincan un puente fundamental que debió construirse conjuntamente padre, madre e hijo a fin de lograr acceso a lo imaginario, a lo fantaseado, cuyo desarrollo permite como una función fundamental del Yo, acceder a la mismidad, es decir, a la constitución e integración del self, del sí mismo. Cuando esta función no logra constituirse, se vive de forma concreta y manifiesta, no hay elementos, ni estructura para llegar hasta el peldaño de la simbolización mediante el pensar. La actividad de la fantasía en términos de desarrollo evolutivo, posee la cualidad de elaborar tensiones e integrar modos de funcionamiento psíquico; el problema está en que como forma de expresión es tal vez, la regresión más profunda y primitiva del psiquismo, porque se establece una comunicación interpersonal muy precaria mediante la enfermedad, se desarrolla un estilo vincular de apego del tipo ansioso e inadaptado, simbiótico y de naturaleza autodestructiva.
Presentación de Caso
La voz de un hombre joven se escucha al contestar, llama al consultorio para concertar una cita, el tono de voz es de preocupación. Su pequeña de dos años y tres meses comenta que ha estado enferma desde que nació. Él y su esposa han consultado una gran diversidad de opiniones médicas, una de las más recientes les ha sugerido la atención psicológica, pero el camino les es desconocido y realmente no logran entender qué tendría que ver esto. "Si no está enferma, ahora qué? está loca?", me dice el padre desconcertado, "hay veces que pienso que nada más eso me faltaba".
Siendo infantes, ambos padres fueron victimas de abuso sexual. Su vida sexual ha sido inconstante y sólo la penetración se pensó para la procreación de la pequeña. Tras ocho años de matrimonio y después de mucho insistir el esposo, programaron el embarazo.
Ruty es hija única. Nació por cesárea programada, ya que en el último ultrasonido se encontró que presentaba circular del cordón umbilical al cuello. Nació a término, presentó problemas al tragar al momento del amamantamiento y erráticamente sólo se lograron escasos 15 días de alimentación por este medio. Posteriormente se le cambió a fórmula y biberón, mismo que aún utiliza al momento de la consulta. Su madre comenta que presentó problemas de temperaturas elevadas sin motivo aparente y que éstas ascendían hasta los 41°C, situación que originaba su ingreso inmediato al hospital. A partir de entonces se le presentaron infecciones recurrentes de tipo respiratorio, intestinales y de vías urinarias, durando algunas de ellas hasta 15 días. Eso llevó a un lapso de 15 por 15, es decir, la mitad del mes estaba enferma y la otra mitad "sana". A ello se sumó una serie de alergias a medicamentos, cuya respuesta orgánica se reflejó en la piel, presentando salpullido y ronchas en todo el cuerpo, sobre todo ante los ingresos hospitalarios y la separación de la madre. Desde que inició la deambulación, ha sido muy agresiva con su papá, familiares, y extraños, incluso con los animales, a los que jalaba y pateaba; llegando a morder al gato de la abuela en la cola. No así con su mamá. La reacción ante la demora en sus alimentos o necesidad de defecar u orinar, desencadenó fuertes reacciones: berrinches y pataleo. En ocasiones llegó a conductas auto-agresivas mordiéndose los brazos y arañándose la cara. Durante los escasos dos años y tres meses de su existencia, la mitad o dos terceras partes de su vida estuvo enferma. En el Instituto donde la atendían, llegaron a decirles que probablemente tendría SIDA, situación que generó desajustes importantes en la vida de la pareja y por tanto de la familia. Fueron sometidos a exámenes los tres y después de varias semanas de esperar resultados, de estar muy sensibles y agresivos entre ellos, les dieron resultados negativos. Posterior a esta información les hicieron saber que ya no sabían por qué se enfermaba tanto y que un factor que no habían considerado era lo psicológico, así que recomendaron como su última opción, llevarla a terapia psicológica.
Previo al tratamiento, presentó problemas para dormir, comía escasamente y no le gustaba ir al baño sin compañía. Acudía al médico por lo menos una vez a la semana ya sea por presentar cuadros gripales, ronchitas, problemas intestinales, temperaturas elevadas. "No hay semana que no la llevemos al doctor, argumentó el papá, de todo y por nada está enferma. Si le da aire, frío o calor, hay problema, no sabemos qué hacer".
Ruty mide aproximadamente un metro y pesa alrededor de 8-10 kilos. Es de tez blanca lechosa, ojos grandes verdes esmeralda, cabello, cejas y pestañas pelirrojas, boca pequeña y nariz muy fina. Su complexión es delgada. Su lenguaje era escaso conmigo, pero no por eso incoherente y no deseaba hablar, se relacionaba conmigo haciendo gestos, lanzando golpes y patadas, a la vez que se chupaba el pulgar y se tomaba la oreja.
Como podemos observar el Caso de Ruty ejemplifica una relación exclusiva y de dominio madre-hija. En esta dinámica la madre requiere que la hija, sustituya al padre, Ruty representa para la madre un objeto de necesidad vital o de supervivencia, más que de deseo.
La pequeña está llena de necesidades ajenas, refleja los conflictos sádicos y sexuales sin resolver de sus padres, así como de sus vivencias sexuales y narcisistas insatisfechas. Y así como menciona McDougall (1987) con pacientes como Ruty, se tiene la impresión de que en la mente de los padres, no existe ningún proyecto relacionado con la independencia futura de su hija, por el contrario tal posibilidad ha sido negada o temida por lo que ésta representa.
La madre se presenta como "buena" en exceso, lo cual parece más un proceso defensivo de transformación en lo contrario y de agresión pasiva. Visto así, existe la posibilidad de un abandono psíquico, ya que los cuidados parecen totalmente indiferentes a las necesidades psicológicas y a los estados afectivos de Ruty. Es como si se volcara ante cualquier dolor corporal o síntoma físico, pero no así en tanto no esté enferma, no le resulta interesante si no está enferma. Así los aspectos "gratificantes" de la relación, dan la impresión de ser la prolongación narcisista y sexual de su madre y por tanto, que nada de lo que pudieran hacer su hija, pudiera satisfacerla o repararla, las necesidades de Ruty no cuentan.
Ante tal dilema, el niño tapón como lo denomina McDougall, es necesitado para que la madre mantenga su integridad y sólo encuentra salida ante la tensión psíquica con la somatización. Con una estructura defensiva de tal envergadura, el sujeto ya no necesita cortar los lazos con los objetos importantes, es decir queda atrapado(a) en un cuerpo para dos, no se sucede el proceso de separación-individuación que por naturaleza ha de presentarse. De ésta manera se hace evidente la agresión de la madre actuada por la hija y no está compensada por la función paterna de guiar hacia el mundo externo, de acompañar las experiencias de iniciación, de orientar, sin evitar la vivencia, dicha función no ayuda a crecer. Como podemos analizar, la representación metafórica en que surgen las emociones de esta familia, expresan el miedo a cualquier transformación que perturbe su estabilidad, en particular la amenaza que implica la individuación y con ello la disgregación familiar, elementos que claramente se observan en los mitos y los fantasmas de la unidad familiar. Estos mitos nacen y se organizan en el curso de la historia de la familia. Historias que surgen de la familia de origen de cada cónyuge y crean en la familia nuclear una red compleja de significados. En el pasado de esta familia, se encuentran eventos traumáticos no elaborados y se asocia a vivencias emocionales de intensa angustia de cada uno de los padres. En algunas situaciones psicosomáticas, los roles, interacciones y vínculos, aparecen inalterados, como si su potencial evolutivo o su capacidad de verse en evolución, estuviera bloqueado. En otros casos, aparecen intensos temores, como si el cambio o la evolución se viviese como una amenaza más, que como un crecimiento colectivo.
Hay un cordón umbilical físico, que corta el obstetra y hay un cordón umbilical emocional que sólo puede ayudar a cortar amorosamente el padre. Si esto no se hace, puede convertirse en tóxico lo que en un momento dado pudiera ser nutricio.
De tal suerte que como analfabetos emocionales, como tantos seres humanos que realizan funciones parentales, de cualquier edad, nivel cultural y social, de manera urgente y necesaria sobre todo los varones, reflexionemos sobre el lugar del padre, sobre su regreso a un espacio vacío que sólo él puede ocupar y que, como hombres, deberán aprender y enseñar a transitar por la vida a sus hijos de una manera nutricia y constante antes que dolorosa o trágica como lo antes descrito.
Las funciones familiares actualmente no son tan rígidas, exclusivas o privativas, encontrándonos hoy en día con roles no tan estrictos y estáticos para cada uno de los padres sino con funciones parentales compartidas y complementarias. Igualmente no es fácil y no siempre el peso histórico de estas formas de funcionamiento familiar pueden actualizarse y modernizarse acorde a los tiempos, no siempre el padre o la madre acepta ejercer su rol desde otro lugar. Esto del padre que sostiene económicamente y da seguridad y bienestar a la familia se hace en muchas familias pero ahora resulta difícil de sostener. Esto lo observamos a nivel mundial y ha cambiado, el trabajo ya no es estable y para toda la vida, estamos mas en una cultura de la supervivencia que exige cada vez más, capacitación, una flexibilidad a los cambios que no siempre están presentes en el grado necesario en todas las personas. Tenemos al papá que no termina de aceptar que la mujer gane mas dinero, o peor, que tenga trabajo y él no, o la mamá que no renuncia a ese cuento con final feliz que le trasmitieron tal vez sus padres o abuelos, de encontrar su príncipe azul que le diera todo lo necesario para ella y sus hijos y garantizara la felicidad de todos. Si bien el dinero no lo es todo es cierto, ya que con trabajo y bienestar no siempre los roles parentales se ejercen adecuadamente, si es cierto que el trabajo es el medio mas sano y viable que el hombre ha tenido para satisfacerse en primer lugar sus necesidades vitales básicas, sociales, de crecimiento personal, de capacitación y las de su familia. Los padres, representan el todo para los hijos. El hecho de que alguno de los padres falte o se sobre imponga en sus funciones, podrá provocar un desequilibrio emocional que con el transcurso del tiempo puede manifestarse de muy diversas maneras.
Para finalizar quiero leer una leyenda del rito del pasaje de la juventud de los indios cherokee que me comentaron recientemente.
Leyenda del rito de pasaje de la juventud.
Un padre observa a su joven hijo y comenta a su esposa "creo que ya es un joven" a lo que la madre angustiada responde ¿ya tan pronto? ¿realmente es necesario? Su padre le lleva al bosque, con los ojos vendados y le deja solo. El joven tiene la obligación de permanecer sentado en un tronco toda la noche y sobre todo pase lo que pase no quitar la venda de sus ojos hasta que los rayos del sol brillen en la mañana.
Él no puede pedir auxilio a nadie. Una vez que sobrevive la noche, él ya es un hombre. Él no puede platicar a los otros muchachos acerca de esta experiencia, debido a que cada chico debe entrar en la masculinidad por su cuenta.
Se encuentra naturalmente aterrorizado. Él puede oír toda clase de ruidos. Bestias salvajes que rondan a su alrededor. Quizás algún humano le puede hacer daño, piensa él. Escucha la fuerza del viento soplar y la hierva crujir, él sentado estoicamente en el tronco, permanece sin quitarse la venda. Ya que es la única forma aceptada en su tribu en que podría llegar a ser considerado realmente un hombre y ser tratado con respeto. Después de una terrible noche, el sol apareció, y por fin pudo quitarse la venda descubrió a su padre sentado junto a él. Veló toda la noche, para proteger a su hijo del peligro y mientras su madre oró a los dioses solicitando su protección.
Experiencia subjetiva del poder del grupo
Autor: Fátima Laborda Sánchez
El poder es la capacidad de producir cambios significativos, ya sea en las vidas de otras personas, o bien sobre si mismo, a través de acciones. Es decir, implica transformar, de una condición a otra, necesariamente está relacionado con el cambio; por lo que dentro de una sociedad, el poder del individuo, se evidencia en su capacidad de adaptación y transformación del medio.
Desde el punto de vista psicológico, el poder tiene dos acepciones: por un lado la capacidad individual, relacionada con la función yoica de dominio y competencia, que se manifiesta de forma intrapsíquica derivando en algunos casos en manifestaciones externas. Por otro lado, se encuentra el poder intersubjetivo y relacional que implica la capacidad sobre otros o sobre una circunstancia.
Foucault, siguiendo las ideas de Maquiavelo, explica que "el poder no es una institución, ni una estructura; tampoco es una cierta fuerza con la que estemos dotados; es el nombre que le damos a una situación estratégica compleja en una sociedad determinada" (1983). Su concepto involucra tanto las características de condicionamiento como de facilitación.
Para Paulo Freire (1986), el poder debe alojarse en la cabeza del dominado y llevarle a considerar como natural lo que desde el nacimiento se le esta imponiendo. Esto implica la capacidad de impactar en la vida de otros desde la perspectiva del sometimiento, sin embargo también existe la posibilidad de que el individuo valide y otorgue poder a otro, sea éste un líder/dirigente o un colectivo social. En el presente trabajo se expondrá esta última variante de poder y las posibles motivaciones que llevan a un sujeto a ceder parte de su poder personal al grupo.
En cada posibilidad social existe una relación que permite al individuo cumplir su voluntad, de acuerdo con Max Weber, así la sociedad puede ser vista como un conjunto de formas de condicionar la acción humana, pero también como lo que permite que esta sea posible, al menos en una cierta medida.
La sociedad moderna está amenazada por el fenómeno creciente de la concentración del poder dentro de las organizaciones, tanto privadas como gubernamentales, tienden a quedar bajo el control de reducidos, pero poderosos grupos políticos o financieros. Aunque los líderes son elegidos democráticamente, se observa una tendencia a integrarse en élites del poder que se preocupan básicamente por la defensa de sus propios intereses y posiciones a toda costa. (Weber, 1973).
En otras palabras podría decirse que en la actualidad existe el peligro de que las élites que deciden, nacidas en la sociedad a través de procedimientos legítimos, entren en un proceso mediante el cual el poder aumenta y se perpetua a si mismo retroalimentándose.
En el sentido sociológico incluye tanto al físico como al político al igual que muchos otros de los tipos de poder existentes donde las leyes son una interpretación de la evolución usada por individuos, con la finalidad de permitirles desarrollarse al más alto nivel adaptativo posible en su marco social.
Las cinco bases del poder fueron propuestas por los psicólogos sociales John French y Bertram Raven, en 1959. Desarrollaron un esquema de cinco categorías de poder que reflejarían los diferentes recursos sobre los que se apoyan los detentores.
Las cinco bases del poder |
Poder legítimo |
Poder de referencia |
Poder de coacción |
Poder de recom-pensa |
Poder experto |
Por otro lado, la teoría de la elección racional propone que, los individuos o grupos pueden ser modelados como "actores" que eligen de un conjunto de elecciones de posibles acciones, con la finalidad de intentar conseguir los resultados deseados. De esta forma la estructura incentiva de un sujeto comprende sus creencias sobre los costos asociados con las diferentes acciones de cada elección, y las probabilidades de que cada acción lleve al resultado deseado.
Foucault (1975) plantea su concepto de "tecnologías de poder", en donde, explica que el poder tiene que ver con acciones sobre otras acciones a fin de interferir en ellas, afirma que presume libertad en el sentido en que no es forzar, sino formas de hacer que la gente se comporte por sí misma de modo distinto de cómo lo hubiesen hecho de otra manera.
Afirma que los sistemas de creencias ganan fuerza (y por tanto poder) cuando un mayor número de gente acepta los puntos de vista asociados con el sistema de creencias como conocimiento general (hegemonía); las ideas cristalizan como correctas o incorrectas, como normales o desviadas. Estas ideas, consideradas como "verdades" irrefutables, definen una particular manera de ver el mundo, y se encuentra normalizado un modo de vida asociada con estas verdades. "La dominación [no es] ese tipo de dominación sólida y global que una persona ejerce sobre otras, o un grupo sobre otro, sino las muchas formas de dominación que pueden ser ejercidas en el interior de una sociedad" (Foucault, 1996).
Las sociedades occidentales se estructuran en la actualidad en organizaciones, dentro las cuales transcurre la mayor parte de las actividades e interacciones de los seres humanos, en consecuencia estas dictan las pautas de relación de las personas con ellas. El poder en este contexto ha ido cobrando cada vez mayor importancia por ser un mecanismo de control y de coordinación necesario para la consecución de los fines y objetos de la organización dado que es un sistema que integra a un grupo de individuos y por ello es necesario una regulación del comportamiento y una coordinación en las actividades, de modo que aumente la predisposición de las conductas; Katz y Kahn (1977) apuntan que esto sólo es posible mediante un proceso de conformidad.
El modelo racional considera a las organizaciones como instrumentos racionales para lograr determinados fines colectivos; desde esta perspectiva el poder es un instrumento para conseguirlos.
Es por esto que el poder es un aspecto potencial en toda relación social y se caracteriza por su condición de asimetría: el sujeto que posee poder ejerce mayor control sobre la conducta del sujeto que la sufre que la inversa. Sin embargo este último en un sistema social o grupo en donde se respetan su condición de individualidad, valida el poder del primero a través de sus actos en búsqueda de la consecución de un objetivo (sea consciente o inconsciente, saludable o neurótico); resultando endémico en los humanos, como seres sociales y gregarios que son.
Por otro lado, una sociedad es creación del imaginario social instituyente; este produce significaciones que la psique no podría producir por sí sola. Es la instancia que genera las significaciones producidas en un determinado grupo llevando a la emergencia las características particulares del mismo. Esta capacidad instituyente del grupo es su dimensión creadora: crea instituciones y significaciones imaginarias sociales; estas últimas no son necesariamente explícitas, ni son lo que los individuos se representan, aunque dan lugar a las representaciones, afectos y acciones típicos de una sociedad forman entonces a los individuos sociales; las significaciones quedan representadas en las instituciones. (Castoriadis, 1993)
El poder, entonces, pertenece al grupo, y, por lo tanto, somete a los sujetos a partir de la incorporación que estos realizan - mediante el proceso identificatorio- de las significaciones imaginarias sociales, en la medida en que estos participan de las instituciones de la sociedad que las transmiten. Influye en los individuos de una sociedad, para hacerlos funcionales a la misma.
Freud (1921) en "Psicología de las masas" explica que el individuo temeroso del conflicto con el grupo se hunde en la gran masa, abdica respecto del proyecto de desarrollo de sus cuotas de diversidad y especificidad. La impotencia infantil primitiva se extiende, sin modificarse, a la vida adulta, pasando del núcleo familiar al social, de las normas educativas a las imposiciones sociales con las que están en continuidad.
Entonces se infiere que el poderoso es hasta cierto punto continente, pero la calidad de este de dicha contención y el contenido determina el desenlace del grupo.
Siguiendo a Freud, la idea del banquete totémico plantea el espacio metafórico en el que se expresa la delegación al grupo para la significación de la transitoriedad; el lugar mental de la elaboración del duelo por el asesinato del padre, el lugar de la introyección de sus miembros por parte del grupo de los hijos. Esta introyección común les permite a los hermanos constituirse en una comunidad y reinventar un mundo regulado por leyes e ídolos compartidos.
Es por esto que el grupo social es el espacio psíquico que puede contener la dimensión del duelo, brindar los medios psíquicos para tolerar la pérdida, la separación, la finitud. Freud (1912) reconduce el sometimiento del individuo a la masa, a la necesidad de pertenencia, que quiere desarrollar una especie de psique colectiva, sin la cual el grupo no puede subsistir. En algunos casos la adhesión vuelve imposible soñar con convertirse en uno mismo, con emanciparse de la sombra de los objetos e individuarse.
Como animal social, el hombre necesita de los otros, puede autocomprenderse en la medida en que es considerado por otros que afirman o niegan su existencia, que lo incluye o lo excluye. Así también logra asegurarse otro fin, que sin el grupo le resultaría imposible: la perpetuidad por medio de la trascendencia. (Greenberg 1986, Solomon 1991)
El individuo decide, aún sin tener consciencia de tal opción, apuesta por una determinada condición de vida que implica limitaciones y potencialidades de manera simultanea y que de alguna manera compensa el beneficio obtenido al sacrificio adaptativo que requiere la pertenencia. Por ejemplo, dentro de una sociedad democrática el individuo cede parte de su capacidad de decisión en otros, representantes de él, elegidos por él, que toman decisiones en su nombre las cuales ha de aceptar en la búsqueda de un bien colectivo mayor que le permite mantener condiciones de seguridad necesarias para su supervivencia.
Entonces el sujeto valida el poder de otro dentro de un grupo social desde sus intereses dado que el poder individual tiene ciertas limitantes; congregarse a un grupo con el que hay una condición de identidad le permite obtener un poder mayor.
Referencias
Psicoanálisis y Deporte
Autor: Isabel Gutierrez
El objetivo de este trabajo es exponer la relación que tiene el psicoanálisis con el deporte, específicamente, en el deportista de alto rendimiento; así como la forma en que el psicoanalista puede influenciar para un mejor desempeño. Para ello, me parece importante diferenciar el deporte sano y, su contraparte, disfuncional.
Actualmente existe una disciplina que se le conoce como psicología del deporte en donde, Díaz (2001) explica que:
"el principal supuesto de la psicología del deporte es que el éxito o el fracaso del rendimiento deportivo, puede ser dimensionado en función de la preparación psicológica del deportista. Dicha preparación se traduce en la incorporación de programas de entrenamiento psicológico que optimicen el comportamiento deportivo antes, durante y después de la competencia".
Al comprender esta disciplina y sus deseos de ayudar en la preparación y motivación del deportista me pregunto ¿cómo es que el psicoanálisis podría ayudar en dicha tarea? Y ¿cuál es el papel del psicoanalista frente a un deportista que busca un análisis? Para contestar estas preguntas me remitiré a un breve recorrido histórico-cultural, para entender la psicodinamia del deportista de alto rendimiento y dar respuesta al quehacer del psicoanalista frente a este tipo de personas.
Comenzaré linealmente a manera de listado. En la Prehistoria, el ejercicio era llevado a cabo en las actividades cotidianas, como por ejemplo: correr para alcanzar a una presa, nadar para desplazarse de un lugar a otro e incluso en la lucha contra sus propios enemigos. Pensemos así, tales actividades como supervivencia, no como lo que hoy entendemos por deporte. Para la cultura grecolatina, eran los dioses los principales deportistas, como Hércules por ejemplo, quien al ser arrebatado de su inmortalidad, se vio en necesidad de someterse a un entrenamiento físico y que sin haber perdido el don de la fuerza, logró la destrucción de los titanes. Por otro lado, el deporte para las culturas prehispánicas, era un ritual ceremonial dirigido al sacrificio, como era el caso del juego de pelota, donde ambas contrapartes se enfrentaban a muerte. No es sino hasta los primeros Juegos Olímpicos, que tuvieron lugar en la antigua Grecia en el año 776 a.C., cuando se comienza a reconocer el deporte como tal, en donde eran pocos los deportes que se practicaban, en especial el atletismo. Los primeros Juegos Olímpicos, realizados como los conocemos hoy en día tuvieron lugar en Olimpia, Grecia, en el año 1892, los cuales, desde entonces se llevan a cabo cada 4 años en una ciudad distinta.
Los deportes Olímpicos se han ido expandiendo y han sido reconocidos por el mundo. Comprender el significado alrededor de la historia del deporte, es lo que ha hecho que hoy en día, disciplinas como el psicoanálisis, estudien los potenciales de los deportistas y las necesidades psíquicas que requieren para tener un alto rendimiento.
Ahora bien, creo pertinente diferenciar entre las personas que practican un deporte y los atletas de alto rendimiento. Las primeras serían quienes ocasionalmente "juegan" o realizan un deporte frecuentemente, sin un entrenamiento determinado y sin miras a la competencia o al desarrollo del mismo en un nivel óptimo. Y por el otro lado, el atleta de alto rendimiento es aquel que practica el deporte "en un alto nivel de trabajo y desarrolla su capacidades morfológicas, funcionales-fisiológicas, bioquímicas y psicológicas" (Alonso, 2002). Así mismo, Rego (2003) explica que "el atleta de alto rendimiento nace y se hace", lo que se entiende que lo genético, hereditario y ambiental tienen una amplia relación funcional para el deportista.
¿Cómo es la elección del deporte? ¿Por qué elegir un deporte en equipo o uno solitario? El desarrollo del superyo expuesto por Freud (1923) en el Yo y el Ello, nos habla de que "las elecciones futuras a hacer, irán dirigidas a cumplir con el ideal del yo". A partir de esto, hablando de una conciencia moral, todo aquél que quiera vivir con armonía en sociedad, deberá seguir una serie de reglas aceptadas e introyectadas por los miembros de la misma. De tal forma, es que en los deportes, del tipo que sea, una persona incapaz de seguir reglas no logrará un buen desarrollo en el mismo. Esta es la primera característica del deporte, sea en equipo o no, se debe de seguir con las reglas establecidas y aceptadas. Ahora bien, ¿cuál es el papel del psicoanálisis frente a los atletas de alto rendimiento? Para ello, creo que es importante ver que existe una gran gama de deportes, los de pelota, los de atletismo, los bélicos, etc.
Para poder cerrar las opciones de descripción de los distintos deportes, los reduciré a dos grupos: los deportes en equipo y los individuales, a razón de hacer más sencilla la comprensión del tema, así cómo poder diferenciar lo que lleva a una persona elegir un tipo de deporte a otro. Esta clasificación ayudará, a mi parecer, a entender la dinámica del deportista, ya que las reglas en un deporte personal, como podría ser un maratón, si bien son para darle estructura a la competencia, no serán internalizadas por el individuo de la misma forma que lo sería en un equipo, donde todo es colectivo; es decir, no es lo mismo un "faul" en fútbol, en donde se afecta con dicha falta a todo el equipo, que un atleta que en la prueba de Caminata o Marcha Olímpica corre algunos pasos y es descalificado, en este caso lo afecta únicamente él. Por esto es importante ver que en caso de un deporte en equipo, todos son una unidad, al igual que el atleta individual, sin embargo, cada integrante del equipo tendrá su personalidad y saldrá a la luz a lo largo del entrenamiento y las competencias.
"Los límites y las normas son mucho menos estrictas, por lo que a menudo se encuentra a merced de la audiencia donde la mortificación narcisista y entusiastas elogios son equilibradas en la peligrosa cuerda del gusto y del capricho. Los valores que se afirma en ganar por la normativa y su corolario en la forma en que desempeña el juego significa que un jugador que no ha estado a la altura de sus ideales de la victoria, siempre y cuando lo ha logrado en la reproducción por las normas y, por tanto, ha conservado su autoestima. Su conciencia está tranquila. Allí parece ser algo en lo familiar, adagios acerca del carácter en el deporte, para la defensa de los valores sociales a través de una adecuada introyección del superyo, que pueden rescatar el narcisismo de la doble derrota de perder y de trampas. Por lo tanto, existen buenas razones psicológicas para la aparente sobrevaloración de las normas en los acontecimientos deportivos" (Dervin, 1985).
Witman (1969) ayuda a diferenciar de forma más analítica la elección de un deporte:
"La cantidad de temor de lesiones corporales, ya sea en un nivel primitivo autoerótico, posterior a la ansiedad de castración, a menudo determina el tipo de deporte que el niño prefiere. Los deportes se pueden clasificar en una serie de daños potenciales (de carreras de coches) o en una serie de contacto con el cuerpo real (desde el fútbol hasta el golf) en el que existe amenaza de agresión".
Por lo que las vivencias de la primera infancia, los miedos y frustraciones son también un detonante en la elección del deporte a practicar. Ahora bien, las habilidades para un deporte u otro, determinan en gran medida, la elección del mismo, ya que, por ejemplo, una persona que tenga problemas de nacimiento en el hombro jamás podrá batear bien, lo que lleva a que descarte el béisbol. Las diferentes habilidades que cada uno tiene, se van conociendo en cuanto se descubren y se hacen uso de ellas. Además, entra también aquí la parte social, de reconocimiento y de introyección del ideal del yo puesto por los padres:
"es la entidad más alta, el ideal del yo o superyo, la agencia representate del vínculo paternal" (Freud, 1923).
Por lo que, a modo de ejemplo, se puede expresar que, un padre que inscriba a su hijo a un equipo de fútbol, que además es el equipo de la liga (de niños) a quien el padre admira, le compra su uniforme, etc., estará colocando en el niño un mensaje muy claro de lo que "desea de él", lo que hace que la elección pueda ser más por el deseo del padre que del niño propio.
Igualmente, puede suceder con el reproche de que elija un deporte que al padre o padres no les parezca, por lo que su elección no sea esa, aún siendo el deseo de quien lo elije. Debido a ello, toda selección de deporte dependerá no sólo de las reglas y habilidades físicas, sino de la impresión que se pretende dar a la aprobación de las figuras primarias. Con esto podríamos entender que el deportista puede percibir a los espectadores, al momento de la competencia, como figuras primarias que están esperando algo de ellos: ser los más rápidos, el primero en llegar a la meta, lograr un gol, etc.
La elección de la práctica de un deporte, en equipo o no, se encuentra estrechamente relacionada a dos cuestiones: a la capacidad de socialización que lleva a cabo el deportista, así como la competencia en dónde, a decir de Klein podríamos ver la envidia y los celos en su rival, esto llevando al miedo a la retaliación:
La envidia es una relación de dos partes en que el sujeto envidia al objeto por alguna posesión o cualidad. Los celos son necesariamente una relación del objeto total, mientras que la envidia se experiencia esencialmente en función de objetos parciales, aunque persista en relación del objeto total" (Segal, 2002).
A partir de aquí sería importante analizar si este punto tendrá que ver con el fracaso ante el éxito. Si bien en los diferentes deportes se menciona que un jugador "matará" o "aniquilará" a su oponente, ¿qué tanto este "acabar" con el rival puede llevar al miedo a la retalición? Por lo que si el deportista se coloca en la posición depresiva para sanar al perseguidor, seguramente se encontrará con grandes posibilidades de derrota en su competencia.
Withman (1969) menciona que "en donde hay competencia hay culpa", por lo tanto la culpa reparatoria, llevará muy probablemente a que el deportista se deje derrotar o que minimice sus capacidades: "es un gesto mágico en el que el jugador niega su fuerza y potencia. Dice, en efecto: 'Mira, no soy muy fuerte, tal como parece, estoy débil, no me parece que pueda ganar, estoy perdiendo'. Mediante este gesto espera evitar la represalia, que inconscientemente, si él gana puede venir" de esta forma se deshace de la posible retaliación. "Los objetos destruidos son fuente de incesante persecución y posteriormente de culpa" (Segal, 2002). Y finalmente, como una forma de defensa, podría hacerse una transformación en lo contrario y comienza a admirar al oponente, por lo que no lo podría destruir. Asimismo, es importante entender que la adolescencia es la etapa de la vida en que el ejercicio es más productivo, y en el que se convierte en el mecanismo de defensa más adaptativo para el ser humano: la sublimación. "Llamamos sublimación cierto tipo de modificaciones de fin y de cambio de objeto, en el cual entra en consideración nuestra valoración social" (Freud, 1932). Aquí me parece acertado diferenciar que no importa que el atleta de alto rendimiento sea olímpico o dispute en las mejores competencias, ya que como mencione anteriormente, los atletas de este tipo de competencias han practicado su deporte desde muy temprana edad. En cambio, los atletas de alto rendimiento, no amateur se forman en especial cuando encuentran el gusto por algún deporte en la adolescencia. Hasta aquí he logrado una descripción de la dinámica de la elección del deporte. Ahora me dedicaré ha hacer la diferenciación entre lo que es una práctica deportiva sana y la que no.
Lo más importante es conocer el objetivo consciente e inconsciente que lleva al individuo a practicar dicho deporte en su más alto desempeño. Razones las hay muchas, todo aquél que comienza a ejercitarse lo hace por algún fin, pero ¿qué pasa cuando el fin es algo disfuncional? Veo adecuado, por ello, realizar un diagnóstico diferencial alrededor de lo que son los trastornos de alimentación, ya que por definición la bulimia nervosa no purgativa es aquella que:
"durante el episodio de bulimia nervosa, el individuo empieza otras conductas compensatorias inapropiadas, como el ayuno y el ejercicio intenso, pero no recurre regularmente a provocarse el vómito ni usa laxantes" (DSM-V-TR).
De igual forma, uno de los criterios diagnósticos del CIE-10 para anorexia nervosa es que la pérdida de peso puede ser provocada por ejecicio excesivo. Incluso se podría hacer dicho diagnóstico diferencial con la Vigorexia, que si bien no ha sido reconocido médicamente como enfermedad, se puede observar una obsesión por poseer cuerpos con gran musculatura, aquí habría que diferenciarlo, por ejemplo, con el deporte olímpico de levantameniento de pesas.
Por todo ello, el trabajo del analista que se encuentra frente a un paciente que tiene deseos de convertirse en un atleta de alto rendimiento o ya lo es (por definición), es en un principio diferenciar si su elección ha sido sana: físicamente, por sus objetivos, por sus propios deseos o ideales; de no serlo, dar tratamiento a los síntomas, aquí lo escencial es trabajar lo que Freud describió en el Yo y el Ello:
"mientras que el yo es esencialmenterepresentante del mundo exterior, de la realidad, el superyo se enfrenta como abogado del mundo del interior, del ello… Conflicto es que entre el yo y el ideal reflejarán, en último análisis, la oposición entre lo real y lo psíquico, el mundo exterior y el mundo interior".
Ante aquel deportista que se encuentra en sanidad ejercitándose, el analista deberá llevar el trabajo en direcciones de entendimiento y cumplimiento de metas, es decir, en una preparación de la fuerza psiquica del sujeto, de lograr que la energía psíquica se relacione directamente con la física, así como el cuidado que requiere el cuerpo para lograr sus objetivos, como las revisiones médicas, alimentación adecuada, dormir lo necesario y entenamiento adecuado.
Por lo tanto el trabajo con el atleta de alto rendimiento es multidisciplinario y el papel del analista es desarrollar contención para las frustraciones y habilidades psíquicas de concentración de la atención y especialmente en la motivación.
Bibliografía:
Asociación Psiquiátrica Americana: Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (2002). Barcelona: Masson
Diversidad y Psicoanálisis
Autor: Christian Herreman
Podemos entender al psicoanálisis como una teoría psicológica que describe muy bien el reino del significado personal inconsciente, o bien como una forma de abordar la creación de significados personales. Este significado, tal como lo experimentamos, proviene, simultáneamente del afuera y del adentro, es un significado que mezcla lo sociocultural, históricamente contextualizado y la psicodinámica y la psicobiología, personalmente contextualizadas. El estudio de dichas subjetividades requiere de conocimientos cruzados de diversas disciplinas, ya que se trata de un conocimiento complejo, imposible de abarcar mediante explicaciones universalizadoras, se trate de el lenguaje, la biología, el poder o el inconsciente.
Desde el psicoanálisis, me intereso en los lugares y las formas que toma el encuentro de lo psíquico con lo cultural, ya que esto equivale a la relación que establece el sí mismo con el mundo. Este registro mítico de experiencia, la fantasía, es la expresión activa de deseos y pasiones que resulta central para la manufactura de mundos personales y sociales. Sin este concepto resulta difícil captar la inseparabilidad de sociedad y subjetividad en nuestra modernidad tardía. Es en esta relación que encontramos quizás el mayor aporte del psicoanálisis al estudio cultural: el de la participación de la transferencia en la creación de significados, en el repaso y reacomodo del mundo interno de cada sujeto con el mundo externo comunitario.
Nuestro concepto de transferencia se expandió desde la hipótesis de la utilización de la experiencias y las sensaciones del pasado para dar sentido y forma al presente hasta la afirmación de que los sentimientos y las fantasías inconscientes dan forma, construyen y dan significado parcial a los sentimientos y a la experiencia consciente. Los procesos transferenciales describen un área de creación de significado individual en el que cada sujeto negocia y reforma el significado de afuera y de adentro mediante la fantasía interna y los procesos emocionales y a través de los contextos intersubjetivos inmediatos. Mediante los procesos transferenciales, podemos movernos más allá de los determinantes psíquicos y culturales, hacia la fantasía, un espacio potencial donde reconocemos la naturaleza continua y a la vez cambiante de los procesos psíquicos.
El psicoanálisis contemporáneo no busca encajonar a pacientes en teorías o líneas de desarrollo. El trabajo psicoanalítico implica descentración e incertidumbre, que a su vez generan ansiedad, la cual empuja en el analista hacia una búsqueda defensiva de mayor certidumbre. Pero sabemos que es desde las “certidumbres” que concebimos pasados fijos que deben ser descubiertos más que concepciones que deben ser creadas. Corremos entonces el riesgo de fomentar una modernidad totalitaria que suprime diferencias a favor de un sentido instituido y unilateralidades históricas, de buscar “individuos que quieren comportarse como tienen que comportarse” (E. Fromm). En la medida en la que la cultura subjetiva genera y se enraiza en los significados específicos del sí mismo, éstos pasan a ser elementos sujetos a análisis, introducidos, consciente e inconscientemente al consultorio por el paciente, como elementos culturales que han llegado a ser psíquicamente suyos. El analista debe ser capaz de reconocerlos y comprenderlos, así como tener presentes sus propias preferencias y reacciones transculturales para no forzar su esquema superyóico en el campo paciente – analista.
Si bien la visión de género no se puede ver al margen de la cultura, el significado personal o emocional puede subestimarse a favor de una visión donde el papel del poder o el orden cultural tomen primacía o conceptualicen a la psique como completamente lingüística, donde el reino de lo simbólico está reservado universal y exclusivamente al falo y al nombre del padre y lo imaginario, precultural, no simbólico se reserva para la madre. Las teorías que no tienen un significado emocional, personal, individual relacionado con la fantasía, como expresión de los deseos, no pueden captar completamente los significados que tiene el género para el sujeto. El significado psicológico individual de género no resulta de un elemento aislable, sino de la combinación del significados culturales que crean la experiencia de sentido en aquellas categorías culturales que resultan signifiativas para la persona. Se trata de una creación única e individual y hay por lo tanto tantas masculinidades y feminidades como personas. Las fantasías inconscientes, cargadas emocionalmente, son tan constitutivas del género subjetivo como lo es el lenguaje o la cultura. Como ilustra el psicoanálisis, las personas se proveen de significados culturales e imágenes, pero los experimentan emocionalmente y mediante la fantasía y en contextos interpersonales particulares. El significado emocional, el tono afectivo y las fantasías inconscientes que surgen de dentro y no son experimentados lingüísticamente, interactúan, matizan y dan animación individual a las categorías culturales, las históricas y el lenguaje, es decir, los hacen significativos subjetivamente. Por lo tanto, las personas crean nuevos significados de acuerdo con sus propias y únicas biografías, sus estrategias y patrones de relación que dan significado más allá de las categorías lingüísticas o culturales. La construcción del sentido de género se cimienta en la fantasía personal de cada sujeto, y es esta fantasía la que el psicoanálisis invita a ser reflexionada, ya que no hay experiencia que no se inscriba por un lado en la sexualidad y por el otro en la sociedad. El entramado psicológico predominante de la sexualidad, el género, la desigualdad y el poder, todos saturados de significado introyectivo y proyectivo demuestra por qué es necesario que el psicoanálisis tome una postura tanto cultural como clínica. La investidura del deseo en las relaciones propio-otro y en las representaciones culturales es un aspecto clave en la identidad propia, porque constituye el talón de fondo emocional para cualquier experiencia de un mundo externo estable.
Como psicoanalistas tendemos a no tener suficientemente en cuenta los aspectos culturales inextricables y no reflexionados dentro de nuestra propia disciplina. Cuando lo hacemos llegamos a hablar tanto de la mujer como del inconsciente, en lugar de concebir a ésta mujer en este momento en particular. Tendemos a sobregeneralizar, a oponer a todos los hombres a todas las mujeres y a suponer que masculinidad y feminidad y sus formas expresivas son simples, más que complejas. Desde la clínica descubrimos que el género de una mujer o un hombre particulares es un proyecto continuamente invocado con que se construye el sí mismo, la identidad, las imágenes corporales, las fantasías y el deseo sexual, las fantasías sobre los padres, las historias culturales y los conflictos sobre la intimidad, la dependencia y la educación. Para caracterizar completamente el psiquismo de una persona tenemos que dar un relato del desarrollo individual, de la transferencia y del orden cultural. En ello descubrimos que los significados culturales del género son experimentados de maneras particularizadas personalmente, asociadas proyectivamente con significados emocionales y con fantasías inconscientes y recreados y cambiados transferencialmente; descubrimos también que el género individual también comprende las tonalidades emocionales de cada persona que acompañan las fantasías conflictivas, defensivas y reparativas particulares. Todos los aspectos de la composición psicológica de una persona particular para brindar a su subjetividad un sentimiento único.
Ni un relato exclusivamente psicológico, ni uno exclusivamente político o cultural caracterizan el género individual. Una perspectiva clínica proporciona evidencias contra los supuestos psicoanalíticos y culturales de cada día, que el género es evidente por sí mismo, que la biología determina a la biografía, que la organización del género es invariable histórica y culturalmente o incluso que el género es algo más fundamental que otros aspectos de localización social o de identidad. También proporciona evidencia contra los supuestos de que el género y la subjetividad son conceptos exclusivamente históricos, culturales o políticos. Lo que vemos es un sentido de género creado psicodinámica y culturalmente.
El psicoanálisis funciona como una teoría del significado personal que se enriquece constantemente, psicodinámica y lingüísticamente, de los significados culturales. También reconocemos cómo éstos pueden ser usados defensivamente para evitarle al sujeto el pensarlos. El psicoanálisis reconoce la complejidad, multiplicidad y profundidad de las experiencias más que versiones simplistas, “light” de la diversidad, que abogan por la ficción de la identidad y del sí mismo y que exaltan el olvido, el vacío y la incapacidad de elección y vinculación como un sano“desapego”. Esta maniobra, encaminada a sortear la angustia producida por la exposición directa a nuestras propias fantasías, a nuestra propia vulnerabilidad, encuentra en el psicoanálisis otra alternativa. En una época en la que la tradición ya no nos hereda nuestra identidad, en la que la experiencia personal de un sentido intersubjetivo y de una contención se vuelve continuamente problemática en contextos posmodernos de fragmentación y permutabilidad cultural y dislocación política, el psicoanálisis se ofrece como una herramienta de reflexión y creación de las continuidades y sentidos que, negociadas intersubjetivamente, conforman nuestras identidades. En este trabajo, el psicoanálisis busca y recolecta las angustias generadas por las condiciones culturales de la era posmoderna y facilita su integración dentro de un espacio afectivo compartido, en el que se toleran, antes que explicarse, las ambivalencias y las incertidumbres que operan en el psiquismo individual. La confusión y dislocación personales – la sensación de que nada tiene sentido - es el reflejo de las inmensas dificultades emocionales que puede llegar a representar el sostener cualquier experiencia significativa en la modernidad tardía. Esta dificultad equivale, al mismo tiempo, a las enormes posibilidades de apertura o toma de conciencia de los procesos psíquicos autoconstituyentes de las relaciones yo-otro. El psicoanálisis es un testigo más de la intensificación de las conexiones simbólicas e intersubjetivas, así como de una consciencia cada vez mayor de la creatividad y sobredeterminación de la fantasía en los mundos culturales y personales. Las identidades contemporáneas crean relatos organizados reflexivamente con respecto a la diversidad cultural de propio y otro, de representaciones sexuales, culturales, étnicas, religiosas, políticas y estéticas. Estas identidades posmodernas implican redes complejas y contradictorias de sentidos intersubjetivos, la emergencia y contemplación de la fantasía como ingrediente constitutivo de las realidades descentradas y como raíz de nuestro comercio con los significados. En esta intersección entre la imaginación humana y los procesos sociales se da el pasaje de lo simbólico moderno, como un modo de ordenar y dominar las erupciones de alteridad y fantasía, a lo simbólico posmoderno, una consciencia de la tensión y la angustia incrustadas en el lugar de la fantasía.
El reto del trabajo psicoanalítico contemporáneo, en este sentido, es favorecer posiciones de sujeto en las cuales el flujo y la fluidez inconscientes, por un lado y las representaciones y los significados simbólicos por el otro, permanezcan relacionados entre sí, tolerando la perplejidad y la deconstrucción que acompañan el encuentro con el otro desconocido. Esta tolerancia de la experiencia inconsciente de la subjetividad que está profundamente entrelazada con la alteridad, la ambivalencia y la imaginación, nos ayuda a ver que en el mundo posmoderno también se abren zonas nuevas de compromiso para estar con nosotros mismos y con los demás.
En la intimidad del consultorio de cualquier psicoanalista se escuchan las voces del sufrimiento, el dolor de sentirse inadecuado en el desempeño laboral, la dificultad para establecer relaciones interpersonales satisfactorias, la incapacidad para lograr metas o bien, una vez alcanzadas, sostener el nivel de satisfacción.
Las razones para experimentar este sufrimiento se encuentran en el mundo intrapsíquico del sujeto, donde se ubica la prohibición del placer y es nuestra labor ayudar a la persona a alcanzar el nivel de salud mental que Freud caracterizaba como la capacidad de amar y trabajar.
A través del camino terapéutico, tanto paciente como analista van en búsqueda de aquellos vestigios de historia infantil que impiden el sano desempeño, la vida plena del sujeto.
Uno de los aspectos más importantes de nuestro trabajo es la exploración del significado personal del trauma experimentado por el paciente durante su vida infantil y la resignificación que, a través del proceso analítico, logra realizar. Si bien las circunstancias varían, un elemento constante es que las personas continúan intentando construir significado y manejar psicológicamente las dificultades más profundas. Es evidente que los analistas necesitamos explorar no sólo los efectos patógenos del trauma, sino también los factores que llevan a muchas personas a ser resistentes ante sucesos terribles.
Varios de los niños maltratados logran una adaptación relativamente exitosa como adultos, mostrando el potencial resiliente de la infancia. La resiliencia puede ser un concepto funcional, pero en ocasiones el enfrentamiento adecuado tiene el costo de favorecer la vulnerabilidad emocional y comprometer el potencial de desarrollo.
Dado que los analistas y sus pacientes no podemos evitar ser parte del momento histórico, es importante ocuparse de cómo la sociedad en la que está inmerso el análisis, afecta la comprensión analítica del abuso. En algunos sectores de nuestra sociedad continúa teniéndose una actitud diferenciada ante el abuso sexual. El mensaje predominante consiste en considerar que los hombres no pueden ser víctimas de este tipo de agresiones. Esta actitud impide que el varón cuente con los mismos apoyos que tienen las mujeres; mientras que las mujeres son alentadas y contenidas por el grupo social, los varones se enfrentan al rechazo social, a la estigmatización y la pérdida de virilidad, dando como resultado la vergüenza, favoreciéndose la represión y la culpa. En esta situación a menudo el varón asume que acontecimientos como el abuso físico o sexual, conllevan un significado de auto devaluación, degradantes en grado sumo y esto dificulta la elaboración de su realidad histórica, que es una de las tareas psicoanalíticas.
En esta ocasión me interesa tratar sobre una problemática frecuente: la dificultad que algunas personas presentan para disfrutar, la prohibición que emana de su interior y que parece obligarlas a sabotear cualquier oportunidad de éxito, ya sea en el área profesional, familiar o personal. Paradesarrollar este tema hablaré sobre un paciente varón de 32 años, profesionista y de nivel socioeconómico alto, a quien llamaré Samuel.
Samuel acude a tratamiento refiriendo sentirse mal, inadecuado, para su edad nada siente haber logrado. También indica en la primera entrevista que antes había acudido con otro terapeuta, quien a su decir, le señaló que no veía ninguna razón para iniciar terapia, en su opinión solamente tenía que esforzarse más para lograr sus metas. Samuel refiere que al salir de las entrevistas se sintió peor, porque interpretó lo que le dijo este terapeuta como una critica, un regaño “en pocas palabras sentí que me dijo que si estaba así era por huevón”,contenido similar a las criticas que constantemente ha recibido en su casa.
Muchos psicoanalistas han explorado los aspectos concretos de la patogénesis del abuso infantil. Uno de los temas principales tiene que ver con el impacto de los cuidados con respecto al trauma. Paradójicamente, la tendencia a intensificar el apego como respuesta al trauma potencial que sostiene a los niños en riesgo psicológico, puede volverse en su contra, cuando la figura del apego es el origen del abuso. Entonces el niño, que se vuelve hacia el adulto abusador de forma más fuerte que nunca, está en mucho mayor peligro por las consecuencias materiales y psicológicas de este apego.
Samuel dice en relación a su vida infantil que nunca se sintió querido, se recuerda temeroso ante la posibilidad de ser regañado e incluso golpeado por faltas que a él le hubieran pasado desapercibidas. “Estando en mi cuarto, incluso ya dormido, de repente entraba mi papá y nos agarraba a golpes, insultándonos y muchas veces yo no sabía porqué”, en otras ocasiones los golpes eran a consecuencia de estar desperdiciando el tiempo: “estaba en mi cuarto, leyendo o jugando y entraban a reclamarme que no estuviera estudiando o haciendo algo de provecho”. Samuel refiere que desde entonces siempre se ha sentido intranquilo cuando está haciendo algo que disfruta, por ejemplo hablando por teléfono con algún amigo o planeando alguna actividad y, por supuesto, cuando realiza actividades auto eróticas, aunque cierre la puerta o sepa que no hay nadie en casa siempre teme que lleguen a castigarlo.
Los adultos que fueron maltratados en su infancia presentan con mayor frecuencia enfermedades psiquiatricas (típicamente desórdenes de ansiedad y depresiones), mecanismos de defensa primitivos, representaciones mentales del apego con sus padres más inseguras y un menor funcionamiento global que otros adultos quienes fueron bien tratados durante su infancia. Adicionalmente el estado de ánimo predominante es de tristeza.
Son varios los investigadores que han estudiado las consecuencias del abuso sexual infantil sobre la salud, reportando que para ambos sexos el abusador más frecuente fue una persona conocida. Los pacientes con abuso sexual reportan por lo menos un síntoma somático o emocional; se ha encontrado que en el grupo de abuso sexual es común reportar molestias de tensión muscular, problemas gastrointestinales, síntomas genitourinarios y reacciones emocionales como miedo, confusión, irritabilidad, sentimientos de culpa, ideas o conductas suicidas, deseos de venganza y conductas evasivas. Otros síntomas que pueden estar presentes son: depresión y baja autoestima. El abuso sexual infantil constituye uno de los traumas psíquicos más intensos y sus consecuencias suelen ser destructivas para la estructuración de la personalidad. Young (1992) realizó una amplia revisión teórica sobre el abuso sexual y sus implicaciones, con respecto a algunos efectos potenciales a largo plazo, como la conformación de la identidad personal y la integridad psicológica, en los que señala la influencia del trauma en la vivencia del cuerpo, la identidad, las disociaciones, así como las repercusiones en desórdenes de la alimentación o somatizaciones. Por otra parte, Perrone (1997) concuerda con la tesis de un ambiente relacional que predispone a situaciones de riesgo de abuso en la infancia, él identifica mecanismos psicológicos relacionales asociados al abuso sexual, que denomina "hechizo". El hechizo consiste en la inducción a una relación de dominio por el perpetrador sobre su víctima, que anula la conciencia y sus capacidades perceptuales. Este autor plantea que el fenómeno de hechizo parece no concluir una vez que ha terminado el abuso.
De acuerdo con Glaser (1993, citado por Maida 2005) una consecuencia del abuso sexual infantil es la predisposición a ser víctimas de otros abusadores. Bentovim (1992), citado por Maida (2005) describe en los varones una disposición a "externalizar" las consecuencias de su experiencia de abuso sexual, lo que se traduce en la eventual presencia de conductas abusivas hacia otros.
En el caso de Samuel existe un marcado temor de actuar abusivamente hacia los otros, considera que los demás pueden llegar a interpretar su conducta como motivada por el deseo de abusar y prefiere no relacionarse, cuando lo hace está tan preocupado por lo que el otro espera de él, que presenta una imagen distorsionada de sí mismo, sintiendo que tiene que someterse para ser aceptado. Lo cual, por supuesto, le genera enojo y resentimiento, reforzando el sentimiento de que las interrelaciones son dañinas. Cada vez que encuentra una mujer que parece mirarlo con buenos ojos, Samuel se pone muy nervioso sin saber cómo acercarse, terminando por hacer comentarios que resultan agresivos o inadecuados. También refiere que piensa que puede resultar desagradable porque supone que mira a las mujeres de manera lúbrica, amenazante, ellas se dan cuenta de lo excitado que está y se ofenden, evitando entrar en contacto.
Otras investigaciones han estudiado la relación entre patrones interaccionales familiares y la ocurrencia de abuso sexual infantil, encontrando evidencia que familias en las que habían ocurrido situaciones de abuso sexual, mostraban una mayor tendencia a mantener sistemas de creencias rígidos, coalición parental disfuncional, incapacidad en permitir el desarrollo de autonomía en los hijos, no disponibilidad emocional de los padres que estaban más centrados en sus propias necesidades que en las de sus hijos. De acuerdo con Glaser las propias y urgentes necesidades no satisfechas de las madres competirían con las intensas demandas de sus hijos, dificultando una actitud protectora hacia ellos.
Samuel refiere que ingresó a la universidad tardíamente, porque no estaba seguro de querer estudiar una profesión y también porque al terminar la preparatoria decidió ingresar al negocio familiar. Dice que su desempeño fue bueno, logró instaurar cambios que redundaron en mejoras para la empresa; pero estos cambios siempre fueron àcremente criticados por el padre, quien no dudaba en devaluarlo enfrente de los empleados. Samuel decidió retirarse de la empresa ya empezado el trabajo analítico, al darse cuenta de que la motivación para estar allí, había sido recibir la aprobación y cercanía con el padre, objetivo que no alcanzó.
En sus relaciones interpersonales dice que siempre ha elegido a las mujeres inadecuadas, sintiéndose atraído por mujeres de nivel socioeconómico más bajo, que mantienen relaciones de pareja donde son maltratadas o bien que están viviendo el duelo por un rompimiento reciente.Samuel llegó a conscientizar que el elemento común que hace tan atractivas para él a estas mujeres, consiste en su situación de sufrientes victimas de la agresión masculina, colocándose a sí mismo como el eterno rescatador y/o receptor de la agresión transferida, resultando hasta ahora en el establecimiento de relaciones pasajeras, donde él termina por sentir que la mujer en cuestión comienza a abusar, a aprovecharse de sus recursos. Por otro lado siente que las mujeres que le son físicamente atractivas no se fijan en él. Actualmente la idea de realizarse una cirugía plástica constantemente ronda su cabeza.Al hablar acerca de lo que considera poco atractivo en su físico, se refiere a su nariz, la percibe como desviada a raíz de una pelea con su hermano mayor, aunque admite no tener molestia ni alteración funcional. Se ha trabajado sobre el significado fálico de éste órgano y la fantasía de ser poco viril, simbolizando con la desviación de la nariz el temor de estar desviado en su identidad sexual.
Algunas investigaciones sugieren que el abuso sexual en la infancia puede predisponer a la homosexualidad, especialmente en hombres.
Samuel presenta varios elementos en su historia infantil que lo hacen proclive a sentirse poco viril, recuerda que le han contado que al saberse embarazada su madre deseaba tener una hija, puesto que el primer hijo fue varón; cuando nació Samuel la madre no renunció a su deseo y durante el primer año Samuel fue vestido, peinado y tratado como niña. Por ejemplo, en las fotos familiares aparece con ricitos muy bien peinados y su hermano fue terminantemente instruido acerca de la fragilidad del niño; según recuerda Samuel su hermano constantemente lo agredía, puesto que siempre fue màs grande y fuerte. Hasta la adolescencia, cuando entró a practicar artes marciales, Samuel refiere que era como las tiras cómicas, el flaquito y débil del grupo. Una vez que obtuvo el físico que deseaba, comenzó a temer actuar su agresión; explica que al estar peleando con su hermano sintió que podría matarlo, razón por la cual habitualmente evita los enfrentamientos con éste.
Otro elemento presente en su historia temprana es la experiencia de abuso sexual por parte de su hermano. A la fecha éste es un tema muy doloroso para él. Durante el primer año de análisis Samuel evitaba consistentemente cualquier referencia al tema, señalando que eso había pasado hacía tanto tiempo que seguro ya no estaba vigente.
Siguiendo la consigna establecida por Freud (1925), cuando un paciente se esfuerza en señalarnos que algo seguro no es, nosotros debemos anular la negativa y considerar ese elemento como precisamente el más significativo.
En relación a este tema Samuel tiene una mezcla de sentimientos: se siente culpable por haber sido parte de una pareja homosexual, donde él desempeñó la función del receptor, el rol pasivo femenino, validando así el mensaje de la madre de que él debía ser mujer, así mismo considera que el haber aceptado mantener esos contactos estuvo fundamentado en la necesidad y deseo de recibir afecto, por lo que en la actualidad siente desconfianza hacia sí mismo, considerando que es capaz de cualquier cosa con tal de recibir afecto; en su opinión por eso teme relacionarse afectivamente, pues sería capaz de dejarse abusar por alguien que él sintiera afectivamente cercano. Al mismo tiempo Samuel guarda un gran resentimiento contra el hermano, a quien considera su victimario pues se aprovechó de la carencia afectiva y también contra los padres, quienes con su comportamiento agresivo y distante, favorecieron esta carencia.
Samuel refiere que siente que su afecto y deseo sexual pueden dañar a las personas, recordando que terminó una relación porque disfrutaban demasiado la vida sexual y él pensó que seguramente le estaba haciendo daño a ella. Aunque este rompimiento data de hace 4 años sólo recientemente ha podido verbalizar que probablemente lo que hizo que terminara fué su gran temor a la cercanía emocional. Para Samuel resulta más fácil funcionar como amigo cercano, hombro en el cual llorar, consolador, que como probable pareja. En relación a este tema recuerda que desde muy pequeño tomó la decisión de nunca hacer sufrir a ninguna mujer como su padre hacía sufrir a su madre. Aquí encontramos muy claramente el factor que obliga a Samuel a sentirse atraído por un cierto y definido tipo de mujeres; recordemos, solamente le resultan atractivas aquellas mujeres con quienes puede fungir como rescatador. Este factor es la imagen internalizada de la madre, quien a pesar de ser la torturadora principal al mismo tiempo es la figura que más atracción ejerció sobre él. Ella se casó con un hombre de nivel socioeconómico por arriba del suyo, después de casada (estando embarazada) recibió el rechazo unánime de la familia de su esposo, teniendo prohibido frecuentar a su familia de origen y no siendo recibida por su familia política. Samuel recuerda que él se enfurecía contra el padre, quien no daba muestras de notar todo lo que la madre se esforzaba para hacer que estuviera bien; recuerda haber realizado en múltiples ocasiones en compañía de su madre y hermanos, el trayecto desde su casa hasta el negocio familiar, lo que implicaba usar tres transportes diferentes, con el objetivo de llevarle alimentos al padre para que no tuviera que consumir comida preparada en la calle y no haber recibido ni notado que la madre recibiera algún agradecimiento, sino que el padre insistía en que rápidamente se retiraran. En su opinión, porque el padre engañaba a su madre con empleadas del negocio. La madre, que aceptaba pasivamente la agresión del padre, descargaba sobre los hijos su enojo, golpeándolos, gritándoles y de acuerdo con lo relatado por Samuel, negando constantemente la aprobación, encontrado siempre una razón para descartar por disfuncionales las actividades de los hijos varones. No es de extrañar que las mujeres representen para Samuel unas figuras temibles, que desean destruirlo o quitarle todo aquello de valor que pueda tener. De cierta manera Samuel se identifica con la figura femenina, viviéndose como agresivo pasivo ysintiendo que el costo del placer es la destrucción. A lo largo del proceso analítico hemos elaborado el significado de obtener logros y lo amenazante que le resulta el ser observado. Sobre todo, el poder tener cosas valiosas (parejas atractivas, dinero, éxitos laborales) en pocas palabras, convertirse en posible objeto de envidia, si los demás notan que disfruta lo querrán destruir, si obtiene y conserva algo valioso los demás se enojarán y lo abandonarán. Por ejemplo, al salir del negocio familiar Samuel tenía la certeza de que los padres le retirarían todos los apoyos que hasta ese momento disfrutaba, pero para su sorpresa, actualmente el padre se ha mostrado bastante apoyador y cercano, ofreciéndole ayuda de diversos calibres, desde dinero para poder tener el espacio físico de su empresa, hasta consejos relacionados con el trato a los clientes.De todas formas Samuel se siente inseguro, considera que en cualquier momento cometerá un error garrafal que lo hará perder entre otras cosas, la cartera de clientes que ha logrado establecer. Las relaciones interpersonales han comenzado a poder ser placenteras; ahora considera que posiblemente sí existen personas que disfruten de estar con él aún cuando no los gratifique con algo material; sigue sorprendiéndose ante las muestras de afecto de los amigos y asombrándose al notar que alguna mujer está interesada en él.
Pero lo más importante, aparece en su horizonte la posibilidad de disfrutar, de hacer las cosas no solamente poniendo los ojos en lo que los demás pensarán de él, de cumplir las expectativas que alguien tiene a su respecto, sino apreciando las metas que tiene como importantes y sintiendo placentero el camino para llegar a ellas.
Bibliografía
Massie Henry and Szajnberg Nathan (2006) “My life is a longing: Child abuse and its adult sequelae Results of the Brody longitudinal study from birth to age 30”. International Journal of Psychoanalysis, 87 (2) April, 472-496.
El Goce del Síntoma
Autor: Carlos González
El goce se ha usado de forma indistinta para nombrar al placer, pero será a caso un sinónimo o un equivoco de la lengua. Según la Real Academia de la Lengua Española, gozar se define como:
1. Tener y poseer alguna cosa; como dignidad, mayorazgo o renta// 2. Tener gusto, complacencia y alegría de una cosa// 3. Conocer carnalmente a una mujer//4. Sentir placer, experimentar suaves y gratas emociones.
En esta definición llama la atención dos conceptos. El primero es que el goce tiene similitud con la felicidad y el placer, y en segundo término que una mujer estaría imposibilitada de sentir placer, a menos que sea en un acto homosexual o masturbatorio.
La Escuela Francesa, como su precursor Jacques Lacan, nos ofrecen una visión diferente del concepto Goce; el cual no se limita únicamente al uso de la palabra, sino a una herramienta que tiene su uso primordial en el trabajo analítico, ya que tiene injerencia directa en la escucha y la interpretación.
Recordemos que el síntoma es una formación de compromiso entre el Yo y el Ello, entre una pulsión y un mecanismo de defensa. La represión juega un papel primordial en el desalojo del contenido pulsional al Inconciente, sin embargo este mecanismo no es del todo efectivo, ya que la pulsión busca una vía de escape, un desplazamiento, el cual es incrustado en el cuerpo; ya sea en el acto conversivo de la histérica o en el pensamiento del obsesivo. De esta forma el Síntoma se define como la descarga parcial, sustitutiva y disfrazada de un impulso en su mayoría sexual, libido. Gracias a esta definición nos queda claro que el Síntoma es el Retorno de lo Reprimido.
En Acciones obsesivas y prácticas religiosas (1907), Freud no ilustra con genialidad la función del Síntoma, existe una renovación de la pulsión ante una Tentación, la cual genera un monto de Angustia en el sujeto, es una angustia ante la expectativa; el miedo a la pulsión misma. En consecuencia se asume un Castigo anudado a la tentación; la vivencia de la prohibición o la Ley del Padre, diría Lacan.
El Síntoma es la forma en que nuestra psique se defiende de la pulsión, Freud describió tres tipos de pulsión, la pulsión parcial las cuales están especificadas por una fuente (oral, anal); a lo largo del desarrollo del infante esta pulsión parcial se liga a ciertas representaciones o fantasías, obteniendo así una finalidad que se define como la satisfacción con objetos variables, esto da como resultado la pulsión sexual; que como hemos indicado es el cliente privilegiado de la Represión. La pulsión de muerte, se define como aquella que reconduce al sujeto al estado inerte, a la desintegración y la desfragmentación, y puede ser dirigida hacia el interior causando la autodestrucción o hacia el exterior dirigida a un objeto.
La pulsión de muerte tiene una fuerte implicación en la Compulsión a la Repetición, que es el motor de todo síntoma, se define como una serie de fenómenos repetitivos que difícilmente obedecen a una satisfacción o a dominar lo demoniaco, pero esta compulsión obedece tanto a la pulsión de muerte como a la sexual ya que estas no se encuentran diferenciadas o son fenómenos independientes "Es parte de la índole de las neurosis obsesivas, así como de todas las afecciones parecidas, que su exteriorizaciones (síntomas, entre ellos también las acciones obsesivas) cumplan la condición de un compromiso entre los poderes anímicos en pugna. Por eso siempre devuelven también algo de placer que están destinadas a prevenir, sirven a las pulsiones reprimidas no menos que a las instancias que las reprimen" (Freud, 1907). La pulsión sexual y de muerte se mezclan y desmezclan continuamente, el ejemplo más claro de la desmezcla es el Superyo hipermoral del obsesivo, donde la libido es impulsora del Yo y la pulsión de muerte se apodera del Superyo generando autorreproches y exceso de culpa.
El masoquismo es el modelo más claro de la combinación de las pulsiones, existen 3 tipos de masoquismo. El erógeno que se encuentra desde el comienzo de la vida y donde la excitación erótica, libido, se convierte en dolor; se divide en primario el cual se dirige hacia el propio sujeto y el secundario que se dirige hacia afuera y regresa al sujeto "El masoquismo erógeno acompaña a la libido en todas sus fases del desarrollo, y le toma prestados sus cambiantes revestimientos psíquicos" (Freud, 1924).
El masoquismo femenino, que se podría nombrar también como infantil, se define como la fantasía de ser castrado, poseído sexualmente o parir "La angustia de ser devorado por el animal totémico (padre) proviene de la organización oral, primitiva; el deseo de ser golpeado por el padre, de la fase sádico anal, que sigue a aquella; la castración, si bien desmentida más tarde, intervienen en el contenido de las fantasías masoquistas como sedimento del estadio fálico de organización" (Freud, 1924).
Por último y más importante el masoquismo moral, donde existe una disputa entre los preceptos morales, Superyo, y el Yo; el Superyo es la internalización de las figuras parentales, resultado del Complejo de Edipo, por lo que esta instancia protege al sujeto del incesto, por ende esta desexualizada "Podríamos traducir la expresión <<sentimiento inconciente de culpa>> por <<necesidad de ser castigado por un poder parental>>. Ahora bien, sabemos que el deseo de ser golpeado por el padre, tan frecuente en fantasías, está muy relacionado con otro deseo, el de entrar con él en una vinculación sexual pasiva (femenina), y no es más que la desfiguración regresiva de este último. Si referimos este esclarecimiento al contenido del masoquismo moral, se nos vuelve evidente su secreto prohibido. La conciencia moral y la moral misma nacieron por la superación , la desexualización, del Complejo de Edipo; mediante el masoquismo moral, la moral es desexualizada, el Complejo de Edipo es reanimado, se abre la vía para una regresión de la moral al Complejo de Edipo" (Freud, 1924). Esta descripción tan puntual de Freud nos ofrece evidencia clara de la ligazón del placer, pulsión sexual, con el dolor y la autodestrucción, pulsión de muerte.
El término lacaniano de Falo nos ofrece otra perspectiva "el elemento organizador de la sexualidad humana no es el órgano genital masculino si no la representación construida sobre esta parte anatómica del cuerpo del hombre" (Nasio, 1998) . El falo en el orden de lo Real es el órgano en si, el que no pasa por la palabra por que deja de ser lo Real, su esencia el pene.
El Falo Imaginario, la representación constituida por lo anatómico, lo libidinal y fantasmático; aquel que es fácilmente sustituible, ecuación simbólica, y aparta al niño aparta del goce de la madre, deseo incestuoso "Esta serie conmutativa , denominada por Freud "ecuación simbólica", esta constituida por objetos diversos cuya función, a la manera de un señuelo , estriba en mantener el deseo sexual del niño, a la vez que le posibilitan que apartan la peligrosa eventualidad de gozar de la madre" (Nasio, 1998) .
El Falo Simbólico, "significa y recuerda que todo deseo en el hombre, es un deseo sexual, es decir, no un deseo genital sino un deseo tan insatisfecho como el deseo incestuoso al cual el ser humano hubo de renunciar" (Nasio, 1998) instaurado por la Ley del Padre, el corte al vínculo Madre-Hijo; donde en un principio la relación dual, simbiótica, que soporta la ilusión de la Madre de tener el Falo (Hijo) y del Hijo de ser el Falo de la Madre. La Ley instaura un corte, le muestra al Hijo la prohibición, no puede poseer a su madre, lo castra.
Hegel, quien es retomado por Lacan, define el goce como: "Si digo que una cosa también me gusta, o si me remito a mi goce , sólo expreso que la cosa vale así para mí. Con ello he suprimido la relación posible con otros, que se basa en el entendimiento" (Hegel, en Braunstein 2006). Entendimiento, perdida de juicio de realidad, característica inigualable del síntoma.
Por lo que el Goce sería el placer que genera el dolor que sufre el Cuerpo, al satisfacer al Síntoma que pugna por un recuerdo, fantasmático, del cual el sujeto se defiende, "El significante fálico es el límite que separa el mundo de la sexualidad siempre insatisfecha del mundo del goce que es absoluto" (Nasio, 1998) . Siendo la palabra su opuesto, el que liga la pulsión con su representante.
Esto tiene un impacto en nuestro trabajo como psicoanalista, escuchar en donde se ubica ese Goce, donde la pulsión sexual y la pulsión de muerte aferran la existencia del síntoma; estar al pendiente de cómo el paciente va gozar con el analista, por ejemplo el masoquismo moral.
Interpretar el goce, darle palabra, nombrar lo prohibido.
Bibliografía
PDM Manual de Diagnóstico Psicodinámico:
Clasificación de los Trastornos de
Autor: Aura Sylvia Lorenzo Valdés
Introducción
El Manual de Diagnóstico Psicodinámico es un intento para caracterizar un amplio rango de funcionamiento tanto desde la profundidad como de la superficie de patrones emocionales cognitivos y sociales.
Objetivo: complementar al DSM y al ICD para catalogar los síntomas explicándolos desde el amplio rango de funcionamiento metal.
El esquema de trabajo formulado para el diagnóstico en el PDM describe:
Dimensión P.- Patrones y trastornos de la personalidad
La clasificación de los patrones de personalidad del PDM, toma en cuenta dos áreas: La localización de la personalidad como un continuo de lo más saludable a un funcionamiento a nivel de trastorno, y la naturaleza de la forma en que individuo organiza su funcionamiento mental y como se compromete con el mundo.
En el PDM, se define personalidad como formas relativamente estables de pensar, sentir, actuar, y relacionarse con otros.
Un trastorno de la personalidad se distingue en que existe tanta rigidez en la personalidad marcada por un déficit que hace que el individuo tenga constantes problemas en el vivir. Esto denota una condición que requiere tratamiento.
Capacidades del individuo que sirven de guía para evaluar la dimensión de severidad de para determinar si existe un trastorno de personalidad:
Las personalidades saludables (ausencia de trastorno de la personalidad)
La psicopatología se expresa en la interacción de estresares y de la psicología individual algunas personalidades que llegan a presentar síntomas cuando se estresan en la totalidad tienen un funcionamiento de la personalidad saludable. Tienen ciertas formas de afrontamiento, pero tienen suficiente flexibilidad para acomodarse adecuadamente a los desafíos de la realidad. El que alguien tenga consistentemente una mirada pesimista no es suficiente criterio para el diagnóstico de trastorno de la personalidad depresivo. Es de validez clínica sin embargo entender la personalidad en general del paciente, haya o no un trastorno de la personalidad.
Nivel de la organización de la personalidad (severidad del trastorno de la personalidad:
Nivel neurótico de los trastornos de la personalidad
Se caracterizan por su rigidez independientemente de que tengan todas las capacidades mencionadas en mayor o menor grado. Tienden a responder a cierto estrés con un gado limitado de defensas y mecanismos de afrontamiento. Entre los trastornos en este nivel se encuentran: el trastorno depresivo de la personalidad, el depresivo-masoquista, el trastorno de la personalidad histérico y el trastorno de la personalidad obsesivo y/o compulsivo. Frecuentemente acuden a tratamiento después de tener cierta idea de sus problemas y usualmente forman una buena alianza terapéutica con el clínico. Los terapeutas se sienten cómodos con un sentido espontáneo de respeto y simpatía o afinidad y tienen una expectativa de colaboración del paciente en la relación terapéutica.
Nivel límite de los trastornos de la personalidad
Tienden a tener constantes conflictos en las relaciones , una incapacidad de intimidad emocional, problemas con el trabajo, periodos de marcada ansiedad o depresión, vulnerabilidad al uso y abuso de sustancias y otros comportamientos adictivos como compulsión sexual, atracones de comida, autolesionarse, y otras actividades autodestructivas, falla en el control de impulsos.
Los mecanismos de defensa más notables son la escisión y la identificación proyectiva.
Los que tienen un nivel severo del trastorno hacen que muchas veces el terapeuta cometa “actuaciones” (ganas de matar al paciente o de salvarlo). Cuando están más trastornados el terapeuta puede confundirlos con psicóticos, ya que llegan a tener algunos rasgos como ansiedad aniquilatoria, o creer que las atribuciones que le hacen a alguien son correctas. Otros también reportan oír voces, pero a diferencia de los psicóticos, tienden a identificarlas como internas en vez de externas y a menudo son reconocidas (la voz de mi padre enojado).
Tipos de trastornos de la personalidad
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P101. Trastorno de la personalidad esquizoide |
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P102. Trastorno de la personalidad paranoide |
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P103. Trastorno de la personalidad antisocial P103.1. Arrogante P103.2. Agresiva |
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P104. Trastorno de la personalidad Narcisista P104.1. Arrogante P104.2. Depresiva |
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P105. Trastorno de la personalidad Sádica y Sadomasoquista P105.1 Manifestación intermedia: Trastorno de la personalidad Sadomasoquista |
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P106. Trastorno de la personalidad Masoquista P106.1 Masoquista moral P106.2 Masoquista relacional |
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P107. Trastorno de la personalidad Depresiva P107.1 Introyectiva P107.2 Anaclítica P107.3 Manifestación conversiva: Trastorno de la personalidad Hipomaniaco |
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P108. Trastorno de la personalidad de Somatización |
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P109. Trastorno de la personalidad Dependiente P109.1 Pasivo-Agresivo Versiones del Trastorno de la personalidad Dependiente P109.2 Manifestación conversiva: Trastorno de la personalidad Contradependiente |
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P110. Trastorno de la personalidad Fóbico (Evitativo) P110.1 Manifestación conversiva: Trastorno de la personalidad Contrafóbico |
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P111. Trastorno de la personalidad Ansioso |
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P112. Trastorno de la personalidad Obsesivo-Compulsivo P112.1 Obsesivo P112.2 Compulsivo |
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P113. Trastorno de la personalidad Histérico (Histriónico) P113.1 Inhibido P113.2 Demostrativo o Aparatoso |
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P114. Trastorno de la personalidad Disociativo (Trastorno disociativo de la identidad/ Trastorno de la personalidad Múltiple) |
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P115. Mixto/Otros |
2. Dimensión M.- Perfil del funcionamiento mental
En este apartado se ofrece una descripción más detallada del funcionamiento emocional, las capacidades que contribuyen a la personalidad individual y al nivel de salud psicológica o al nivel de patología. Es una mirada microscópica a la vida mental, sistematizando esas capacidades como sistemas de procesamiento y autorregulación; la formación y mantenimiento de las relaciones interpersonales; la experienciación, organización y expresión de los diferentes niveles de afecto; la representación, diferenciación e integración de la experiencia; el uso de estrategias de afrontamiento y de las defensas; la observación del sí mismo y de los otros; y la formación de estándares internos.
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Capacidad de Regulación, Atención y Aprendizaje.- permite que el individuo aprenda de la experiencia. |
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Capacidad para relacionarse e intimar (incluyendo la, profundidad, rango y consistencia).- |
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Cualidad de la experiencia interna (nivel de confianza y auto-confianza).- intenta capturara el nivel de confianza y auto-concepto que caracteriza las relaciones de los individuos con los otros y con la totalidad del mundo. |
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Experiencia afectiva, expresión y comunicación.- se trata de la naturaleza del individuo para la experiencia afectiva y la habilidad para su expresión en una amplia gama de patrones pre-representacionales y representacionales de los afectos. |
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Patrones defensivos y capacidades.- es la forma en que el individuo intenta afrontar con los deseos, afecto y otras experiencias, y el grado en las cuales distorsionan la experiencia en este proceso. |
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Capacidad para formar representaciones internas.- es la capacidad del individuo para simbolizar afectivamente el significado de la experiencia (organizar la experiencia en una forma mental, más que somática o conductual, mentalizar). |
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Capacidad para |
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Capacidad de Auto-observación.- es la capacidad del individuo para observar su propia vida interna. |
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Capacidad para construir y usar los Estándares e Ideales: Sentido de Moralidad.- es el considerar al propio self dentro de un contexto de experiencias presentes y futuras. |
Resumen del funcionamiento mental básico
Están consideradas las categorías de: regulación, capacidad de relacionarse, cualidad de la experiencia interna, expresión afectiva.
Perfil de funcionamiento mental
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M201. Capacidades mentales óptimas apropiadas a su edad y fase y con un grado esperado de flexibilidad y de estar intactas. |
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M202. Capacidades mentales óptimas apropiadas al nivel de Razonamiento de la edad y fase y con un grado esperado de flexibilidad y de estar intactas. |
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M203. Capacidades mentales óptimas apropiadas a su edad y fase con relación a los Conflictos o desafíos momentáneos del desarrollo. |
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M204. Leves Estrechamientos e inflexibilidad M204.1 Formaciones de carácter encapsuladas, por ejemplo: Daño leve en la regulación de la autoestima Limitaciones leves en las internalizaciones necesarias para la regulación de los impulsos, afectos, humor, y pensamiento. Externalización leve de eventos internos (por ejemplo: conflictos, sentimientos, pensamientos) |
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Alteraciones leves y limitaciones en la orientación del placer. Limitaciones encapsuladas en la experiencia de los sentimientos, pensamientos y en las áreas mayores de la vida (amor, trabajo, diversión). |
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M204.2 Formaciones encapsuladas de síntomas, por ejemplo: Limitaciones leves y alteraciones en la experiencia de los afectos y el humor (por ejemplo: ideación obsesiva, depresión vuelta en sentimientos en contra de sí mismo) Limitaciones leves y alteraciones en la experiencia de las áreas del pensamiento (represión histérica, desplazamiento fóbico, etc.). |
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M205. Estrechamiento moderado Alteraciones en el funcionamiento mental |
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M206. Estrechamiento estrechamientos mayores y alteraciones en el Funcionamiento Mental. Tendencias limitadas hacia la fragmentación de la diferenciación self-objeto. Disminución en la regulación de la autoestima Limitaciones en las internalizaciones necesarias para la regulación de los impulsos, el afecto, el humor, y el pensamiento. Externalización mayor de los eventos internos, por ejemplo: conflictos, sentimientos, pensamientos. Alteraciones y limitaciones en la orientación hacia el placer Limitaciones de la experiencia de los sentimientos y/o los pensamientos en las áreas mayores de la vida (por ejemplo amor, trabajo, diversión) |
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M207. Defectos en Representaciones Objetales |
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M208. Defectos Mayores en el Funcionamiento Mental Básico |
3. Dimensión S.- Los patrones de síntomas: La experiencia subjetiva
Esta sección se construye con base en las descripciones de síntomas del DSM-IV-TR, pero como un intento de elaborar la experiencia subjetiva del patrón de síntomas del paciente.
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S301. Trastornos Adaptativos |
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S302. Trastornos de Ansiedad S302.1 Trauma psíquico y Trastorno de Estrés postraumático S302.2 Fobias S302.3 Trastornos Obsesivo-Compulsivos |
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S303. Trastornos Disociativos |
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S304. Trastornos del Humor S304.1 Trastornos Depresivos S304.2 Trastornos Bipolares |
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S305. Trastornos Somatomorfos (Somatización) |
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S306. Trastornos Alimentarios |
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S307. Trastornos Psicogénicos del Sueño |
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S308. Trastornos Sexuales y de S308.1 Trastornos Sexuales S308.2 Parafilias S308.3 Trastornos de Identidad de Género |
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S309. Trastornos Fácticos |
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S310. Trastornos del Control de los Impulsos |
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S311. Trastornos Adictivos/Abuso de Sustancias |
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S312. Trastornos Psicóticos |
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S313. Trastornos Mentales basados en una Condición General Médica |
4. Caso Ilustrativo
Se trata de un abogado de 40 años con muchos talentos, su firma espera considerarlo para llegar a ser socio, estatus que nunca ha buscado oficialmente y no es una de sus ambiciones. Se presenta diciendo que aunque su vida podía ser envidiada por cualquiera, no es realmente feliz y no ve la posibilidad de ello. Siente que tiene suficiente dinero para vivir una vida cómoda aunque no extravagante, y no quiere hacer lo que tendría que hacer para tener significativamente más dinero.
Su habilidad para estar fácilmente satisfecho, enfurruña a su esposa quien también tiene una carrera en la cual trabaja duro, y no puede entender por qué él se conforma con tan poco, lo propusieron para un puesto mejor hace años, pero no le dio seguimiento a esta promoción. No se especializa en algo en su firma, pero él es totalmente ético, incapaz de hacer algo antiético. Entonces se ha convertido en el abogado del abogado, un consultante valorado en vez de un abogado defensor.
Es amigable, cálido, y abierto para relacionarse, inspira confianza y nunca defrauda. Es cauto en su trato y no molesta, pero espera ser descubierto como un experto. Los demás pronto se dan cuenta que él sabe la respuesta correcta, pero tienen que preguntarle. Es dulce y cuando trata de resolver los problemas de otros, está cerca de paralizarse obsesivamente como si el problema fuera suyo y siente que él tiene que tomar una decisión. Entonces si puede, él duda hasta que es demasiado tarde. Las cuentas se acumulan. Mientras que él avanza en su carrera, reconoce que nunca se ha decidido totalmente en lo que quiere ser. Le gustaría ser un explorador submarino, un amateur consumado más valioso para las expediciones. En contraste con las decisiones veloces y certeras que toma para defender a sus clientes y colegas, para sus cosas esto mismo no sucede, ya que aunque tiene todas las credenciales que él necesitaría para ello, nunca se permitiría a sí mismo hacer un movimiento serio en esa dirección, tiene la certeza (como en todos los asuntos importantes concernientes a sí mismo), que si tomara esa decisión, lo haría humilladamente mal,
Siempre está en el lugar correcto cuando alguien está buscando una persona con sus habilidades o atributos, manteniendo la fantasía de que lo escogen y no que él escoge; como lo hicieron su firma de abogados y su esposa, quien lo pesco y se casó con él. Ahora tiene varios niños, es un buen padre, dice que su esposa está muy enamorada de él, lo que lo exaspera. Sueña con que un día esto cambie, y que una mujer lo excite pero con la cual él no podría escoger casarse. Él se comporta con ella de la misma forma caliente y fría con que lo hace en el trabajo, ella lo descubre y se decae. Mientras que él sabe que nunca la hubiera escogido, la abraza como el ideal, la única por la que siente verdadero amor.
Por años se ha sido un comedor de uñas crónico y niega la ansiedad, sólo lo acepta cuando circunstancia externas pueden justificarla y aún así, mantiene frialdad, aunque se llega a enojar cuando algo lo amerita, prefiere dar mancha atrás y modificarlo. Accede a lo que le dice su esposa acerca de sus hábitos de trabajo, cediendo con miedo a hacerla enojar. Nuca tiene mucho interés en el sexo, pero se acomoda a su esposa cuando ella lo pide. Ella reconoce que es un buen hombre, no es amiguero, no fuma, no bebe, juega o ve a otra mujer. Ella dice: “si sólo fuera más ambicioso”.
Perfil diagnóstico
Aunque pensado como un profesional exitoso, este hombre es pasivo, e inhibido, viviendo como una vida muda, achicándose a la hora de tomar iniciativa. En términos de personalidad parece ser un carácter depresivo con rasgos masoquistas, en un nivel neurótico de severidad. Es difícil decir si predomina lo anaclítico o lo introyectivo. PDM Código P107.1 con rasgos de P112.1
P107. Trastornos depresivos de la personalidad
La investigación ha establecido la existencia de dos diferentes versiones de depresión sintomática: la introyectiva (previamente llamada melancólica), caracterizadaza por culpa, autocrítica y perfeccionismo; y la anaclítica caracterizada por vergüenza, reactividad a la pérdida y regresión y sentimientos de inadecuación y vacío. Cuando las dinámicas depresivas introyectivas permean la personalidad, el diagnóstico apropiado es Trastorno depresivo de la personalidad. Cuando las dinámicas son más anaclíticas, el clínico debe considerar otro diagnóstico como trastorno de personalidad dependiente o narcisista, basado en el la capacidad de la persona para relacionarse.
Los individuos con depresión introyectiva miran hacia dentro para encontrar la explicación a las experiencias dolorosas. Como los niños que son maltratados, rechazados o abandonados, y que creen que todo es por su culpa, en lugar de atribuir su sufrimiento a la negligencia, abuso o fragilidad de sus cuidadores.
Los individuos con depresión anaclítica se desorganizan notablemente en experiencias de pérdida y separación. Se sienten vacíos e incompletos, solos, desamparados y débiles.
Perfil de funcionamiento mental
Capacidad de Regulación, Atención y Aprendizaje.- La capacidad para la atención y aprendizaje permanecen intactas, lo que se manifiesta en el desempeño en su trabajo. Es en el área de la regulación donde él se inhibe a sí mismo y socava sus propios intereses. Se suprime los resentimientos cuando su esposa le reprocha su falta de ambición por miedo a alimentar la ira de ella.
Capacidad para relacionarse e intimar (incluyendo la, profundidad, rango y consistencia).- es capaz de relacionarse realmente con su esposa, sus hijos y el entrevistador, aunque de una manera pasiva y deferente. Cuando aconseja a sus colegas en asuntos profesionales, es amistoso y abierto, les inspira confianza por su competencia y responsabilidad. No permite que sus interacciones crezcan y se hagan más profundas, ni problemáticas, como podría dedicarse más a su esposa. Por o tanto aunque cálido, no es profundamente íntimo.
Cualidad de la experiencia interna (nivel de confianza y auto-confianza).- esta es ambigua. Cuando se encara a los problemas de otros, puede ser directo y decisivo, con los propios, es pasivo e indeciso, prefiriendo retirarse y aceptar, aparentemente sin enojo, la censura y su exasperación. Aunque sienta que esto internamente es difícil de decir piensa que sus conocimientos de que el escapa de cualquier responsabilidad fuera del miedo de acentuar el enojo de su esposa. No hay evidencia de alguna conciencia de la satisfacción pasivo-agresiva en frustrarla. Su auto confianza y auto consideración en un rol limitado en el trabajo parece mínima siendo optimistas.
Experiencia afectiva, expresión y comunicación.- él es pasivo, constreñido, y anhedónico, clínicamente no es depresivo. Siente que realmente no puede ser feliz. Sólo puede aguantar. Nunca expresa mucha ambición a hace esfuerzos para segur lo que tiene que hacer cuando lo promueven. Muestra poco interés en desarrollar una vida sexual gratificante, en vez de esto se acomoda a las iniciativas de su esposa.
Patrones defensivos y capacidades.- el estilo defensivo del paciente es evitativo. Excepto cuando se encarga de las necesidades profesionales de otros, se retira de un compromiso activo y le cuesta llegando a obsesionarse hasta el punto de la parálisis cuando se le demanda compromiso. Racionaliza e intelectualiza en servicio de la evitación.
Capacidad para formar representaciones internas.- parece que la evidencia de esto es mínima. Da pocas pistas acerca del precio interno que el siente que paga por ser cauto y no meterse. Parece contento de ir descubriendo en vez de ofrecerse a sí mismo. Sólo se refugia en fantasías de aventuras, como ser un explorador submarino o reconectarse románticamente con su verdadero amor, la que se fue.
Capacidad para
Capacidad de Auto-observación.- pensar a este hombre como inteligente y brillante, es psicológicamente mediocre. El comerse las uñas de forma crónica sugiere ansiedad, pero carece de sentir ansiedad o curiosidad acerca de sus discrepancias de carácter y en que hay una brecha entre sus capacidades y sus logros. Niega el enojo acerca de su vida inhibida vida y sus pocos logros. Más allá de la pasividad siento que con una terapia apropiada, su capacidad de auto-observación podría emerger.
Capacidad para construir y usar los Estándares e Ideales: Sentido de Moralidad.- esto es claramente un “buen hombre”, como su esposa aunque enojada lo admite. De hecho él irrita a los colegas por ser demasiado ético sugiriendo un grado medio de masoquismo moral. La impresión preliminar es que se guía por estándares rígidos internos que dan por resultado inhibición.
Resumen del perfil de funcionamiento mental
Este paciente parece tener limitaciones moderadas en el rango y flexibilidad esperados para su edad. Más allá de ser inhibido y anhedónico, manejando y aguantando su vida sin disfrutarla. Su objetivo parece ser afrontar y parece extraer cierto contento de hacerlo. PDM Código: M205
Patrones de síntomas
El paciente se queja de síntomas no específicos, de lo que se infiere que es una personalidad depresiva, pero sintomáticamente no es una depresión significativa ni ansiosa, y las evitaciones no son abiertamente fóbicas. En momentos podría considerarse medianamente deprimido. PDM Código: S304.1 (tentativo).
S304.1 Trastornos depresivos
La depresión con sólo se manifiesta con una tristeza extrema. El trastorno afecta tanto al cerebro como al cuerpo, incluyendo la cognición, la conducta, el sistema inmune y el sistema nervioso periférico. Más haya de un trastorno del humor, la depresión se considera un trastorno porque interfiere con el funcionamiento ordinario en el trabajo, la escuela, o las relaciones. A diferencia del duelo en el que se vive el mundo como malo y vacío, el depresivo localizan su sentido de vacío o maldad en el self.
La experiencia interna del Trastorno depresivo.- los patrones de la depresión anaclítica se asocian frecuentemente con la interrupción de la relación con el cuidador primario, y se caracteriza porque se presentan sentimientos de desesperanza, debilidad, inadecuación, miedo de ser abandonado, soledad y desamor, lucha por mantener el contacto físico con la necesidad de gratificase, deseos de ser calmado, ayudado, alimentado y protegido; dificultad para tolerar la demora, dificultad para expresar enojo y rabia (miedo de destruir al otro como fuente de satisfacción); valoración de los cuidadores solo por su capacidad de verse gratificado.
Los patrones de la depresión introyectiva, están caracterizados por la dureza, el castigo, autocrítica tormentosa, sentimientos de inferioridad, vacío y culpa, sentido de haber fallado de acuerdo a las expectativas y estándares, miedo a la pérdida de aceptación de los esfuerzos asertivos.
Los patrones cognitivos incluyen, la racionalización con convicción de culpa, fantasías de pérdida de aprobación, reconocimiento y amor, inhabilidad para tomar decisiones, baja autoconsideración, ideas suicidas, memoria afectada. Los pacientes con depresión anaclítica quizá estén preocupados con las formas de obtener cuidados de otros, los síntomas cognitivos de la depresión son más duros en la versión introyectiva. La intensidad de los pensamientos en la depresión, quizá se distorsionan por la misma. “Tormenta en el cerebro”.
Los estados somáticos incluyen: pérdida del deseo sexual, irritabilidad física, inquietud, dolor de cabeza, dolor de espalda, dolor muscular, palpitaciones, constipación tenue, sin que haya en todos estos síntomas patofisiología para estas quejas. Abuso de sustancias con el fin de reducir el malestar. Cambios en el apetito (ganar o perder peso). Fatiga, falta de energía, letargo (lentitud motora), algunas veces separado de la emoción. Presentan insomnio o duermen mucho.
Los patrones de relación se caracterizan por necesitar de forma insaciable, a veces con hostilidad. Sentimientos de no ser dignos de amor, tienden a aferrase, o apartarse, o pelean con la gente que antes tenían buena relación
Bibliografía
· PDM Task Force. (2006). Psychodynamic Diagnostic Manual.
· http://www.pdm1.org
La Familia frente al Suicidio
Autor: Larissa García de Alba
El suicidio es un tema complejo, que implica una serie de elementos que dan como resultado la presencia de la muerte. El impacto que genera, que un individuo decida acabar con su propia vida, deja una huella peculiar, dolorosa y obscura en muchas ocasiones, para los familiares que le sobreviven.
"Debemos entender al suicidio, como una forma peculiar de la muerte, que contiene tres elementos: el elemento de morir, el elemento de matar y el elemento de ser matado". (Menninger, 1933)
Entendiendo al suicidio como esta agresión dirigida hacia sí mismo, con la intención de acabar con las partes malas internalizadas del objeto En palabras de Freud y cito "la sombra del objeto cayó sobre el Yo", la parte odiada del objeto perdido sobrevive en el interior, junto con las partes buenas del mismo, y la lucha del depresivo es contra estos introyectos que no acepta pero que tampoco puede prescindir.
En el acto de quitarse la vida, ocurren reacciones que le dan fuerza y el empuje para consumarse, Maltsberger (2004), señala que "el quiebre suicida, requiere una doble atención, tanto a las fuerzas agresivas enlazadas por el superyó contra el Yo, así como la regresión del YO (desintegración del Yo) que le sigue".
Ahora bien, se ha señalado también la existencia de un patrón constante de depresión subyacente ligado al acto suicida, manifestándose a su vez, desesperación aguda como el componente afectivo más asociado al suicidio, con niveles altos de angustia, junto con una urgente necesidad de alivio inmediato; Por otro lado Ceglia citando a Hendin (2001) habla de constantes que se han observado, antes del acto suicida, lo cual involucra la presencia de una rabia intensa, ansiedad , sensación de abandono y desesperanza. En algunas ocasiones, es común encontrar eventos precipitantes de vida, que definen la sensación que les genera como un intolerable dolor mental.
Aquí el proceso de la introyección, juega un papel fundamental, es decir, el objeto de amor o de odio perdido, se puede retomar y retener por el proceso de la introyección, con el desplazamiento de las emociones, dirigidas al objeto original introyectado (es decir la imago de la persona dentro del sujeto). Por lo tanto, inconscientemente una persona odiada puede ser destruida, identificándose con esa persona, o mejor dicho identificando a esa persona con el self y destruyéndolo así.
El ataque, la agresión, acaba siendo tanto al objeto internalizado y a los objetos externos, en donde esto puede ser visto en las cartas de despedida para la familia. En donde se encuentra en la mayoría, la fantasía de acabar con el sufrimiento para sí mismo y para los otros. Sin embargo consciente o inconscientemente se sabe que una pérdida así para la familia suele ser de las cosas más dañinas y dolorosas que existen.
La huella que queda en la familia también será delimitada por varios elementos, comenzando por la edad y el rol que jugaba quien decide quitarse la vida, ya que puede ser un hijo o una madre; hay que recordar que este fenómeno no respeta edades, ni género, ni clases sociales; Melitta Schmideberg (1934)cita a Zilboorg señalando que el suicidio puede ocurrir en cualquier tipo de paciente clínico. Por otro lado, otro elemento delimitante será la forma, el cómo, el cuándo y el dónde ocurre el acto suicida, ya que aunque el resultado sea el mismo, hay circunstancias que pueden provocar mayor desgaste emocional, y dolor para la familia. Es decir, no es lo mismo encontrar a alguien que muere por una sobredosis, a encontrar a alguien que decidió quitarse la vida con una pistola; así también, el cuándo ocurra el suicidio será otro factor, por ejemplo, el que ocurra cerca de fechas o eventos especiales dejará una vivencia peculiar; es decir, la pérdida por el ser querido será dolorosa siempre, sin embargo puede llegar a ser mucho más desgarradora, dependiendo de las circunstancias en las que ocurra.
Es común que ha consecuencia de la presencia de la depresión en los pacientes suicidas, se dé un periodo de desinterés por el mundo externo, dejándose invadir por el conflicto y el dolor interno, esto más allá del aislamiento acaba siendo un elemento legible para los que lo rodean, impactando a la familia, sin embargo, esto muchas veces se niega. Es decir, ya habían registrado actitudes u hechos que anticipaban el acto suicida, lo que llevara a experimentar a la familia, fuerte cargas de culpa y dolor, por haber "dejado pasar lo que veían". Es común encontrar en los miembros de la familia que le sobreviven después del suicidio, sentimientos de abandono, rechazo, enojo, culpa, responsabilidad y vergüenza.
Las reacciones dependerán de una gran variedad de factores, como por ejemplo, el tipo de relación que se tenía con el que fallece, la naturaleza del suicidio, la edad que tenía, las redes de apoyo con las que cuentan los que sobreviven y también las creencias culturales y religiosas.
Sin embargo, el suicidio queda impregnado como un estigma en la familia, llegándose a vivir como un castigo o incluso una condena, que en la mayoría de las ocasiones busca esconderse como un secreto. Ya que puede convertirse incluso en un sello distintivo. El acto suicida, implica para la familia un nivel de enigma e incertidumbre (¿qué lo llevo a matarse?) esto aunque hayan quedado cartas para la familia, así como también la duda de la participación (¿cómo participaron en la planeación o en el acto suicida?) en donde se pueden encontrar fantasías plagadas de culpa, es en frases como, "si hubiera llegado antes", "si no lo hubiera dejado solo", "si le hubiera hecho caso", etc. Lo cual también es parte de la elaboración de la pérdida, ya que sin duda, el acto suicida deja muchas preguntas sin respuestas.
La pena y el luto permite a las familias recuperar eventualmente la adaptación, y la reorganización, es decir, recuperando así el control y estabilidad en sus vidas (Ceglia y Pfeffer, 1999). Sin embargo el proceso de la pérdida se puede, complicar por las circunstancias que rodean una muerte y por la psicopatología de la familia antes del evento. Ceglia y Pfeffer (1999), citando a Lundin, "en ciertos casos, tales como el suicidio, la experiencia de la pérdida, implica niveles agudos de tensión y un monto creciente de complejidad y dificultad para manejarlo".
Después de que una familia sufre el suicidio de uno de sus miembros, los rituales de luto pueden ofrecer un soporte social, sin embargo esto se puede ver afectado por las estigmatizaciones sociales. Muchas de las consecuencias que sufren los familiares del difunto son el aislamiento (distanciamiento de la sociedad). La pena, el rechazo y el aislamiento son aspectos que experimenta el familiar del difunto que vuelven el proceso de luto más complicado, que provoca el desarrollo de síntomas psicopatológicos. (Ceglia y Pfeffer, 1999).
En algunos casos, los familiares del difunto que conocen y están informados de la manera y la forma en que ocurrió el suicidio, suelen vivir la tortura del evento en recuerdos, memorias, y pensamientos (Ceglia y Pfeffer, citando a Pynoos, 1985), en un intento por elaborar el suceso.
Los familiares del difunto, suelen tener el registro real de lo que ocurrió en el acto suicida de su familiar, sin embargo, suelen encontrarse con la necesidad de evitar el tema o incluso falsificar las circunstancias del evento (McIntosh, 1999 citado por Ceglia y Pfeffer). Encontrando síntomas de depresión, ansiedad, estrés postraumático y un deficiente ajuste social, en los familiares sobrevivientes. El estrés postraumático en los familiares, puede causar manifestaciones largas y duraderas.
Melitta Schmideberg (1934), resalta la importancia que también tiene la parte libidinal, no solamente la agresiva en el acto suicida. Ya que el suicidio es un escape de la parte real o fantaseada del peligro de vida, por llegar a un feliz, seguro y grandioso sueño después de la muerte. Recalcando que todo aquel que piensa en el suicidio, es con la idea y la esperanza de la felicidad, el bienestar o el descanso después de la muerte. Sin olvidar, que la muerte en el suicidio es el castigo por haber deseado la muerte del objeto.
Por lo tanto, el acto suicida implica la fantasía del deseo de escapar del sufrimiento, así como el deseo de venganza y castigo para los que le rodean, con la intención de conmover e inquirir sobre sus afectos ("me van a extrañar cuando ya no esté aquí"), como también la fantasía de reunión con el objeto amado perdido; así como también el deseo de liberación.
Se habla de una tendencia hereditaria en el acto suicida, incluso se ha llegado a reportar diversos suicidios reincidentes en familias con esta historia. Eva Kohut (2004), menciona que aunque no existe evidencia científica de que el impulso suicida se herede, existe evidencia psicoanalítica que demuestra e intenta explicar el por qué de los casos repetitivos de suicidios en las familias. Superficialmente está el elemento de la sugestión. Pero explica, que mucho más profundo, está el hecho inconsciente del deseo de muerte que alcanza en su desarrollo los niveles más altos, en los miembros de la familia; y cuando un miembro de la familia muere o se suicida, los deseos de muerte están inesperada y sorprendentemente gratificados. Esto repentinamente produce una insoportable ola de sentimiento de culpa, el cual remplaza el deseo de muerte que había sido gratificado. Ésta ola puede ser tan grande y tan insoportable, que se hará lo que sea necesario, por la culpa y se buscará el ser castigado, con la muerte.
A veces para los sobrevivientes, no les es posible integrar este evento terrorífico a sus vidas, por lo que queda encapsulado en los recuerdos de la memoria que no se habla y casi siempre no se pronuncian; lo eventos traumáticos se transmiten predominantemente de forma inconsciente por la vía espontánea o por la expresión de emociones.
Bibliografía
Delirio de dos - Folie a Deux
Autor: Sarah Cross Lee
En el fenómeno conocido como delirio de dos o folie a deux existe una especie de infección de un sistema delirante que pasa de una persona aparentemente enferma a una que parece sana (esto por supuesto que visto de fuera). La segunda persona asimila esta serie de ideas a su propia conciencia como si fueran propias. (Deutch, Helen; 1938).
Oberndorf en 1934 define a la folie duex como una serie de situaciones psicóticas que involucran a dos personas. La primera persona contagia a la segunda con sus ideas paranoides, episodios maníacos y depresiones. En la mayoría de los casos si la segunda persona es separada de la primera sus síntomas desaparecen.
En la teoría psicoanalítica tenemos claro que la primera realidad del niño es el inconsciente materno. En un inicio la madre y el bebe son uno. Al nacer el infante no solo es completamente dependiente de la madre para su supervivencia fisiológica sino también para la psíquica. Necesita de esta para que metabolise sus angustias e impulsos y esta le va a permitir o prohibir las bases de su inconsciente. Del proceso de separación individuación, esencial en el Ser-en-el-mundo del individuo es importante subrayar la debilitación de la relación simbiótica con la madre, debida a la penetración de esta simbiósis por el padre y la función paterna, función que "abre" la relación Objetal primitiva a una triangulación positiva o abierta. Lo cotnrario, la triangulación negativa o cerrada, es decir la eliminación del padre y la función paterna de la relación Objetal, es lo que define a la Folie a Deux como tal. (Simo, Joseph; 1992). Si el bebe no aprende a permitir la entrada de un tercero en sus relaciones no solo va a confundir lo que esta adentro de lo que esta afuera sino que lo que es del otro y lo que es propio.
En 1860 el Doctor Baillarger documento la admisión en el hospital de dos miembros de una misma familia sufriendo delirios muy similiares. En 1877, Laseque y Falret introdujeron el término "folie a duex" en el léxico psiquiatrico. En la psiquiatría ya se había usado el termino folie (delirio) en estados psicóticos (folie circulaire) al referirse a estados maniaco-depresivos así como neuroticos (folie du doute) para la neurosis obsesiva.
Gralnik (1942) señalo la preponderancia de la Folie a Deux en individuos que vivían en contacto íntimo durante mucho tiempo. De las 103 parejas que presentaban una estructura paranoica similar: 40 eran hermanas, 26 eran marido y mujer, 24 madre e hijo(a), 11 eran hermanos, 6 hermano y hermana y 2 padre e hijo(a). También señalo la relación de dominio y sumision que caracteriza a estas parejas, incluso en los casos en que esta relación es totalmente inconsciente. Este tipo de relación resulta en el establecimiento de una organización paranoica, en la que ambos miembros participan, y cuya funcion es la restitución de objetos perdidos. Esta idea fue originalmente presentada por Deutch en 1938. Describio la formación del sistema delirante en el miembro dependiente de la folie a deux, como una tentativa radical de recuperar a un Objeto perdido, por medio de la identificación con el sistema delirante que caracteriza a este Objeto. Subraya la importancia de que este miembro dependiente no acepta nada que no sea ya conocido por su yo. Aquí entra la importancia de la identificación en estas parejas delirantes (del cual hablare mas adelante). Lo que busca realmente es darle al primero una comprobación de la realidad que el delirio es real y por lo tanto salvar la psique de este.
En muchos casos se habla de cómo esta pareja se separa del mundo y tienen una vida sin terceros. Deutsch a diferencia de otros no plantea esto como un espacio que permite la creación de la folie a deux sino la expresión anterior de una relación simbiótica que va encaminado a la infección del sistema delirante.
La identificación es un proceso natural y normal en el desarrollo. Pasa con todos los miembros de una familia a menor o mayor grado. El niño al buscar su propia personalidad busca incorporar elementos de sus Objetos primarios así como objetos llamados correctivos (maestros, amigos). Lo que se desvía en los casos de folie a deux es que la identificación se convierte en un mecanismo hipertrofiado y único con una sola persona dentro de una relación simbiótica. Pero la identificación con los objetos internos de la pareja es pre-requisito de la creación de un sistema delirante común y por esto es que no vemos que en instituciones psiquiatricas los pacientes compartan sus síntomas con los que los rodean.
Joseph Simo en 1992 propone una forma especifica de folie a deux llamada Síndrome de Salomé. Nos refiere al fracaso en el proceso de separación individuación. Un fracaso en la creación de un espacio mental heterogéneo. Fracaso que es debido, en gran parte, a conflictos no resueltos tanto en el inconsciente materno como en el paterno, conflictos que facilitan la solidificación de procesos delirante en el inconsciente del bebé. El odio materno al sexo y el genital paternos (compartido, hasta cierto punto, por el propio padre), se extiende también al producto de ese genital: el niño. Este(a) es percibido esencialmente como contenedor de las emociones negativas por la madre; como objetivo de su agresión no metabolizada y como arma parricida en la lucha interna de la madre contra el genital de los hombres que la hirieron y la abandonaron. Lucha internalizada por el niño. Este odio no metabolizado de la madre e internalizado por el niño, formara el "eje traumático" alrededor del cual tanto la identidad como las relaciones Objetales del niño van a estructurarse. (Simo, 1992)
Un caso famoso de un deliro de dos es descrita en la película "Criaturas Celestiales" de Peter Jackson. Este caso llevo a la muerte de la madre de una de las afectadas. Otro caso famoso de esto es el de las Hermanas Papan descrita por Lacan. Como psicoanalistas no veríamos a la pareja pero así como en todos los casos psicosis debemos poner especial atención en ayudar al paciente a separar lo que es de el y lo que no lo es. ¿Será que el delirio es aceptado y cargado pero no propio? Por otro lado es importante en todos los casos de niños pequeños ayudarlos a separarse de sus madres, de individuarse y de identificarse sin crear una relación simbiótica. Pero a veces dejamos de lado que el mundo del niño siempre es su madre y toma los síntomas de esta de forma regular para buscar "curarla" y esta puede traer su hijo a tratamiento ya que él es el "enfermo". Dinámicas comunes que es importante medir todas las consecuencias.
Bibliografía
El complejo Fraterno
Autor: Ximena Moreira Parra
Introducción